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China envejece rápidamente, ¿qué consecuencias tendrá esto para el mundo?

KACHIN CHRISTIANS
Zau Ring HPARA | AFP
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El fenómeno constituye un reto para el sistema de pensiones de Pekín

Siempre impresionan las fotos que muestran la tasa de contaminación del aire en algunas metrópolis chinas (o en otros lugares del mundo), con un cielo “gris gris” y una densa capa de smog que lo envuelve todo, efecto de concentraciones demasiado elevadas de polvo tóxico.

Aunque la situación ha mejorado en los últimos años, los niveles son aún superiores a los límites establecidos por la Organización Mundial del al Salud (OMS o WHO, del inglés World Health Organization). En Hong Kong, hace algunos años, incluso se han instalado grandes carteles o pantallas, con los panoramas más famosos de la ciudad, fotografiados rigurosamente con el cielo azul.

A las autoridades chinas les preocupa sin embargo otro gris, es decir, el de los cabellos de un número en continuo aumento de sus ciudadanos. El país más populoso del mundo — China cuenta hoy con unos 1.400 millones de habitantes — debe de hecho vérsela con una curva demográfica cada vez más desfavorable, fruto del envejecimiento de su población.

Algunos datos

Como explica el sitio Business Standard en un artículo publicado el 20 de agosto, casi un quinto de la población china, o sea el 17,3%, unos 241 millones de ciudadanos, han alcanzado o superado ya el umbral de los 60 años, según el Ministerio de Asuntos Civiles en Pekín.

Más preocupante aún es el hecho de que en el transcurso de las próximas décadas la población de China seguirá envejeciendo. Según las estimaciones de la Comisión de Trabajo Nacional sobre el Envejecimiento (National Working Commission on Aging) [1], este número está destinado a subir a 487 millones de ciudadanos, el 34,9% de la población, para 2050.

Todo esto significa y confirma que China pertenece ya al grupo de países definidos Ageing society (un término más correcto sería Ageing population). Como recuerda el Business Standard, se habla de Ageing society cuando la cuota de habitantes de la franja de edad de 60 años hacia arriba alcanza o supera en una nación o región el 10% de la población total.

Varias causas

Entre las causas de este envejecimiento destaca en primer lugar un aumento significativo de la esperanza de vida de la población china. Según los datos del Banco Mundial, ha subido de 66 años en 1979 a más de 76 años en 2017, por efecto del progreso de la ciencia médica en general y de la mejora de la asistencia médica en este enorme país, a su vez fruto del desarrollo económico de China.

Un segundo elemento de explicación son las consecuencias de la “política del hijo único” o One Child Policy, introducida a finales de los 70 del siglo XX por Deng Xiaoping con el objetivo de frenar el aumento de la población china. Esta decisión no sólo ha contribuido a frenar el crecimiento demográfico de China — la población había aumentado vertiginosamente de 540 millones en 1949 a 970 millones en 1979 — pero que ha provocado también un desequilibrio entre los sexos.

Igual que las parejas indias, también los chinos prefieren tener hijos varones, y tienden a eliminar los embriones del sexo “equivocado”, las niñas. Según las estimaciones de los demógrafos John Bongaarts y Christophe Guilmoto, faltan en el país más de 60 millones de mujeres y niñas, recuerda el Economist. Mientras que el Global Gender Ratio Rate es de 101 varones por cada 100 mujeres, en China hoy hay 106 varones por cada 100 mujeres.

Este cuadro explica por qué Pekín decidió abolir en 2015 la One Child Policy, sustituyéndola en 2016 con una política llamada “de los dos hijos”. Pero a pesar de un aumento de nacimientos en 2016, estos han bajado de nuevo en 2017 un 3,5% respecto al año anterior, es decir, de 18,5 millones a 17,2 millones (un descenso de 1,3 millones), explica el South China Morning Post. Sobre el número de nacimientos pesan factores como los llamados costes directos de mantenimiento y crianza de un hijo, que resultan muy elevados en las grandes ciudades, y también el temor de las mujeres por su propia carrera, explica Matthias Stepan en el Neue Zürcher Zeitung.

