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La Cuaresma medieval era más difícil de lo que te imaginas

MEDIEVAL FEAST

Public Domain

Daniel Esparza - publicado el 06/03/18

¿Preferirías romper tu ayuno por la noche en vez de renunciar al chocolate?

A lo largo de la historia, la austeridad de la Cuaresma (quadragesima, en latín, que significa “los cuarenta días” o, para ser más precisos, “el cuadragésimo día”) ha ido variando. Algunos de los Padres de la Iglesia, ya en el siglo V (san León y san Jerónimo entre ellos) afirman que el ayuno de 40 días fue establecido por los mismísimos Apóstoles.

Sin embargo, los académicos modernos se permiten discrepar, ya que hay pruebas históricas que señalan al hecho de que la práctica del ayuno antes de Pascua se fue desarrollando gradualmente y que su duración fue, de hecho, variable. Por ejemplo, en su Historia eclesiástica, Eusebio cita una carta que san Ireneo envió al papa Víctor en el siglo II en relación no solo a ciertas cuestiones sobre el momento en que la Pascua debía (o no) celebrarse, sino también sobre su ayuno preliminar.

“Unos piensan que deben ayunar un solo día; otros, que dos, y otros más aún. Otros cuentan cuarenta horas del día y de la noche para su ayuno”.

También es interesante que ninguno de los padres prenicenos prescribe un ayuno cuaresmal obligatorio: no se encuentran menciones a la Cuaresma ni en los escritos de san Dionisio de Alejandría ni en la Didascalia, por ejemplo.

Sin embargo, dicho esto, el término ‘tessarakoste’ se encuentra ya en uso en el siglo IV. Evidentemente desarrollado como analogía al ya existente ‘pentekoste’ (griego para “50 días”, de donde deriva ‘Pentecostés’), tessarakoste ya hacía alusión a un periodo no de 50, sino de 40 días, siguiendo el ejemplo de Moisés, Elías y el mismo Cristo. Quizás también fuera el caso de aquellos que realizaban esta práctica teniendo en mente las 40 horas que Jesús pasó en el sepulcro.

Fuera como fuese, la posterior Cuaresma medieval no duraba 40 días, sino 46, ya que incluía 40 días más seis domingos. Tanto el Miércoles de Ceniza como el Viernes Santo, según algunas fuentes, eran días de “Ayuno Negro”, es decir, que no se permitía ninguna comida en absoluto (excepto en el caso de ancianos y enfermos, por supuesto). Durante estos 40 días no se permitía ningún tipo de carne (ni siquiera los domingos). La mayoría de lacticinia (lácteos) y huevos también estaban prohibidos.

En resumen, la mayoría de europeos en la Edad Media pasaba la Cuaresma a base de pan, verduras, sal, cerveza y vino (que no estaban prohibidos, ya que entonces eran más saludables que el agua) y algunos se abstenían de tomar carne hasta la hora nona (es decir, las 3:00pm). Más tarde, la hora nona se desplazó al mediodía (de ahí viene la palabra inglesa ‘noon’ para referirse a esta hora) y solamente se podía romper el ayuno después de las Vísperas, el servicio vespertino de oración.

Aunque se fueron introduciendo gradualmente algunos atenuantes en el ayuno cuaresmal (podían tomarse entre comidas pequeñas porciones de alimento y de líquido –las famosas collationes– para no perder fortaleza para las labores manuales, por ejemplo), renunciar al chocolate ni siquiera puede compararse.

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