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Superviviente de abusos tiene un mensaje para otros: no estás solo

DAWN EDEN
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Escritora, conversa y superviviente habla de lo que espera de Francisco y de por qué confía en la Iglesia

Si eres un hombre o una mujer que sufriste abusos sexuales en tu infancia, Dawn Eden Goldstein quiere “que sepas que no estás solo, no te han olvidado, tienes más amigos de los que imaginas en el paraíso”.

Es lo que afirma Goldstein, profesora adjunta y directora de un curso universitario en línea de Teología, en su libro My Peace I Give You: Healing Sexual Wounds with the Help of the Saints [Mi paz os doy: curando las heridas sexuales con ayuda de los santos].

Goldstein, que también padeció abusos siendo niña y es conversa al catolicismo, habla en una entrevista sobre la actual crisis en la Iglesia, sobre preguntas que ha estado planteando y recursos que ha estado compartiendo. Lo reproducido a continuación son extractos de un intercambio más largo de correos electrónicos.

– ¿Cómo diantres terminaste entrando en la Iglesia católica durante la última serie de escándalos de abusos?

Dawn Eden Goldstein: Me crie en un hogar judío reformista, pero caí en el agnosticismo al final de mi adolescencia y me hice historiadora de música rock en la Ciudad de Nueva York. En 1999, encontré el amor de Jesucristo y me hice cristiana sin denominación.

Aunque esperaba encontrar una Iglesia donde pudiera tener una comunidad, mi intención era ser cualquier cosa menos católica. Mi percepción de la Iglesia católica estaba influida por cristianos cercanos a mí que me dijeron que muchas doctrinas católicas, en particular las relativas a la Eucaristía y la devoción a los santos, “no respetan la Biblia”.

Los escándalos que saltaron en 2002 al principio me reafirmaron en mí una actitud contraria a la Iglesia. Por entonces, todavía no me percibía a mí misma como superviviente de abusos sexuales infantiles, aunque lo era. Sabía que habían abusado de mí de niña pero, como muchas víctimas, sufría un sentimiento de culpa que no me correspondía: creía que de alguna forma yo había sido la causante de la violación. Sin embargo, mis propios recuerdos dolorosos me hacían especialmente sensible a las historias que estaban surgiendo en relación a sacerdotes que abusaban de niños.

Recuerdo el momento en que empecé a cambiar de opinión sobre el catolicismo. Fue en una reunión de la Sociedad de G.K. Chesterton de Ciudad de Nueva York. No sé cómo, la conversación llevó a los escándalos e hice un comentario sarcástico sobre que los católicos no daban crédito a los informes de abusos que estaban inundando entonces los medios de comunicación.

Para mi sorpresa, los católicos allí presentes respondieron que estaban enfadados por los abusos, enfadados porque sus propios sacerdotes perpetraran semejantes actos despreciables y criminales, en su propia Iglesia. En absoluto querían que se encubrieran los abusos, como yo había dado por sentado. Más bien querían que todo saliera a la luz para que los miembros abusadores del clero pudieran ser llevados ante la justicia y la Iglesia pudiera ser purificada.

Fue entonces, al ver a aquellos católicos normales y corrientes furiosos por los abusos del clero, cuando empecé a plantearme seriamente a la Iglesia católica como depositaria de la fe verdadera. Entré en plena comunión con la Iglesia en 2006 y nunca miré atrás.

– ¿Por qué decides no marcharte, ni siquiera ahora?

Goldstein: No puedo abandonar la Iglesia católica porque sé demasiado.

Ahora sé que Jesús dio a la Iglesia la Eucaristía. Sí, los ortodoxos también la tienen, pero solamente la tienen porque conservaron la sucesión apostólica que pertenece propiamente a la Iglesia católica, liderada por el Sucesor de Pedro.

Ahora sé que mis pecados son perdonados real y verdaderamente cuando Jesús me absuelve a través del ministerio de un sacerdote católico.

