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Papa Francisco y la reforma del proceso de nulidad matrimonial, ¿en qué punto estamos?

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Entrevista al obispo Sergio Melillo, que ya está aplicándola

Uno de los resultados de mayor relevancia de los dos Sínodos sobre Matrimonio y Familia (2014-2015) ha sido la reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad matrimonial, que no había sufrido cambios sustanciales desde los tiempos del papa Benedicto XIV, en el siglo XVIII.

Con los dos Motu proprio ”Mitis Iudex Dominus Iesus” y ”Mitis et Misericors Iesus”, publicados el 15 de agosto 2015, el papa Francisco, reordenaba ex integro la materia, estableciendo tres tipos de proceso: ordinario, breviore y documental.

De los tres tipos, el ordinario y el breviore expresan un cambio real respecto al del siglo XVI: la abolición de la doble conformidad, y por tanto la nulidad del matrimonio con una sola sentencia afirmativa en el proceso ordinario (dejando en cualquier caso la posibilidad de apelación de la parte contraria); y la introducción de un tipo absolutamente nuevo de proceso el llamado breviore, sobre el que se pronuncia personalmente el obispo titular de la diócesis.

El tema, tan importante por el Papa que surgió como urgencia en el camino entre ambos sínodos, ha sido relanzado recientemente durante la 71ª Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana, que ha previsto una actualización sobre la reforma del régimen administrativo de los tribunales eclesiásticos en materia matrimonial.

Todo esto, teniendo en cuenta también las dificultades de varios tipos que frenan a los obispos a la hora de aplicar tan gran reforma.

Hemos hablado con Sergio Melillo, obispo de Ariano Irpino, uno de los primeros en Italia en acoger las instancias del Santo Padre.

Monseñor Melillo, en su opinión, ¿por que el Papa Francisco ha vuelto a hablar personalmente sobre este tema?

Francisco enseña que dos perlas tienen que acompañar esta reforma: la proximidad y la gratuidad.

Para el Papa, proximidad significa que el juicio, en la medida de lo posible, debe celebrarse en la iglesia diocesana.

La gratuidad remite al mandato evangélico según el cual “gratuitamente se ha recibido y gratuitamente se debe dar”, por lo que se pide que el pronunciamiento eclesiástico de nulidad no equivalga tout-court, en la mente del fiel, a un coste prefijado.

Como pastor sé bien que nuestra gente, si es oportunamente informada, comprende que las personas pudientes contribuyan en justicia al proceso.

¿Cuál es el centro de la reforma y su experiencia directa?

Ante todo, está la visión de proximidad a las familias heridas, es una elección fundamental de la pastoral hoy.

Esta reforma va a llenar una distancia entre la vida pastoral y la modalidad para afrontar las cuestiones internas judiciales.

El planteamiento del papa Francisco, y por tanto de los dos Motu Proprio “Mitis”, además de los tribunales que han erigido algunos obispos, han hecho que la pastoral familiar se acerque en esta dirección.

La dimensión pastoral del obispo debe comprender su función personal de obispo juez, en el proceso llamado breviore.

Eso no solo manifestará la proximidad del pastor diocesano a sus fieles, sino también la presencia del obispo como signo de Cristo sacramento de salvación.

Francisco insiste en que el obispo sea visto por sus fieles como un padre próximo a sus dificultades y a sus fracasos; encarnando la figura de Cristo que se pone la oveja perdida a los hombros; abandonando finalmente el modo jurídico-burocrático de administrar la justicia.

He vivido personalmente en mi diócesis, en la que aún hay una relación personal y directa con los fieles, el valor posible de un diálogo fecundo con cada persona.

También en este sentido considero que la reforma puede considerarse verdaderamente histórica.

¿Ahora será más fácil poder tener la nulidad del matrimonio?

Es una pregunta crucial que requiere respuestas claras con el fin de no difundir confusión y abusos.

1- La diferencia entre divorcio y nulidad del matrimonio o anulación eclesiástica del matrimonio reside en el punto fundamental de que la Iglesia no es libre de disolver un vínculo sagrado que resulte evidentemente válido (mientras el Estado moderno por desgracia admite la posibilidad de romper el vínculo civilmente válido).

2- El proceso matrimonial, llevado según la ley canónica y según la conciencia, puede determinar si el fiel, por los motivos previstos por el legislador canónico (ejemplo: por grave defecto de conocimiento o madurez, por constricción, por haber excluido los hijos,…) ha emitido un consentimiento viciado, es decir, nulo.

3- Si el obispo, en el proceso llamado breviore, y el Vicario judicial en el proceso ordinario, se mantienen fieles al principio fundamental de que no puede declararse nulo un matrimonio sin la cierta evidencia procesal de los hechos, no debería existir riesgo ni de abusos ni miedo o temor de responder a las preguntas de los fieles que piden la verdad sobre su propio vínculo.

El papa Francisco ha expresado muchas veces en su magisterio que el Pastor, a pesar de las dificultades, debe permanecer inmune al peligro de abusos y miedos, en la medida en que encarna a Cristo, sacramento de paz.

Me parece que el Papa, con su paternal insistencia en nuestro último encuentro, ha querido ayudarnos a los obispos a superar la dificultad de acceder en plena y total obediencia a la reforma, terminando por ejemplo con los Tribunales Regionales, precisamente por cumplir la ley de la proximidad.

¿Qué opina del impacto de la Amoris Laetitia en las Iglesias diocesanas de Italia ?

Ante todo debemos al papa Francisco una gratitud inmensa por la Exhortación apostólica Amoris Laetitia, por dos motivos: porque nos ha trazado un camino rico y actual para recuperar la belleza y la posibilidad de la familia cristiana; y en segundo lugar, porque junto a los obispos reunidos en dos sínodos nos pide a los pastores que seamos artífices de una Iglesia de la Misericordia.

Nos toca a nosotros hacer que este gran documento no corra el riesgo de tantos otros documentos pontificios convertidos en memoria de archivo.

El papa Francisco nos pide con Amoris Letitia que no dejemos para la posteridad una iglesia pusillus grex, un círculo de pocos cerrado al soplo creador del Espíritu.

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