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14 etapas más o menos divertidas en la vida de una pareja

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1 año, 5 años, 15, 25, 50 años… Cada etapa del matrimonio tiene sus pequeños placeres no siempre previstos.

Algunas parejas miden la duración de su matrimonio celebrando sus aniversarios de boda: bodas de papel, madera, plata, oro, titanio… Todos estos hermosos materiales simbolizan el tiempo que habéis pasado juntos, tiempo por el que transcurren fases en el matrimonio, a menudo poco gloriosas, pero no por ello menos importantes.

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Seis meses: etapa de “sujétame el pelo”

Es probable que paséis por esta etapa antes incluso de haber pronunciado vuestros votos matrimoniales. Y si, hasta el día de hoy, habéis recorrido todo este camino sin gastroenteritis ni intoxicación alimentaria, creedme, terminará por llegar. Es inevitable.

Y más vale, porque una vez pasada la etapa de “te he visto en un estado lamentable”, podréis afrontar sin pestañear todos los demás momentos sin ningún glamour que os aguardan.

Las náuseas matinales, las explosiones de pañales sucios, los pospartos, o incluso, la recuperación tras una cirugía en la cadera (que, si llega, mejor que sea lo más tarde posible).

Lo que debéis recordar es que no importa mucho lo que se os pase por la cabeza en ese momento. ¡A partir de entonces tendréis a alguien que os apoyará en cualquier situación!

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Un año: etapa de “papel higiénico”

Después de un año de matrimonio se celebran las bodas de papel. Así que, ¿por qué no hablar de papel higiénico? Lo cierto es que es todo un regalo ver un rollo nuevo que reemplazó al vacío, sin tener que pedírselo al cónyuge o hacerlo tú mismo.

Al cabo de un año, habréis aprendido que volver a casa con un ramo de flores en la mano no es nada comparado con comprobar si todavía hay leche en la nevera o detergente para poner la lavadora.

Todas estas pequeñas cosas (incluso cosas muy pequeñas, como tapar la pasta de dientes después de usarla) pueden ser importantes gestos diarios. Y así también se hace un matrimonio más fuerte.

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Cinco años: etapa de “la invasión”

Por la mañana, despertáis y constatáis que el cuerpo de tu cónyuge y el tuyo los separa uno o dos cuerpecitos dormidos, uno con el pie a dos centímetros de tu cara. Quizás incluso si buscáis un poco encontraréis un perro de peluche en el fondo de la colcha. ¿Y qué es esa sensación de calor y humedad que se extiende bajo tu espalda?

Esta etapa es una oportunidad para darse cuenta de que estar solo (seco y bien descansado) es algo muy sobrevalorado.

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Siete años: etapa de “dejamos de llevar la cuenta”

Es el momento en que os percatáis de que todos los marrones le caen al mismo cónyuge, como ordenar los armarios o encargarse de organizar la vuelta al colegio o las compras. Pero admitámoslo, también la pareja tiene otras tareas de las que ocuparse, como subir al tejado para comprobar una posible gotera en el canalón, atrapar un ratón en la cocina, arreglar una lámpara…

Por supuesto, al principio del matrimonio, se espera que los dos compartan todas las tareas de manera equitativa, para que cada uno haga su justa parte del esfuerzo. Pero, con el tiempo, nos despreocupamos más. Después de todo, más vale un hogar con orden y armonía que un ratón muerto, ¿no?

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Diez años: etapa de “más niños que manos” 

El ejército está movilizado y activo. Vuestro espacio vital ha sido invadido. Perdéis todas las batallas. Necesitáis refuerzos desesperadamente. Aunque solo tengáis un hijo, os sentís en inferioridad numérica. Y lo peor de todo, ¡sois perfectamente felices así!

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Doce años: etapa de “así son las cosas”

Tradicionalmente, en esta fecha se regalan sobre todo seda y perlas. Pero a vosotros lo que más os importa es la altura de la pila de ropa sucia y las facturas. Y qué decir de las cosas irritantes que hacéis cada uno… Y bueno, no vais a dejar de hacerlas ahora. ¿Y las cosas que pensabais poder cambiar del otro? No va a suceder. En ninguno de los dos. ¡Ni en sueños, queridos! Pero así es como son las cosas, y todo funciona bien y lo aceptáis. Así es como se fortalece el amor.

