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Los niños me decían en la calle: «Tómame, mamá» así que construí una casa

NIGERIA, ESEOSA, ORFANOTROFIO

Eseosa

Annalisa Teggi - publicado el 11/05/18

La vocación de Eseosa: volver a Nigeria para construirle una casa a Dios

Se llama Eseosa, que significa «don de Dios». Es nigeriana pero vive desde hace muchos años en Italia, donde se casó y creó una familia. Luego, Dios irrumpió en su cotidianidad, y nació un proyecto increíble a priori: volvió a su Nigeria, lacerada por la guerra y la corrupción, y está poniendo en pie una «Casa para Dios» donde acoge y ofrece un futuro a los niños abandonados.

Mira la entrevista en la que, ante mis insistentes preguntas sobre cómo piensa, planea y lleva hacia adelante esta misión, ella siempre contestó: «la fe primero que nada».

Querida Eseosa, te pusiste en contacto con nosotros, de Aleteia, para dar a conocer tu proyecto de solidaridad en Nigeria. ¿Nos cuentas quién eres?

Soy muy reservada como persona, nunca pensé que me expondría en público y no es importante mi vida privada. Lo que hay que saber es que la fe me llevó a hacer un centro de ayuda para niños en África.

La fe, ¿cómo conociste a la Iglesia católica?

Nací en Nigeria, de una familia extraña: mi abuelo era sacerdote anglicano, mi abuela en cambio no iba ni siquiera a la iglesia. Diría, sin embargo, que pertenecía a un ambiente familiar cristiano, mi mamá era una mujer de fe.

La Iglesia católica siempre me ha fascinado, desde que tenía 15 años me mandaron a una escuela católica durante un año: la sentía como mi casa, me habría gustado quedarme.

Cuando llegué a Italia me casé y empecé a ir a misa con mi suegra, hace 16 años. Después de algunos meses empecé a cantar en el coro de mi parroquia, en Crenna di Gallarate. Por lo tanto, soy católica por elección, me bauticé de adulta.

Una bella familia en Italia, una fe que ha llenado de sentido la vida. ¿Por qué dejar toda esta serenidad y volver a África?

Recibí una llamada espiritual, esa es la verdad. Al contar lo que sucedió, corro el riesgo de que piensen que estoy loca, pero es la verdad.

Dios insistió conmigo, mostrándome en sueños una hipótesis para hacer realidad; al principio no le di importancia. Hay algo que puedo compartir de este mensaje que Dios me mandaba: tenía que volver a África «para hacer resplandecer su luz».

El sueño volvió más veces, pero yo lo rechazaba porque me pedía un compromiso en Nigeria que no podía sostener. Empecé a tener insomnio, ya no quería dormir. Luego se lo conté a mi marido, para entender si estaba sugestionada por un exceso de espiritualidad.

Luego, hablamos de hace 5 años, hablé con mi párroco, pensando que me diría que estaba loca. En cambio, al escucharme, empezó a moverse, a hacer en la parroquia una recaudación de electrodomésticos para mandar a África.

Y, por lo tanto, me encontré involucrada en esta obra y, entonces, le dije a Dios: «Que se haga tu voluntad». Desde ese momento empecé a dormir sin problemas.

Cuéntanos mejor en qué consiste esta obra que ha empezado.

Al inicio empezó, de hecho, como una recaudación de ropa y otros pequeños objetos para llevar a África: una mitad del material se vendía para recoger fondos, la otra mitad yo misma la distribuía entre las personas necesitadas. Me dejé guiar por Dios, en esta fase, y siempre lo sentí cercano.

Todo partió de la ciudad en donde nací y donde están ahora mis parientes, la Ciudad de Benin. Me muevo, busco a quien tiene necesidad, sin mirar la cultura o la religión. En la ciudad de Lagos he visitado los pueblos más pobres, de mayoría musulmana, y he dado ropa a muchas familias.

En mi ciudad, voy al hospital donde nacen los niños y doy a las nuevas madres cosas útiles para subsistir. No pido nada, sólo que recen diciendo: «Dios, gracias».

Con el tiempo captó mi atención un problema serio que aflige a Nigeria: los huérfanos.

El año pasado me encontré asistiendo a dos niños de 8 y 9 años, violados. La historia de la niña de 9 años es emblemática: se quedó huérfana y fue enviada a vivir a Abuja con la familia de un tío; un día la mandaron a comprar algo y durante el trayecto fue violada.

En seguida, la niña fue rechazada por la familia del tío; porque en Nigeria la víctima es considerada culpable de la violación: se cree que la mujer tiene dentro un demonio que obliga al hombre a violarla. Esta es la realidad nigeriana, esclava de estas supersticiones que hacen daño.

Nosotros estamos lejos de Nigeria, tenemos tristes lugares comunes sobre las nigerianas, cuentos terribles sobre las masacres de Boko Haram. ¿Nos haces un breve cuadro de la situación?

Nigeria abarca un territorio muy amplio lleno de religiones, culturas, tradiciones diversas. Hay más de 200 lenguas y cada ciudad tiene su dialecto. La única manera de comunicarse es en inglés pidgin (simplificado).

Algo que decir con claridad es que es un país muy corrupto y esto se configura como una plaga tremenda que convive con la ignorancia del pueblo. Quiero dar un ejemplo clamoroso.

Los jóvenes que quieren entrar en la universidad deben realizar un examen de admisión de paga: el total del dinero pagado el año pasado por este examen ascendió a 36 mil millones de euros y desapareció todo; en lugar de terminar en el banco de las universidades, desapareció de manera ilegítima. ¿Qué justificación se ha dado para tal déficit? Se dijo, por fuentes oficiales, que una serpiente gigante se había comido el dinero; y el pueblo se lo creyó sin pestañear.

El vudú y otras supersticiones malvadas están muy enraizadas entre la gente, todavía.

Hay otras cosas que me desconciertan: hay una gran falta de fe en los jóvenes, respecto a cuando nací y un gran absentismo escolar.

Ha desencadenado una forma incorrecta de pensar, se tiene la idea de huir a Libia y luego venir a Italia. Alguna vez se consideraba malo tener una hija, ahora es todo lo contrario: porque es la mujer que, viniendo a Europa, puede ganar más dinero.

Y, sin embargo, ahora, en país grande, herido y complicado, existe la pequeña semilla de luz que has plantado tú. ¿Has construido una casa, verdad?

Existe en Nigeria una oficina que debería ocuparse de los huérfanos, pero no hace su deber hasta el final. Junto con los empleados de esta oficina, he visitado las calles donde los niños viven y duermen, abandonados.

Es desgarrador, tan pronto como ven a una mujer dicen, «¡Tómame, mamá!». Y te gustaría llevarlos a todos. No es posible; para empezar, logré llevarme cinco.

Por lo tanto sí, he construido una casa que no es un orfanato; quise llamarla «Casa para Dios» porque Él me ayudó a ponerla en pie.

Empecé de cero para hacer los trámites y los cimientos del edificio. Me topé con una fuerza que no creí que tenía; y claro, también algunos amigos y parientes me echaron una mano.

Quisiera que este lugar fuera un punto de ayuda para el futuro de los niños, no sólo un techo para darles de comer, beber y dormir. He comprado también un terreno que podría cultivarse para permitirnos tener una economía autónoma y sostenernos solos.

Les agradezco por haberme permitido contar mi historia y por la ayuda que quieran dar a mi fundación que se llama Unchangeble God of Mercy and Grace Foundation (Dios no cambia nunca, estará contigo siempre y es Dios de misericordia y gracia)

#heavensdoor

Tags:
huérfanomisioneronigeriasolidaridad
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