Los retos de las pensiones

El envejecimiento de la población constituye también un quebradero de cabeza para la caja del Estado. De hecho, según revelan los últimos datos hechos públicos por el Ministerio de Finanzas, en 2016 el coste de las pensiones aumentaron del 11,6% a 2,58 billones de yuan (casi 410.000 millones de dólares) — escribe el South China Morning Post —, obligando a Pekín a afrontar un déficit de 429.1000 millones de yuan.

Sin reformas, este déficit subirá este año a 600.000 millones de yuan, y en 2020 a 890.000 millones de yuan, advierte Wang Dehua en el SCMP. Según el investigador de la National Academy of Economic Strategy en Pekín, “el mayor riesgo fiscal de China es el riesgo de las pensiones. También está preocupado Liu Shangxi, director de la Academy of Fiscal Sciences, quien teme que el déficit “aumente rápidamente” después de 2020.

En noviembre pasado, China puso en marcha un programa piloto, que prevé la transferencia de recursos estatales a los fondos de pensiones para cubrir posibles fallos o desequilibrios en el sistema. La iniciativa fue anunciada por el gobierno central popular o Consejo de Estado, refiere también el SCMP.

La “vieja” Europa

También los sistemas de pensiones de los países europeos están amenazados por el impacto de de una población cada vez más longeva por un lado, y una bajada de la fertilidad por el otro. Los datos contenidos en el 2018 Ageing Report confirman de hecho que la población de la Unión Europea se volverá en las próximas décadas “cada vez más gris”.

“Se prevé que la población total en la UE aumente de 511 millones en 2016 a 520 millones en 2070 — prosigue el informe –, pero la población en edad laboral (15-64 años) disminuirá de manera significativa de 333 millones en 2016 a 292 millones en 2070 a causa de la fertilidad, de la esperanza de vida y de las dinámicas del flujo migratorio”.

El fenómeno del Ageing explica también por qué la llamada Silver Economy, es decir, la de los productos y servicios destinados a los ancianos, sea hoy la “tercera economía” a nivel global. En 2014 esa representaba un valor de unos 7 billones de dólares, una cifra que según las previsiones debería alcanzar la cuota de 15 billones en 2020, o sea, más del doble, recordaba La Repubblica el pasado mes de mayo.

Como explica a su vez Federica Addabbo, que en el pasado mes de febrero firmaba un número del semanario Focus del Servizio Studi del grupo BNL (Banca Nazionale del Lavoro) dedicado al tema de la Transición demográfica y sistema de pensiones en los países de la UE, el envejecimiento de la población europea es confirmado por “un aumento significativo” de la tasa de dependencia de los ancianos.

La reforma de los sistemas de pensiones

De hecho, continúa el economista, que se basa en las previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), “si en 1975 por cada mayor de 65 años había 5 personas en edad laboral, en 2050 habrá algo menos de dos personas en edad laboral por cada anciano”.

Frente a este enorme reto, ya en los años 90 del siglo pasado algunos países europeos pusieron en marcha reformas estructurales de sus respectivos sistemas de pensiones, pasando del método llamado “retributivo” al “contributivo nocional” o NDC (de Notional Defined Contribution) y alentando (o incluso obligando, como en el caso de Austria) a recurrir a formas o fuentes de pensiones integradoras privadas.

Mientras tanto, prosigue Federica Addabbo, para garantizar la “sostenibilidad financiera”, casi todos los países miembros de la UE han elevado la edad de jubilación, que aún deberá crecer más. Está previsto que se eleve la media europea de 64 años actuales a 67,4 para los hombres, y de 62 años a 67,1 para las mujeres antes de 2070, reduciendo así casi por completo la divergencia debida al sexo, recuerda la autora.

*

1] Aging es inglés americano. En cambio, se escribe Ageing en inglés británico.

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