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Cuba después de los Castro…¿Y ahora qué?

CUBA
Shutterstock-Pedro Helder Pinheiro
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Miguel Díaz Canel es el nuevo presidente de Cuba ¿Está la biología signando el cambio político?

Más bien valdría preguntarse si en verdad se producirá un cambio político o un simple relevo. Fidel murió y Raúl se retira. Pero toma el lugar el “prevenido al bate” –como se suele decir en la jerga beisbolera, deporte líder en la isla- el vicepresidente Díaz Canel, después de una sesión de la Asamblea Nacional que seleccionará al Consejo de Estado de Cuba antes del nombramiento de un nuevo jefe de Estado, en La Habana, el 18 de abril de 2018.

De entrada, es preciso entender que el Presidente de Cuba es también Presidente del Consejo de Estado y es, automáticamente, Secretario General del Partido Comunista que tiene 700 mil miembros, menos del 10% de la población. Ese señor es el que manda pues la Constitución dice que el poder lo ejerce el Partido como órgano superior de la sociedad.

El Partido escoge al presidente del Consejo de Estado, a sus miembros y a los miembros del Buró Político. Esos son los grandes decisores y los selecciona el Partido. “Mientras ese partido sea leal a la jefatura histórica allí no habrá transición”, sentencia un analista, conocedor de los mecanismos políticos vigentes en Cuba.

Saldría Castro y lo sustituirá Díaz Canel en un enroque que aseguraría la línea del gobierno comunista cubano que continuará, además, con el respeto a la “biología”, que es como los cubanos disidentes llaman al cauce que acabaría con el régimen de medio siglo.

Lo que llaman “la biología” es la muerte, en el caso de Fidel, y el retiro –obviamente por razones de edad o hastío-, en el caso de su hermano Raúl. Y es que no podía ser de otra manera. Es un régimen que se ha mineralizado y que no encontraría otro fin sino desapareciendo del mapa, voluntaria o involuntariamente, sus principales emblemas, los Castro. Y jamás entregarían hasta no estar seguros de que no habrá para ellos un Tribunal de La Haya esperándolos a la vuelta de la esquina.

Pero sin duda hay un factor simbólico que es auspicioso. No es posible negar que se trata de un episodio histórico que podría generar cambios importantes. De hecho, el llamado deshielo entre Estados Unidos y Cuba, propiciado y alentado por el Papa Francisco, encuentra en esta transición política una expresión real que abre otros escenarios.

¿Habría sido posible sin esa antesala? Probablemente no, pues si un rey no abdica –como sostiene a morir Isabel II de Inglaterra-, un dictador no entrega. No obstante, algunos mecanismos se activaron para marcar el fin, antes de que la biología hiciera su trabajo en el menor de los Castro. Antes de esa apertura era muy cuesta arriba prever que algo así estaba cerca.

A pesar de que el exilio cubano ha solicitado a los gobiernos de la región se desconozca a un sucesor impuesto, la realidad es que se trata de más de lo mismo: la continuidad, al menos formal, de un régimen que siempre ha ignorado al pueblo en la toma de sus decisiones. 605 votos hay y seguramente todos serán para Díaz Canel. Castro, por su parte, asegura su vigencia al permanecer como secretario general del Partido Comunista Cubano, que es -como hemos visto, la instancia que en realidad manda en Cuba. Pero lo cierto es que, por primera vez, alguien no portador del apellido Castro estará al frente del gobierno de la isla desde 1959.

Rafael Hernández, director de la prestigiosa revista cubana Temas, de línea oficialista,opinó así sobre el próximo mandatario: “Tendrá que construir su propio consenso, porque la autoridad que tuvieron Raúl o Fidel no la va a heredar nadie” y asegura que esto llevará “a un proceso de descentralización del poder”.

Aún así, Díaz Canel, de bajo perfil y figura meramente representativa, es un hombre joven, tiene 58 años y es ingeniero eléctrico. Fue ministro de Educación Superior desde el 2009 hasta el 2012. En 2013 era Vicepresidente Senior de los Consejos de Estado y Ministro de Economía y Planificación.

Puede que no haya sorpresas con el nombre del sucesor, pero sí podría haberlas cuando, quiera o no, deba enfrentar retos como lidiar con Trump y manejar el tema Venezuela, sometida a una crisis que afecta la economía y alianzas políticas de la isla.

Raúl Fernández Rivero, es un exiliado cubano con décadas residiendo en Caracas. Combatió contra el dictador Fulgencio Bastista desde las filas de la revolución castrista. Fue colaborador del Ministro de relaciones Exteriores y Presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, el fidelista Ricardo Alarcón. También militó en el Directorio del Movimiento 26 de Julio. Fue de los que bajó de la Sierra Maestra, junto a Fidel y Raúl, con un escapulario de la Virgen del Carmen al cuello, por lo que no se resignó al engaño y se negó a apoyar un proyecto ateo. Terminó como preso político de los comunistas, recibió una condena de 70 años pero fue liberado luego de cumplir 17 tras las rejas.

Accedió comentar el momento político cubano para los lectores de Aleteia. Está convencido de que si Raúl llegara a retirarse, también del partido, “allí está Bruno Rodríguez, hijo de Carlos Rafael Rodríguez, comunista histórico. De ese echarán mano”.

Fernández Rivero recibe fluida información de los movimientos dentro de la isla y explica su manera de visualizar cambios reales en su patria de origen: “Es el Partido, sus militantes y militares jóvenes, quienes tendrán la palabra cuando no permitan que los hijos, nietos o yernos de Fidel o Raúl sean los que tomen el relevo. Es del mismo grupo de privilegiados, ese que va los domingos a almorzar en la casa del Raúl, de las bases del partido, de los mandos altos y medios del ejército, de donde saldrá la transición en Cuba”. Parece que, de ese grupo, salió Díaz Canel.

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