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Cuando Whitney Houston necesitó más a Dios…

WHITNEY HOUSTON
Shutterstock-JStone
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Hace unos días se dio a conocer la noticia de que se avecina un nuevo documental sobre la diva tristemente desaparecida en 2012 en trágicas circunstancias.

Whitney Houston murió a los 48 años de edad en un hotel de Beverly Hills debido a una combinación fatal de tranquilizantes y medicamentos para la ansiedad ingeridos mientras se daba un baño.

El nuevo documental sobre su vida llegará a las pantallas el próximo 6 de julio y, por primera vez, contará con la aprobación de sus familiares quienes habrían incluso cedido material inédito de la cantante, como grabaciones domésticas o alguno de sus grandes éxitos interpretados a capella.

Se llamará simplemente “Whitney” y estará dirigido por el multipremiado Kevin Macdonald. El director ha explicado que con este documental ha intentado comprender “cómo es posible que alguien con ese talento y belleza se haya podido autodestruir públicamente de una forma tan dolorosa”. Sin embargo, su intención no es mostrar solo los momentos oscuros de la megaestrella sino que desea “que el público salga del cine con una sensación positiva de Whitney y de su música”.

El nuevo documental se aproximará a la carrera de la artista desde sus primeros años como cantante de góspel hasta el final de sus días.

Destacará sus hitos más notables, como el hecho de haber sido la primera cantante negra en ofrecer un concierto en Sudáfrica desde el final del Apartheid o el haber vendido 200 millones de discos.

Sin embargo, no es este el primer documental que aborda la vida de la artista desde su trágico fallecimiento. La película de Macdonald llega justo un año después de la producción de Nick Broomfield para Showtime y BBC titulada “Whitney: Can I Be Me”, y que puede verse en Netflix.

Este documental no contó con la aprobación de la familia. Es más, no accedieron a facilitar ningún material de archivo e incluso, según el director, intentaron disuadir a varias personas de participar en la producción.

Parece que no lo lograron puesto que incluso los hermanos de la cantante intervienen en el proyecto que recopila una serie de entrevistas y filmaciones de los conciertos de la diva a lo largo de los años.

Hay un punto de inflexión en toda la producción que se sitúa en el año 1999, cuando Whitney Houston se encontraba inmersa en su última gira mundial de apabullante éxito. Para entonces ya era consciente de su problema con las drogas pues había sufrido una sobredosis por cocaína en 1995 durante el rodaje de “Waiting to exhale” (“Esperando un respiro”).

En el documental puede verse cómo durante su concierto en Rotterdam de 1999 una Whitney, totalmente exhausta, implora a Dios su ayuda porque, como relata, “eres el único que me entiende, el único que puede aceptarme como soy”.

Uno de sus más estrechos colaboradores narra cómo la cantante sentía que había defraudado a Dios, quien era quien le había entregado su don. Sentía que le había defraudado por no haber cuidado de su salud, especialmente de su voz, por sus abusos con las drogas.

A continuación, el documental muestra a Whitney Houston rezando junto a sus bailarines y coros antes de salir al escenario. Es una intensa plegaria en la que la artista pide a Dios que “arregle las cosas que nosotros no podemos arreglar”. Reza a Dios para que la cure y para que no ignore sus plegarias.

Después llegarían los años más oscuros para Whitney Houston, quien trató de dejar las drogas sin demasiado éxito y arruinó su carrera por haber estropeado su instrumento con el consumo de estupefacientes.

Sin embargo, hay voces que apuntan a que antes de morir podría haberse reencontrado con esa fe de su infancia a la que ponía su extraordinaria voz durante las celebraciones en su parroquia.

Incluso la misma noche de su muerte, el último tema que interpretó fue “Sí, Jesús me ama”. En el momento de su muerte, Whitney Houston se encontraba en Los Ángeles para participar en la entrega de los premios Grammy. Durante el concierto de Kelly Price & Friends entonó la canción a capela, en una actuación totalmente espontánea.

La diva dejó una enorme huella en toda una generación y está considerada como una de las pioneras de la música góspel-soul-pop sin la que no se entendería a cantantes de hoy en día como Beyoncé, Rihanna o Selena Gómez.

Whitney Houston fue y sigue siendo “la voz”, una artista a la que nadie todavía hoy ha sido capaz de arrebatar su trono en la Historia de la música. 

 

 

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