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¿La inteligencia está reservada para una élite?

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By Peshkova | Shutterstock
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Hace una semana, celebrábamos la Ascensión: Jesús ascendió al cielo y nos abrió sus puertas. Prometió que no nos abandonaría y que nos enviaría una fuerza. Esta fuerza es el Espíritu Santo, que nos entrega el don del entendimiento

Pero, ¿de qué entendimiento hablamos cuando nos referimos a este don enviado por el Espíritu Santo? No se trata de la inteligencia humana, de la capacidad intelectual de la que toda persona está provista. No. El Espíritu Santo nos descubre el esplendor de las verdades y misterios de nuestra fe. El don del entendimiento nos permite separar nuestros pensamientos y afectos de las vanidades del mundo, del aspecto externo de la realidad.

Según el papa Francisco, “este don nos hace comprender las cosas como las comprende Dios, con el entendimiento de Dios. (…) Es el don con el cual el Espíritu Santo nos introduce en la intimidad con Dios y nos hace partícipes del designio de amor que Él tiene con nosotros”.

Con el don del entendimiento, todo se aclara

Tenemos un ejemplo muy revelador en el evangelio de Lucas. Se trata de la historia de los peregrinos de Emaús. Dos discípulos estaban en camino y desesperados por la muerte de Jesús. Tampoco entendían las historias de algunas mujeres que anunciaban la resurrección de Jesús. Entonces se les une un viajero, en quien no reconocen a Cristo. Él los escucha y luego comienza a explicarles las Escrituras. Entonces los discípulos abren los ojos, tanto los de sus rostros como los de sus corazones. Así renace en ellos la esperanza y entienden por qué Jesús murió y resucitó. Todo se vuelve coherente, todo se vuelve luminoso.

Jesús mismo dijo a sus discípulos: yo os enviaré al Espíritu Santo y Él os hará comprender todo lo que yo os he enseñado. Lo hizo por ellos, lo hizo por nosotros. Continúa el Papa: “Si leemos el Evangelio con este don del Espíritu Santo podemos comprender la profundidad de las palabras de Dios. [El Espíritu Santo] nos abre la mente, nos abre para comprender mejor, para entender mejor las cosas de Dios, las cosas humanas, las situaciones, todas las cosas”. El don del entendimiento nos permite así no solamente acceder a la Palabra de Dios para que nos sea inteligible, sino también tener une perspectiva de fe sobre las situaciones concretas de nuestra vida.

Usar gafas nuevas

Este don del Espíritu Santo nos permite creer, tener fe. “Nos ayuda a entender lo que Dios nos revela sobre Él, y lo que Él nos revela sobre nosotros”, precisa el padre Lécuru. “Nos ayuda a realizar un acto de fe en todo lo que Dios nos dice de Él y de nosotros. También nos ayuda a comprender el significado de los sacramentos”. ¿Cómo podemos entender las consecuencias divinas sobrenaturales de nuestra vida a partir de unos dones tan sencillos: pan, vino, agua, aceite? El don del entendimiento nos ayuda a ver más allá de lo visible.

Como nos invita el papa Francisco, dejémonos, según el ejemplo de los discípulos de Emaús, “enseñar por el Espíritu del entendimiento, para que podamos reconocer en los acontecimientos de nuestra vida el designio de Dios y de Su amor”.

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