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Quince años: etapa de “los niños saben más que nosotros”

Ya no sabéis encender la tele nueva. Ni por qué el artista The Weeknd se escribe así, sin ‘e’. No tenéis ni idea y tampoco sabéis si deberíais saberlo. Pero eso no impide que vuestros adolescentes os lo recuerden a voces: “¡Es que no os enteráis de nada!”, seguido de un portazo en su habitación. Miráis a vuestro cónyuge y suspiráis. Al menos vivís eso juntos, poli bueno y poli malo, para superar los días difíciles y las malas notas.

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Veinte años: etapa de “todavía hay sorpresas” 

Lleváis tanto tiempo juntos oficialmente que parece que os conocéis y queréis por inercia. Ya no hay sorpresas… ¿O sí? Por ejemplo, cada vez que yo hago berenjenas para cenar, siempre me sorprende que a mi marido le gusten. ¡O quizás las odie! Nunca me acuerdo.

Durante todo este tiempo, él me sigue comprando cosas marrones por Navidad (guantes marrones, carteras marrones) porque piensa que me encanta el marrón, pero yo no recuerdo que nunca me haya gustado ese color. Luego los cambio por guantes rojos, carteras rosas. Él parece confuso. Pero bueno, no es nada grave, ¡podemos seguir sorprendiéndonos así!

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Veinticinco años: etapa del “gran regalo”

Hasta ahora, os dabais por satisfechos con una tarjeta bonita y una cena para festejar vuestro aniversario de bodas. Pero 25 años son palabras mayores… La ocasión parece exigir algo más importante. Además, son las bodas de plata… Pero, ¿y si pidiéramos algo más que eso? ¿Besos, abrazos, tiempo a solas para hablar de otra cosa que no sean facturas de luz y agua? Después de 25 años, sabéis que esos momentos de afecto y calidez son los mejores regalos.

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Treinta años: etapa de “llevamos más tiempo juntos que sin el otro”

Puede ser un sentimiento extraño pensar que nuestra existencia ha estado estrechamente ligada a otra persona durante tanto tiempo. Como dos viñas que han crecido una junto a la otra hasta convertirse en una sola planta.

Puede haber un breve momento de confusión de identidad y de reflexión filosófica. ¿Quién soy yo? ¿Sigo habiendo un “yo” separado? Pero entonces es el momento justo cuando tienes que sacar la basura, ir de compras para cenar y pasar por la tintorería… Así que se olvidan las grandes reflexiones. Y eso es porque dos cabezas valen más que una.

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Treinta y cinco años: etapa de “para vivir felices, vivamos ocultos”

Todos vuestros amigos de Facebook pasan unas vacaciones increíbles en lugares exóticos, con la mirada amorosa, para renovar sus votos matrimoniales. Pero ¿por qué vosotros no os estáis divirtiendo tanto para poder publicar fotos en las redes sociales? ¿Acaso su vida es mejor que la vuestra?

Y entonces se enciende la bombilla. Sabéis muy bien cuál es la verdad: un buen matrimonio está también (y ¿sobre todo?) en lo que se desarrolla en el ámbito privado. Como dijo el humorista Henny Youngman: “El secreto de un matrimonio feliz sigue siendo un secreto”.

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Cuarenta años: etapa de “todavía podría ponerme mi vestido de novia, pero…”

Digamos simplemente que vuestras medidas se han relajado, igual que vuestros pantalones. Por fortuna, ahora hay nombres más elegantes para ciertas prendas: “pantalones de yoga” o leggings… No suena del todo mal. Eso os permite decir que lleváis ropa cómoda porque está de moda.

En cuanto al hecho de que hayáis engordado unos cuantos kilos en los últimos años, está un poco relacionado con vuestro matrimonio. De todos modos, mientras los dos estéis sanos, no hay necesidad de demostrar nada a nadie…

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Cuarenta y cinco años: etapa de “¿QUE QUÉÉÉ?”

Por estas fechas, uno de los dos ya no oye muy bien. De todos modos, no importa mucho, ya sabes lo que va a decir el otro. Y el otro ya conoce tu respuesta. De hecho, todo lo que necesitáis es un pequeño gesto, un guiño o una simple mirada, y eso lo dice todo. Y funciona para todas las ocasiones. “No sé lo que estás diciendo. No te oigo”.

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Cincuenta años y más: etapa de “mejores amigos”

Habéis pasado por todas las demás etapas juntos. Habéis tenido unos días muy buenos y otros muy malos. Pero siempre os queréis contar cómo os ha ido el día. Así que, si habéis llegado a este punto, levantad vuestra copa para brindar por vuestro único amor y también vuestro mejor amigo. Tener una amistad tan fuerte es lo que más importa al final porque, después de todo, ¿no es así como empezó todo?

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