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Jean Vanier: “El mundo está al revés, el Evangelio es el mundo al derecho”

JEAN VANIE
Domitille Farret d'Astiès | ALETEIA
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Con motivo de su 90 cumpleaños, Aleteia se reunió con Jean Vanier, filósofo, escritor y reconocido humanista canadiense. En el salón de su pequeña casa de Trosly-Breuil (Francia), el nonagenario de brillantes ojos y fundador de las comunidades de El Arca y de Fe y Luz, nos habla con sinceridad, sencillez, evocando sus alegrías y esperanzas

Aleteia: Buen día, señor Vanier. Cumple usted hoy 90 años. ¿Qué balance hace de estos últimos años pasados?

Jean Vanier: Cuando cumplí 75 años, dejé de formar parte de la junta directiva internacional de El Arca. Pero seguí aceptando conferencias en todo el mundo. Luego, hacia los 83 años, me di cuenta de que ya no tenía fuerzas para viajar. El pasado octubre, sufrí un ataque al corazón.

Hoy, mi vida es estupenda. Por la mañana, rezo y leo. Como en mi casa dos veces por semana y camino 40 minutos al día.

La vida pasa muy rápido. Este ataque al corazón fue un shock… pero beneficioso. Tengo que tener cuidado ahora porque soy más frágil. Pero creo que mi cabeza no funciona tan mal. Y sé que este debilitamiento continuará, me guste o no.

¿Eso no le inquieta?

Mi principio es que, hoy, ya no tengo futuro, pero soy feliz en el momento presente. En todo momento. Eso no me preocupa.

Tal vez el día que esté completamente indefenso físicamente, me resulte difícil. Ahora mismo, tengo mucha suerte. Creo que a nuestras comunidades de El Arca les va bien.

JEAN VANIE
Domitille Farret d'Astiès | ALETEIA
La casa de Jean Vanier en la calle Rue d'Orléans, en Trosly Breuil.

¿En qué momento se dio cuenta por primera vez de que la fragilidad era esencial?

Creo que el verdadero sentido de la fragilidad vino cuando empecé la aventura de El Arca con Raphaël y Philippe. Raphaël tenía meningitis y no hablaba. Philippe tenía encefalitis y una pierna paralizada… y hablaba demasiado.

Era todo un mundo de fragilidades… ¡Pero estábamos tan contentos! La alegría  de los dos me llevó a encontrar mi alegría.

Veo dos cosas ahí. En primer lugar, supieron sacar el niño que hay en mí. Nos divertimos, reímos, festejamos.

Luego, con ellos, encontré un hogar, un lugar donde me sentía bien y donde quería quedarme. Raphaël y Philippe me necesitaban y yo los necesitaba a ellos, su alegría y su manera de ser.

La esencia es ser amado. Si visitas regularmente a una persona sola, entonces, para ella, te conviertes en el Mesías.

La relación es el lugar de la felicidad. Pero a veces el sufrimiento físico es demasiado grande. No debemos fingir que todo es fácil. La fragilidad necesita ser amada.

¿La fragilidad puede salvar el mundo?

La fragilidad está ahí, en el corazón del mundo. A veces se traduce en miedo, en inseguridad. A veces encontramos fragilidades que son aterradoras.

Algunas personas rechazan cualquier forma de relación y no sabemos cómo llegar a ellas. Hacen falta personas que sepan cómo acercarse.

Durante un viaje a Calcuta, me presentaron a un enfermo mental; gritaba todo el tiempo. Las enfermeras se escondían un poco de él. Con mi poca experiencia, me acerqué a él con las manos abiertas [Vanier abre las manos]. Entonces vino y puso sus dos manos en las mías.

Podemos ver esto con la mujer samaritana. Jesús la conmovió porque la necesitaba. Cuando puedes empezar una relación necesitando al otro, el otro cambia.

Si Jesús hubiera empezado a predicar, ella habría huido. Pero fue a ella humildemente diciendo: “Te necesito”.

Hoy se habla mucho de cambio climático, de los debates sobre la eutanasia… ¿Cree usted que todo está patas arriba?

Sí, muchas cosas van mal. Lo que podemos hacer frente a esto es ser nosotros mismos. Al ser tú mismo, te conviertes en un modelo a seguir. Y la única forma de ser tú mismo es ser muy humano.

Puede haber momentos en que estemos deprimidos. Eso es parte de nuestra realidad. Pero lo importante es que cada uno de nosotros se mantenga en pie, feliz y capaz de guiar a los demás.

Me sorprende el hecho de que cada vez hay más personas que hacen pequeñas cosas: se preocupan por cultivar sus jardines, por tratar de ser lo más humanos posible.

Cuidar su jardín, gastar menos electricidad, crear un lugar de amor en su familia… Para mejorar un poco el planeta, todas estas pequeñas cosas que puedes hacer tú mismo son importantes. Cada uno puede hacer su parte.

Tenemos al papa Francisco, que es extraordinario. Tiene una belleza, una claridad… Él opina que la Iglesia debe moverse. Creo que es muy bonito. Él sabe que son los más pobres los que nos devuelven a lo esencial, que es amar.

Cuando hay un trastorno general, ¿puede surgir algo bueno de ello?

Eso espero. La verdad vendrá como una pequeña corriente de agua que crecerá gradualmente. Veo que la gente se reúne para ayudar a los refugiados o a la gente de la calle, o se pone al servicio de un movimiento ecológico.

Hoy en día se percibe un movimiento. En El Arca, siempre hay gente joven que viene. Hemos tenido ayudantes maravillosos.

Siento que hay un deseo de ayudar. Antes, solíamos servir café a los pobres. Ahora, en algunas parroquias, se instalan mesas y la gente de la calle se encarga del servicio. Incluso si la gente tiene miedo, vemos que hay movimiento.

© Domitille Farret d'Astiès I Aleteia
“Lazare”, el nombre de la casa de Jean Vanier. Un nombre, Lázaro, que nos recuerda al amigo de Jesús a quien resucitó de entre los muertos, o al pobre hombre cubierto de úlceras “llevado por los ángeles al seno de Abraham”.

¿No tiene usted miedo de ser santo?

No me interesa la santidad. Lo único que me interesa es ser amigo de Jesús [guarda un momento de silencio]. Quiero estar con Él en algún lugar, no sé dónde.

Jesús es pobre, humilde. Deseo estar con él en la pobreza. Siempre en la pobreza. Es lo único que quiero.

El secreto está siempre en el descenso, no en el ascenso. Está en aceptar que eres frágil. No siempre somos lo que nos gustaría ser, ni siquiera con Jesús. Siempre necesitamos un Jesús que nos alcance cuando nos alejemos. Es extraordinario en su capacidad de amar.

El mayor peligro hoy en día es el fenómeno de la necesidad de éxito, que comienza en las escuelas. Hay un problema de lucha entre el éxito y la aceptación de quien eres, con tu propia misión.

Vemos una especie de contradicción entre la sociedad y la vida cristiana. Jesús, que es tan humilde y tan pequeño. El mundo está al revés. El Evangelio es el mundo al derecho. Es una revolución copernicana.

¿Cuál es el secreto para tener éxito en la vida?

Confía en ti mismo y escucha la pequeña voz en tu corazón. ¿Qué estás buscando en lo más hondo de tu interior? Escucha lo que yo llamo la pequeña voz interior. Ama la realidad y no te la imagines.

¿Su consigna para los próximos 10 años?

Ser feliz en todo momento.

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