Y, sobre todo, ahora sé que la Iglesia católica es donde Jesús me concede esa curación constante que tanto anhelo. Y es la zona de impacto de la tribulación descrita en la Sagrada Escritura, como puede verse por los implacables esfuerzos del diablo en corromper sus obispos, sacerdotes, religiosos y laicos fieles.

– Hace mucho que eres fan del papa Francisco. ¿Qué esperas escuchar y ver de él?

Goldstein: Espero ver a Francisco hablar por fin sobre las acusaciones del arzobispo Viganò, una vez los periodistas han hecho su trabajo, como él pidió que hicieran. Ayudaría a la investigación si también permitiera comentarios del cardenal Marc Ouellet [prefecto de la Congregación para los Obispos] y de otros.

En definitiva, espero que Francisco guíe a la Conferencia episcopal de EE.UU. en su esfuerzo para reformar las estructuras institucionales y así prevenir los abusos y los encubrimientos y para que ofrezca recursos a los seminaristas que han sido acosados o abusados. Los obispos han demostrado ser incapaces de supervisarse a sí mismos. Necesitamos más control y vigilancia en el sistema para que los seminaristas y los fieles en general estén a salvo.

– ¿Hay algo que puedan hacer los católicos que no son cardenales y obispos para ayudar a las víctimas de abuso sexual por sacerdotes?

Goldstein: Sí. Pueden escuchar a las víctimas, dar la cara por ellas e insistir en que sus abusadores sean expulsados de su ministerio y sometidos a un procesamiento penal. También pueden rezar por las víctimas y ayudarles a recibir la ayuda que necesiten para encontrar curación. En mi libro, escribo que los supervivientes de abusos deberían recibir ayuda tanto espiritual como psicológica y también entro en detalles sobre la naturaleza de sus necesidades espirituales.

– Escribes sobre santos y curación después de un abuso sexual. ¿Cómo puede ser práctico eso, recibir ayuda de personas muertas, muchas de los cuales, si no la mayoría, vivieron hace siglos?

Goldstein: Solamente puedo hablar desde mi propia experiencia. Mi curación vino en parte a través del aprendizaje de que había personas que la Iglesia había declarado que están en el Paraíso y que habían sufrido heridas como las mías. Personas como la beata Laura Vicuña, que fue maltratada por el violento amante de su madre, que vivía con ellas. Las experiencias de los santos que fueron abusados muestran a los supervivientes, como yo misma, que no tenemos culpa de nuestros abusos y que nuestros sufrimientos no nos hacen ser peores a los ojos de Dios. Al contrario, según señaló Juan Pablo II, Jesucristo se identifica con los niños que sufren.

– La gente está enfadada y asqueada y ha perdido la paciencia, y con razón. ¿Cómo pueden usar ese sentimiento para el bien?

Goldstein: Los católicos tienen que mostrar al mundo que están furiosos con cualquier forma de abuso infantil, muy especialmente con la que cometen representantes de la Iglesia. Ese es el tipo de testimonio que tenemos que dar, una furia recta y justificada canalizada hacia la purificación y la reforma.

– ¿Quién podría ser un santo patrón apropiado para este momento?

Goldstein: Necesitamos oraciones de todos los santos, pero creo que san Ponciano y san Hipólito —Papa y antipapa— son los más apropiados para estos momentos.

A principios del siglo III, el sacerdote Hipólito, con mentalidad reformista, tenía derecho a exigir pureza en la Iglesia, pero se equivocó al intentar conseguirla atacando la autoridad del Papa. Condujo a los cristianos a un cisma contra el papa Ponciano. Por fortuna, terminó encontrando la redención en su reconciliación con la Iglesia y su santa muerte junto con Ponciano. Confío y rezo para que todos los que se sientan tentados a abandonar en este tiempo tan difícil sigan el ejemplo de Hipólito, que al final reconoció que no encontraría la salvación fuera de la barca de Pedro.

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