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Lo que esconde la caverna de Lapa do Santo en Minas Gerais

LAPA DO SANTO
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Brasil: Excavaciones que revelan prácticas rituales de hace 8 o 10 mil años

Las investigaciones han sorprendido a los científicos. La caverna llamada Lapa do Santo ha capturado la atención de arqueólogos, biólogos, geólogos y antropólogos por sus complejos patrones de sepulturas con desmembramiento de cuerpos pero sin violencia y, siguiendo una cierta disposición bajo reglas muy precisas, “revelan una sucesión de culturas muy disímiles en un período, al que se consideraba homogéneo, que datan de hace alrededor de 10 mil años”, escribió la experta María Guimaraes en la revista científica Pesquisa.

A partir de esa publicación, hemos versionado esta entrega por sus aportes al conocimiento de la manera como vivieron, sobrevivieron y se organizaron quienes nos precedieron en estas tierras.

El estudio indaga más allá de la muerte y, según el alemán André Strauss, doctorado en el Instituto Max Planck, “el mayor mérito reside en haber podido vislumbrar esas transformaciones culturales a lo largo de tiempo que por alguna razón nadie había podido entrever”.

En el fondo de fosas de dos metros de profundidad, encontraron respuestas sobre la vida e identidad de esas personas. Lo que parecía, simple vista, ser un caos, mezcla de huesos sin sentido, en realidad se ajustaba a un modelo.

La caverna expone paredes decoradas con dibujos en relieve que aluden a rituales de fertilidad y expuso artefactos diversos como piedras talladas y herramientas de hueso tales como espátulas y buriles que datan de lapsos de ocupación humana de los cuales el más antiguo se remonta a 12.700 años.

Las sepulturas son sencillas y sin señales de manipulación de cuerpos. Mientras en Los Andes las prácticas funerarias eran altamente sofisticadas y las momias chilenas datan de tiempos más recientes, “la complejidad de las prácticas de Lapa do Santo -según el bioantropólogo brasilero Walter Neves- no reside en los objetos, sino en una gran manipulación de cuerpos y esqueletos en forma muy sofisticada”.

En la caverna de Minas Gerais no hay ofrendas mortuorias: la práctica habitual de aquellos cazadores-recolectores consistía en sepultar a sus muertos, mínimamente, junto a sus pertenencias.

Las excavaciones, que motivaron exhumaciones y análisis de 26 sepulturas humanas en la zona entre 2001 y 2009, permitieron hallazgos que hablan de un cambio en el paradigma del enfoque referente a la presencia humana en ese sitio durante el período estudiado.

Los rituales de muerte se reflejaban en distintos modelos de sepulturas. Unos muestran cuerpos enterrados enteros; otros presentaban remoción de partes del cuerpo; algunos completamente desmembrados y dispuestos en bultos; otros más habiendo sufrido alteraciones como quemas, cortes y remoción de dientes, estos últimos, enterrados con restos mortales de otras personas. Finalmente, se encontraron osamentas dispuestas completamente articuladas en tumbas circulares e individuales.

“Es curioso –dice la autora del reporte- que entre tantos desmembramientos, no hay indicios de violencia”. Todo habla de la ocupación humana en esos tiempos y el descubrimiento sugiere un cambio de paradigma en la percepción al respecto. Ahora se sabe que no hubo un solo pueblo allí sino varios que habitaron la zona. Los estudios que siguen aportarán luces en torno al modo en que esos grupos se sucedieron y cuál era el parentesco entre ellos. Todo apunta a que grupos humanos con rasgos asiáticos habrían llegado al lugar hace 7 mil años.

Se sabe que, como cazadores-recolectores, se alimentaban de pequeños animales, roedores, venados no muy grandes, lagartos y armadillos. Eran grupos numerosos y todo su trabajo era garantizar la subsistencia. Se movilizaban pero no eran nómadas y empleaban el fuego constantemente y de manera habilidosa.

Lo interesante es la diversidad cultural que revelan los hallazgos. El arqueólogo estadounidense Kurt Rademaker ha elogiado el trabajo de sus colegas brasileños: “Strauss y su equipo interdisciplinario están haciendo ciencia arqueológica de punta –afirma- y enriqueciendo nuestro conocimiento en torno a la apariencia física, la antigüedad y los modos de vida de los aborígenes sudamericanos y, en particular, de sus interesantísimas prácticas rituales”.-

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