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¿Hablas bien o mal de los demás?

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Luz Ivonne Ream - publicado el 28/12/17

¿Quieres tener una vida más feliz? Busca y encuentra el “bien” y lo “bueno” en todos. ¿Quieres ser eternamente infeliz? Haz todo lo contrario. Enfócate solo en ver y hablar negativamente de los demás. 

Te imaginas un mundo donde todos viviéramos con la actitud de querer ver lo bueno y no enfrascarnos solo en lo “malo” o negativo.

Definitivamente, hablar de los demás es un hábito que se puede convertir tanto en una virtud -hablar bien, benedicencia- como en algo tóxico -hablar mal, maledicencia-.

Y lo peor de todo o lo más peligroso es que el cerebro se acostumbra a cualquiera de los dos hábitos que elijamos llevar a cabo, tanto a inclinarse por pensar y hablar bien como lo contrario.

La benedicencia radica fundamentalmente en hablar bien de los demás, aunque no se limita solo a eso porque es una virtud que nos inclina a callar las imperfecciones o las faltas de los demás, además de ensalzar sus virtudes, cualidades, dones, talentos, etc.

Y con este tipo de exaltación no es que estemos en busca de cubrir sus defectos, sino de ayudarle para que sus muchas virtudes le ayuden a mejorar las áreas de oportunidad que pueda tener.

Por el contrario, la maledicencia es cuando decimos algo negativo o malo de los demás, independientemente de si es verdad o mentira.

Es cierto, siendo muy honestos cuesta más trabajo enfocarnos en encontrar lo bueno, tanto en nosotros mismos como en los demás.

Pareciera que lo no tan bueno saltara a la vista y lo bueno se escondiera cuando debería ser todo lo contrario porque por naturaleza somos buenos y tenemos más de bueno que de lo otro.

Tan solo haz este ejercicio para ti: Haz una lista de tus cualidades y defectos y casi te puedo asegurar que te costará más trabajo hacer la de cualidades y la de defectos se te irá como hilo de media.

A esto me refiero que el buscar lo bueno, lo positivo hay que trabajarlo para que eventualmente se nos haga un estilo de vida, una virtud.

Hace tiempo y por mi propio bien tomé la decisión de que, si no tenía nada bueno que decir de alguien, en lugar de optar por el silencio, me esforzaría por encontrar algo agradable y bueno en esa persona.

Pero no solo lo dejé en eso, lo quise llevar a un plano más elevado y decidí que a diario enfocaría mis sentidos en encontrar algo bueno en toda persona con la que interactuara y se lo haría saber.

Cosas triviales como saludar al cajero que me atiende en el súper y hacerle saber que el azul de su camisa le sienta bien; decirle a mi amiga Gaby que se ve linda hoy o mandarle un mensajito a Ana María para hacerle saber que extraño su alegría y su compañía ahora que se fue a vivir lejos.

Llevo este estilo de vida desde hace años. Hoy por hoy hago todo lo humanamente posible por no criticar negativamente y por no permitir que nadie sea sobajado delante de mí.

Repito, es algo en lo que hay que trabajar a diario porque es muy fácil caer en el juego absurdo de la “negativitis” y de la censura.

¿Qué estilo de vida escoges? Recuerda que al hablar de los demás -para bien o para mal-  hablas más de ti que de ellos porque cada quien habla de lo que realmente está lleno su corazón.

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