Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
martes 01 diciembre |
San Nahún
home iconEspiritualidad
line break icon

¿No logras orientar a quien pretendes cuidar?

CHILD THERAPY

Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 23/07/18

Mejor la compasión que la pena... y confía: Jesús la siente por ti

Jesús se compadece de las ovejas perdidas y descarriadas. Teme por ellas, por su vida. Se compadece. Ese sentimiento de Jesús me impresiona. Siente compasión por mí. Me cuesta que me compadezcan. Que lamenten mi suerte y sientan pena por mí.

El otro día una persona me preguntaba: “¿No te doy pena?”. Pensé en ese momento que no me daba pena. Claro que me dolía su pérdida y su dolor. Y me conmovía profundamente su sufrimiento. Eso sí. Pero en ese momento sentir pena me pareció que no ayudaba.

Tal vez me proyecté yo mismo. A lo mejor soy yo el que no quiere que sientan pena por mí. Cuando me va mal. Cuando fracaso. Cuando pierdo a un ser querido.

Quizás tengo algo contra ese sentimiento de la pena. No sé si me parece humillante. Como si de repente esa pena fuera hiriente, dolorosa.

A veces escucho esa expresión: “Me das pena”. Pero no es la pena de la compasión. Es la pena que siento ante actitudes o forma de comportarse de personas a las que quiero.

Me da pena su egoísmo, su rabia, su mirada enferma, su odio, su desprecio, su inmadurez. Me da pena que pierda la vida, que se enrede en pensamientos negativos, que deje de mirar con esperanza.

Me da pena que se angustie y no viva con el corazón grande y confiado. Me dan pena los que no luchan y han perdido las ganas de seguir caminando.

Pero ante esa pregunta de la pena le dije que no. Porque no sentía pena. Sí sentía compasión. La compasión tiene que ver más con la mirada de Jesús. Claro que me compadecía, como Jesús esa tarde al ver a muchos como ovejas perdidas y agobiadas.

La compasión es un amor que desciende, que se abaja. Se detiene ante al hombre malherido al borde del camino. Se vuelve conmovido al ser tocado en el manto.

La compasión es el sentimiento de Jesús que yo más anhelo. No lo sé, lo veo distinto de la pena. La pena me desanima. La compasión me mueve al abrazo, al cuidado, a la cercanía. A las lágrimas compartidas.

La pena despierta en mí desasosiego. Siento pena de un mundo lleno de odio. Siento compasión ante el que sufre la injusticia y lucha con desgarro en el camino de la vida.

La compasión es un sentimiento cristiano, de Jesús. La pena es un sentimiento que no me acerca, no me lleva a abajarme. Por eso prefiero siempre sentir compasión por el que sufre. Como Jesús hoy.

Hay tanta gente perdida como ovejas que no tienen pastor… Tantas personas desorientadas que no saben hacia dónde caminar…

Me gustaría ser pastor. Ayudarlos a caminar. Me da pena cuando no logro hacerlo. O cuando evitan ellas encontrar pastores que les den un sentido a su camino. Me doy pena yo mismo cuando no soy un buen pastor.

Miro a Jesús: “El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar. Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Nada temo porque Tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”.

Esta forma de ser pastor está tan lejos de la mía… Me veo cobarde, perezoso y desarraigado. Descuido a los que digo amar. Dejo de lado a los que pretendo cuidar como hijos. Y se me olvidan las cosas importantes de su vida. Soy un pastor despistado y torpe.

Comentaba el papa Francisco: “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia”.

Un pastor revestido de misericordia. De ternura. De sentimientos de compasión.

Hoy Jesús mira mi corazón perdido. Se acerca a mí. Hace falta humildad para aceptar que me miren con compasión.

Hace falta mucha verdad para reconocer mi fragilidad y estar dispuesto a que me traten de acuerdo a la misma.

Soy débil. Estoy enfermo. Soy oveja perdida sin pastor. La compasión es una forma de amor que me sostiene cuando cruzo herido el desierto de la vida.

Necesito ese abrazo. O tocar el manto sin que se den cuenta. Pasar desapercibido recibiendo misericordia.

Me siento como esa oveja sin pastor. Perdido en mis deseos de ser amado, reconocido y admirado. Perdido en mi pecado que me ata y envenena. Perdido cuando no logro mirar la vida con esperanza y alegría.

Me siento pastor y rebaño. Pastor que descuida. Oveja que no tiene pastor. Miro a Jesús y quiero descansar en Él.

Tags:
buen pastorcompasióneducación
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia hoy se publica diariamente en ocho idiomas: francés, inglés, árabe, italiano, español, portugués, polaco y esloveno.
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
COVID
Rodrigo Houdin
COVID-19: Murió aferrado a su rosario y con u...
WEB2-IRAN-CAPTURE
Zoe Romanovsky
Cineasta de 20 años gana premio por la podero...
corazones.org
Reza hoy a la Virgen de la Medalla Milagrosa
EMANUELLE CUETO RAMOS
Jesús V. Picón
Sacerdote con cáncer terminal: Pierde los ojo...
Philip Kosloski
Cuando sientas que todos conspiran contra ti,...
READING
Gelsomino del Guercio
Las tres reglas fundamentales para los lector...
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.