Aleteia

América Latina, ¿campo fértil para el terrorismo?

BRAZIL
Tânia Rêgo/Agência Brasil
Comparte

Retrocede la guerrilla y crece el narcoterrorismo

En América Latina, según un estudio realizado durante 1979 por la Agencia Central de Inteligencia, CIA, existían 78 grupos políticos «terroristas». También concluían que nuestro continente es «el campo más fértil» para este tipo de asociaciones.

Hoy, mientras los países con gobiernos democráticos bregan para reducir la actividad guerrillera, existe la certeza de que las dictaduras, particularmente las que orbitan alrededor de Cuba y el llamado “socialismo del siglo XXI” promovido por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro, de acuerdo a investigaciones y múltiples denuncias, no sólo cobijan y protegen sino que financian el terrorismo y el narcotráfico, una dupleta letal.

En Latinoamérica – hay que hacer el marco- el terrorismo tiene múltiples manifestaciones. La versión clásica es la originada en el marxismo de los años sesenta e impulsada por la Revolución Cubana. Las FARC y el ELN en Colombia son los exponentes más importantes. También se encuentra el narco-terrorismo, que tiene en el proceso mexicano su manifestación más evidente.

Y figura, igualmente,  la vertiente local del terrorismo fundamentalista internacional, que ha tenido en los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA en Argentina sus acciones más resonantes, “y tiene como factores de impulso la presencia de grupos de apoyo en la región de la Triple Frontera -un posible foco de propagación- entre este país, Brasil y Paraguay además de la influencia de Irán”, según ha referido el sociólogo e historiador argentino Rosendo Fraga. Justo es esa Triple Frontera la que hoy está en el foco de atención.

La guerrilla clásica – señala- está en retroceso pero el narcoterrorismo está en ascenso. Su ventaja, por el contrario, es la falta de ideología, que le permite negociar con cualquier tipo de poder. En cuanto al terrorismo fundamentalista, no tiene en la región la base social que tiene en los países de Medio Oriente y en los países musulmanes de África.

 

ELN
Twitter @ELN_RANPAL_COL

 

Por otra parte, los países latinoamericanos no tienen un rol importante en el conflicto de Medio Oriente, pero eso cambió con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela cuando comenzó a involucrar al país en esos conflictos, totalmente ajenos y extraños, los cuales fueron permeando hacia países vecinos a través de la “exportación” de su revolución.

Entre finales de 2016 y mediados de 2017, Venezuela estuvo en el centro de una polémica internacional, luego de que la cadena CNN, destapara una investigación en la que se demostraba que nativos iraquíes estaban recibiendo pasaportes y documentación venezolana legal pese a no tener ningún vínculo con el país.

Ya para 2006, Estados Unidos tenía en la mira al Gobierno venezolano por sus presuntas conexiones con grupos extremistas islámicos, puesto que serían sus integrantes quienes estarían recibiendo la documentación legal, según se leyó en un documento ampliamente divulgado y emitido en febrero pasado, en el que Misael López, exconsejero de la embajada de Venezuela en Irak, dio su testimonio.

Pocos meses después, otro exfuncionario venezolano, ofreció una exclusiva a El Nuevo Herald  de Miami en la que confirmó la versión de López y detalló que no solo los iraquíes habrían recibido la documentación venezolana, sino también sirios y otros nacidos en el Medio Oriente. La información fue ofrecida por el coronel Vladimir Medrano, exdirectivo del Saime * asilado en Estados Unidos, quien reveló que alrededor de 25.000 personas bajo estas características ingresaron a Venezuela entre 2008 y 2009, año en el que estuvo a cargo del ente y en el que denunció la irregularidad, por la cual, finalmente fue destituido.

Una dictadura como la venezolana, con semejantes nexos y compromisos, inexorablemente termina situada en el centro de un conflicto internacional cada día más espinoso.  Especialmente si maneja una chequera petrolera. El Foro de Sao Paulo, al cual adscriben los gobiernos de Chávez y Maduro, tenía como uno de sus objetivos inmediatos provocar la desestabilización de los gobiernos democráticos en América Latina a fin de tomar el poder. Sus aliados son países como Irán del cual recordamos su estrecha conexión con el desaparecido mandatario venezolano.

