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Bob, un Kennedy con una fe pegada al cuerpo

ROBERT F. KENNEDY
Jean Claude Mallinjod / Ina / AFP
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Menos conocido que su hermano John, Robert Kennedy estaba destinado a seguir sus pasos como presidente de los Estados Unidos de no haber sido asesinado. Lejos de los fuegos de la vida pública, Robert Kennedy también llevaba una verdadera vida de fe católica

“Antes de irnos a dormir, nos reuníamos alrededor de la cama de mis padres y rezábamos el rosario”. Incluso entre los católicos más practicantes, pocos podrían contar una historia así. Y esta confesión no viene de cualquiera: está firmada por Mary Kerry Kennedy, hija de Robert Kennedy y sobrina del expresidente estadounidense John F. Kennedy.

En Estados Unidos, todo el mundo conoce a la familia Kennedy. Hay que decir que ha tenido un gran impacto en la historia del país, sobre todo con el presidente y los tres senadores que ha dado.

Sin embargo, el destino de esta familia es tan trágico como glorioso: el mayor murió durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que dos de sus hermanos, Robert (Bob) y el famoso JFK, fueron asesinados.

Aunque los Kennedy no son la única “dinastía” estadounidense, se distinguen en particular por su fe católica. Una fe que se encuentra más especialmente en Robert, a lo largo de toda su vida.

De niño, decidió por sí mismo ser monaguillo. De adolescente, asistía a misa todos los días. Luego, una vez casado e instalado en su hogar, se aseguró de poner una Biblia, un crucifijo, una estatua de la Virgen y una pila de agua bendita en cada una de las habitaciones de su casa.

Bob Kennedy también tenía la característica muy católica de sentir una gran devoción por los santos. Una medalla de san Cristóbal, patrón de los viajeros, siempre colgaba de su cuello.

Cuando intentaba encontrar una plaza de aparcamiento, el político no dudaba en rezar a san Antonio de Padua, tradicionalmente invocado para encontrar objetos perdidos…

En cuanto a los muchos animales de sus once hijos, por supuesto fueron confiados a san Francisco de Asís.

Bob Kennedy no reservó esta fe para su vida privada. “La fe de mi padre influyó en su acción política”, asegura su hija Mary Kerry.

A principios de la década de 1960, Bob era a la vez ministro de Justicia y el consejero más próximo al presidente, su propio hermano John.

La historia es bien conocida en todo el mundo: en 1963, JFK es asesinado. Profundamente conmocionado por este acontecimiento, su hermano renunció a su puesto de ministro, fue elegido gobernador, sobre el terreno, y se dedicó a ayudar a los pobres y marginados.

Para ello, recorrió Estados Unidos y el mundo, destacando Sudáfrica, donde fue para denunciar el régimen del apartheid.

A pesar de la reticencia de la familia, Bob Kennedy decidió recoger la antorcha de su hermano. En 1964, fue elegido senador de Nueva York y luego, en 1968, se lanzó a la carrera presidencial.

Participó en las primarias para ganar la nominación del Partido demócrata. El 6 de junio ganó esta primera competición. Mientras celebraba su victoria, fue asesinado, siguiendo los pasos de su hermano hasta la muerte.

Tres días después, el papa Pablo VI expresó su dolor durante la oración del Ángelus. Robert Kennedy, dijo el Papa, llevó la voz de los pobres y de la justicia social por “la afirmación enérgica y coherente de la libertad, de la fraternidad y de la responsabilidad”.

Por eso, 50 años más tarde, el periódico vaticano L’Osservatore Romano ha decidido recordar la memoria de Bob Kennedy en primera plana.

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