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El heroísmo de la piloto del vuelo de Southwest no sorprendió a quienes la conocen

TAMMI JO SHULTS
Courtesy of Linda Maloney
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La capitana del vuelo Southwest 1380 estaba preparada para afrontar el desafío y parte de esa preparación fue la firmeza de su fe.

Es difícil escuchar las conversaciones grabadas en la cabina del vuelo Southwest 1380 y no quedar impresionado por la actitud de la piloto Tammie Jo Shults. La antigua piloto de la Armada estadounidense puso a salvo un Boeing 737-700 con 149 almas a bordo en Filadelfia el pasado martes por la mañana, después de que explotara un motor y la metralla impactara contra el avión, haciendo estallar una ventana e hiriendo a numerosos pasajeros, a uno fatalmente.

Shults recibe vítores de heroína, y por una buena razón. En un artículo de The Daily Beast, explica lo difícil que fue aterrizar con seguridad aquel avión, en ruta de Nueva York a Dallas. Shults tuvo que recurrir a toda su habilidad, experiencia y carácter y, quienes la conocen bien, dicen que su fe desempeñó también un enorme papel en la manera en que manejó la situación.

En The Washington Post, la suegra de Shults la describe como una cristiana devota y afirma que la fe de su nuera “habría contribuido a su estado de calma durante un aterrizaje de emergencia”.

“Sé que Dios estaba con ella y sé que ella estaba hablando con Dios”, manifestó Virginia Shults.

Heavy.com informó de que Shults dijo una vez que “estar sentada en la silla del capitán como piloto le daba la oportunidad de ‘dar testimonio por Cristo en casi todos los vuelos’”.

Sin embargo, la fe por sí sola no aterriza un avión dañado y quienes conocen a Shults no se sorprenden por su hazaña.

“Es una mujer formidable, aguda como un clavo”, afirmó en LA Times Gary Shults, dentista de San Antonio y cuñado de la capitana Shults. “Mi hermano dice que es la mejor piloto que conoce. Es una persona muy atenta y generosa que cuida de muchas personas”.

Compasión, inteligencia y calma son rasgos que Shults demuestra tener en abundancia.

Virginia Shults, declaró para The Washington Post que su nuera estaría desconsolada por la muerte de la pasajera Jennifer Riordan, la esposa y madre de 43 años que fue la única pasajera que falleció por sus lesiones.

Virginia Shults mencionó también que la piloto es conocida por su calma y dijo que en cuanto escuchó la voz de la piloto en la transmisión de radio por Internet, supo que “Esa es Tammie Jo”.

“Era como si ella y yo estuviéramos aquí sentadas charlando”, dijo Virginia Shults en el Post. “Es una persona muy tranquila”.

Los pasajeros que sobrevivieron a la experiencia quedaron sorprendidos también por el temple de la capitana, por su valentía y por su bondad.

Tras aterrizar el avión, la capitana Shults regresó a la cabina para hablar con los pasajeros y preguntarles si todos estaban bien. También insistió en dar las gracias al personal de tierra en cuanto aterrizaron a salvo.

Una pasajera, Diana McBride Self, agradeció a Shults a través de Facebook por su “orientación y su valentía en una situación traumática”. Añadió que Shults “volvió para hablar con todos nosotros personalmente”.

“Es una auténtica heroína estadounidense”, escribió McBride.

“Tiene unos nervios de acero”, contó Alfred Tumlinson a Associated Press.

“Aplaudo a esta señora. Voy a enviarle una tarjeta de Navidad con un certificado de regalo por devolverme al suelo. Estuvo fantástica”.

Sin embargo, no es la primera vez que Shults persevera ante la adversidad y las habilidades que demostró en su trabajo el martes y se remontan a los inicios en su carrera de aviación.

Shults se crio en un rancho de Nuevo México, cerca de la base aérea de Holloman, y desde muy joven soñaba con pilotar aviones. Solicitó la entrada en las Fuerzas Aéreas después de su graduación y, aunque no se le permitió examinarse como piloto por ser mujer, la Armada sí le dio la bienvenida. Fue una de las primeras pilotos de combate de la Armada estadounidense y la primera mujer en pilotar un F-18. Más tarde se convirtió en instructora.

Kim Young, amiga de Shults, contó a The Kansas City Star que el entrenamiento militar de Shults la preparó bien para un suceso tan terrible. “Es el tipo de persona que querrías como piloto. Eso es lo que sabe hacer y es muy buena en ello”.

Después de servir 10 años en la Armada, alcanzó el rango de teniente comandante, hasta 1993, cuando se marchó para hacerse piloto comercial con Southwest. Ahora vive en San Antonio con su marido, Dean, a quien conoció en la Armada y que es también piloto de Southwest. Ambos tienen un hijo y una hija.

Un artículo de The Washington Post compartió un extracto de un libro titulado Military Fly Moms [Madres pilotos militares], en el que Shults compartió su perspectiva sobre la educación:

“Nos esforzamos por enseñar a nuestros hijos a ser líderes, no seguidores”, afirmó. “Esto es especialmente importante en lo referente a tomar la decisión correcta cuando la multitud empuja en la dirección contraria”.

Esa mañana del martes, 30 toneladas de acero empujaban a Shults en dirección contraria, pero estaba claramente preparada y dispuesta para hacer lo necesario para completar su misión y salvar las vidas a su cargo. Por eso, sentirán eterna gratitud todas las personas de aquel vuelo y sus seres queridos.

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