 

En febrero de 2017, el vicepresidente de Venezuela, Tareck El Aissami, fue incluido en la lista del Departamento del Tesoro por, presuntamente, jugar un papel significativo en el tráfico internacional de droga. Este poderoso funcionario venezolano ha sido designado por la administración del presidente Donald Trump como un narcotraficante prominente que ha utilizado empresas de mampara y testaferros para concretar el lavado de activos provenientes del narcotráfico, según lo confirmó un comunicado oficial del Departamento del Tesoro.

De inmediato, el senador republicano Marco Rubio llevó al Senado de Estados Unidos la investigación especial “Pasaportes en la Sombra” que CNN y CNN en Español realizaron durante un año sobre las presuntas irregularidades en la emisión de visas y pasaportes venezolanos, que estarían llegando a manos de personas vinculadas con el terrorismo.

 

© Gage Skidmore CC

 

Tareck Zaidan El Aissami se convirtió en figura de interés para Estados Unidos cuando investigadores y analistas descubrieron que Samark López, uno de sus presuntos testaferros, utilizaba el sistema financiero estadounidense para el lavado de dinero, según filtró una fuente del Departamento del Tesoro que prefirió no ser identificada.

Entre los países «más prolíficos» en grupos calificados como terroristas figuraban, por orden numérico para 1979, Argentina, con 15 grupos.  Colombia con 13. Ocho en El Salvador y México, siete en Guatemala, cinco en Brasil y Uruguay. Tres  en Chile y dos en Bolivia y Paraguay.

A partir de ese año, investigaciones sobre el mandato de Hugo Chávez, apuntan a que este mantenía relaciones con personeros del autodenominado Estado Islámico.

 

© LEO RAMIREZ
El presidente Hugo Chávez, presidente de Venezuela, en una imagen de archivo

 

Últimamente –marzo de 2018- el libro “Hugo Chávez, el espectro“,  del periodista brasileño Leonardo Coutinho, ha sido un golpe en el plexo solar para estos regímenes. Basado en miles de documentos y entrevistas en más de diez países, el escrito conecta la carrera del fallecido presidente con polémicos temas, como la  explosión de la “violencia en Centroamérica y México, hasta el financiamiento de organizaciones terroristas como el grupo Estado Islámico“.

Coutinho es conocido en Brasil por las múltiples investigaciones que sacó a la luz, en las que dio cuenta de la presencia de los extremistas islámicos en su país, así como sobre la relación de los gobiernos bolivarianos de la región vinculados con este tema. Asimismo, fue corresponsal de la revista “Veja” en la Amazonia brasilera, desde donde inició sus investigaciones sobre las redes criminales y sus conexiones políticas con los gobiernos latinoamericanos.

Con el reciente arresto por la policía de Brasil, en la Triple Frontera, de Assad Ahmad Barakat, «tesorero» del grupo radical Hezbolá y uno de los hombres más buscados por Estados Unidos, el tema está en foco de nuevo. De origen libanés y con nacionalidad paraguaya, es acusado por la policía de Argentina de haber lavado US$10 millones en nombre de Hezbolá en un casino de la zona de las cataratas de Iguazú.

La presencia terrorista en América Latina es hoy un hecho y las solidaridades automáticas entre países señalados incrementan las certezas. Gobiernos encubridores, que dificultan el acceso a la información, no han conseguido, no obstante, ocultar los hechos. Esas solidaridades entre la Bolivia de Evo, la Nicaragua de Ortega, el Brasil de Roussef, el Ecuador de Correa -al menos en su primera etapa- la Venezuela de Chávez y Maduro y sus correspondientes en Irán y otros países asiáticos, de similares filiaciones políticas e ideológicas y comunes intereses, no solo son obvias sino a veces desfachatadas.

 

A pocos analistas les cabe la duda de que utilizan el socialismo del siglo XXI como “base de operaciones”. Actualmente, con la crisis del éxodo -la más grave que se conozca en Iberoamérica- y el descontrol que ella implica dada la poca capacidad de respuesta de los países ante un fenómeno inedito, se corre el riesgo de que estas filtraciones y penetraciones en naciones fronterizas se incrementen.

Si bien es cierto que la mejor forma de combatir las tres vertientes con que actúa el terrorismo en América Latina es fortalecer el Estado en todas sus dimensiones, tampoco podemos olvidar que las crisis estimulan y camuflan estas actividades. Y, en estos precisos momentos, hay una peligrosa crisis institucional en Brasil, una económica en Argentina y una política y social en la explosiva Venezuela. Europa, Estados Unidos y Canadá las siguen con evidente y comprensible angustia.

* SAIME: Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería de Venezuela

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.