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El regalo de Benedicto XVI a Celestino V, ¿casualidad o presagio?

POPE BENEDICT XVI COLLEMAGGIO
OSSERVATORE ROMANO / POOL / AFP
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La Basílica de Collemaggio vuelve a su esplendor. Recordemos una de sus grandes anécdotas

El 4 de abril de 2018, los medios de comunicación en Italia informaron con entusiasmo sobre la reconstrucción de la Basílica de Collemaggio, símbolo del terremoto de L’Aquila (6.04.2009), devuelta a su esplendor y que da esperanza para el futuro. Se trata del lugar donde reposan los restos del papa Celestino V.

La actualidad vuelve a unir a papa Benedicto XVI retirado en el Monasterio Mater Ecclesiae en los jardines vaticanos y al papa ermitaño, Pietro del Murrone (Molise, entre 1209 -1215 – Fumone, 19 de mayo de 1296). Ellos comparten algunos rasgos biográficos comunes y extraordinarios. Los históricos eclesiales coinciden: humildes, servidores de la Iglesia y ambos renunciaron al papado sobrepasando sus intereses personales por amor a Dios.

En efecto, la reconstrucción de la Basílica de Collemaggio en tiempo récord, luego de dos años de inicio de la restauración, trae consigo una esperanza renovada inmersa en una serie de coincidencias históricas sorprendentes. 

El 28 de abril de 2009, tras un terremoto devastador de 6,7 en la escala de Richter, Benedicto XVI viaja a la zona para confortar a la población de la región de Abruzzo, centro de Italia, en su peor momento. En la Basílica en Collemaggio, Joseph Ratzinger reza delante de los restos de san Celestino V, la única reliquia que sale intacta del cisma.

Quiérase o no leer esto como un presagio divino, el escenario es sugestivo: Una Iglesia derrumbada, sin techo (que cae ante las cámaras en mundo visión), apenas quedan en pie sus columnas, los cimientos fueron sacudidos, pero resisten.

En ese momento, el terremoto que vive la Iglesia de Roma es de otra naturaleza; la guerra a la pedofilia emprendida por el nuevo Papa alemán, el estudio de la Reforma en progreso, la búsqueda del diálogo con el mundo islámico tras el mal interpretado discurso de Ratisbona (12.12.2006) y el futuro evento ultrajoso de la violación de la confianza del pontífice en su propia casa, a causa de un “cuervo”, el mayordomo ‘fiel’, Paolo Gabriele, que sería epicentro de un escándalo telúrico de desinformación contra la Iglesia.

Sin embargo, removiendo los escombros se intenta la reparación de la casa de Dios. Benedicto XVI deja los cimientos firmes para una reedificación que lleva adelante, hasta ahora, su sucesor. Igualmente, tomándose a pecho la denuncia profética que hizo Ratzinger en el Vía Crucis en el Coliseo de 2005, antes de su elección al solio de Pedro, cuando habló del empeño necesario para limpiar la ‘suciedad’ de la Iglesia.

Y parecería que no fue tampoco un caso que el nuevo Papa quisiera llamarse Francisco, inspirado en el santo de Asís que escuchó la voz milagrosa que venía del Crucifijo: “¡Repara mi casa, se está cayendo en la ruina!”.

Volviendo a esa imagen fuerte del terremoto y el gesto de Benedicto XVI en plegaria delante de los restos de Celestino V; otro aspecto significativo y que parecería para nada casual, fue el sentido del regalo traído por Ratzinger a su sucesor canonizado el 3 de mayo de 1313, quien renunciara al papado seis siglos antes.

Volviendo a esa imagen fuerte del terremoto y el gesto de Benedicto XVI en plegaria delante de los restos de Celestino V; otro aspecto significativo y que parecería para nada casual, fue el sentido del regalo traído por Ratzinger a su predecesor, canonizado el 5 de mayo de 1313, quien renunciara al papado seis siglos antes.

Benedicto XVI dejó en obsequio encima de la cripta de Celestino V: el Palio, precisamente, que recibió durante su elección el 19 de abril de 2005. Asimismo, el 11 de febrero de 2013, papa Ratzinger renunciaría argumentando falta de fuerzas físicas.

Celestino V el 13 de diciembre de 1294 en una carta argumenta que su decisión se debe a su enfermedad, a la falta de conocimiento (en referencia a no conocer las artimañas de gobierno de la época) y a querer regresar a la vida de ermitaño interrumpida por los cardenales que en el cónclave no se ponían de acuerdo y le llamaron desesperados para pastorear en medio de la división. ¡Esto después de dos años y tres meses de silla vacante!  Dos facciones se contraponían debido a disputas familiares: los Colonna y los Orsini.

Es decir, la faja (del Palio) que se usa en la Misa pontifical que se carga sobre los hombros (con el simbolismo del peso de toda la responsabilidad del honor de ser Sucesor de Pedro) en esa visita pastoral adquiría otro valor en el contexto aparente del terremoto de L’Aquila de 2009.

El Papa delante de la urna de Celestino V pedía silente a Dios quizás qué gracia. Hoy, ante los ojos del mundo la Basílica de Collemaggio podría ser un buen augurio de la reconstrucción de una joya de la religiosidad y, valga la metáfora, signo asimismo de renovación de la Iglesia. Pues, a pesar de los golpes duros contra ella, Dios dota a sus obreros de materiales de granito espiritual, resilientes y duraderos para enfrentar cualquier calamidad: fe, caridad y esperanza.

DRESSING OF POPE CELESTINE V
MANUEL ROMANO / NURPHOTO / AFP
El Palio de inicio de pontificado de Benedicto XVI fueron puestos dentro de la cripta de papa Celestino V

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