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¿Cómo hacer que ella descanse en Navidad?

EXHAUSTED

Shutterstock - Aleutie

Dolors Massot - publicado el 20/12/17

Exhausta. Esa es la palabra que define a quien lleva el peso de las celebraciones navideñas en la familia. ¿Podemos aliviar su carga?

Primero definamos «ella»: persona sobre la que recae el peso de las tareas durante las celebraciones de Navidad en familia. Léase la que se encarga de recibir en su casa y cocinar principalmente. Estamos hablando en su mayoría de mujeres y en algunos casos (todavía pocos) de varones.

Las reuniones familiares hacen que alguien lleve el peso de la organización de la Nochebuena o Fin de Año o Reyes.

«El lado oscuro»

Pero hablar solo de cocina resulta el primer error. Esa es la parte brillante. Luego viene, como en «Star Wars», «el lado oscuro». Me refiero a:

  1. Pensar el menú. Tener en cuenta gustos y manías de cada uno de los comensales, intolerancias, alergias, capacidad del horno y los fogones…
  2. Despejar el congelador y la nevera para que quepa la compra.
  3. Revisar la despensa y la bodega (vinos, champán, licores…).
  4. Hacer la compra. Prepara la lista, vete a determinada tienda, carga los carros…
  5. Preparar la casa. Adornos, recibidor, comedor, salón, el belén y el árbol.
  6. Poner la mesa. Vajilla, cubertería y cristalería. Manteles y servilletas (replanchar). Preparar el centro de mesa.
  7. Preparar las bandejas, los cuencos, las salseras, los cubiertos de servir. Alguna mesa auxiliar, si hace falta.
  8. Limpieza especial de la zona.
  9. Además de cocinar, servir en la mesa.
  10. Al acabar la comida, el café. Preparar el juego de café, azúcares y edulcorantes, licores…
  11. Fregar los platos, secar y volver a colocar en su sitio la vajilla, la cubertería y la cristalería. Ah, y la cacharrería incluido el horno.
  12. Recoger las sobras de la comida, congelar o guardar en la nevera.
  13. Barrer la zona. Desmanchar manteles y servilletas y poner a lavar.
  14. Secar manteles, planchar y guardar.

Disculpen que me haya extendido, pero es para ilustrar a los que no han caído en la cuenta y creen que las cosas se cocinan solas. 

Intenten leer todas estas líneas anteriores sin respirar. Esa es la sensación de «ella». Resulta agotador.

Pero, como dice una mamá, «yo me quedo deseandito que lleguen los días esos para volverlos otra vez a reunir». Claro que sí. Y así de bonito:

Ahora bien, en vez de esperar a que alguien muera de fatiga, ¿por qué no darle un respiro y hacer que este año la carga sea compartida?

¿Cuál ha de ser el criterio?

Adjudicarle a «ella» solo lo imprescindible. En los talleres de Rolls Royce le llamarían «el know how». Si «ella» es la que mejor cocina de la familia, le queda adjudicado el puesto de mando frente a los fogones. Pero del resto de quehaceres pueden encargarse otros. 

Ahora bien, a veces las familias son extensas. Se puede plantear si, en vez de una persona que cargue con todo, pueden hacerlo varias. Por ejemplo, entre hermanos puede haber reparto de platos cocinados en los días previos.

El sentido común te dice que hay que valorar cosas como la edad y la salud. Quizá mamá, que ha hecho toda la vida la celebración, este año ya no está tan en condiciones y es mejor que se encargue alguien de la siguiente generación. (Aunque todos sabemos que las abuelas tienen un código genético secreto, que ese día les permite dejar de lado la artrosis).

A «ella» le dejaremos escoger lugar en la mesa: querrá estar cerca de la cocina para entrar y salir, pero hay que tratar de que aquel día coma igual que todos (a la misma temperatura casi será un milagro).

Otras tareas a compartir

Seguramente «ella» quiere estar presente en la compra para ver la calidad del producto, marcas… Pero se puede colaborar como chófer y mozo de carga. Eso convalida un día de gym como mínimo.

Pinches de cocina. Alguien puede encargarse de mover los platos, fregar cacharros conforme ya no se usan, acercar ingredientes de la despensa…

¿Quién pone la mesa? Cualquiera se puede encargar siempre que procure no romper la cristalería.

Equipo de servicio en la mesa y equipo de recogida. Que alguien se encargue de sacar cada plato a la mesa, con su salsa y sus cubiertos de servir. Es importante que se recoja con orden. Que se amontonen los platos sin las sobras, que se ponga un primer lavavajillas si disponemos de él.

Equipo de fregado. Cuando acaba la comida, entra todo el mundo en modo pereza máxima. Entonces «ella» dice: «no toquéis nada, que ya lo friego yo cuando os vayais». Rotundamente NO. Con dos o tres personas se organiza un tándem ante el fregadero o el lavaplatos. Y listos.

Y los otros días…

«Ella» suele además ser la que está pendiente de no pocos varios y extras: regalos, llamadas, felicitaciones… Es como la argamasa que hace que el todo sea compacto al final.  

Por eso, más allá del día de la fiesta, habrá que estar pendiente del resto de días. Después de una jornada maratoniana, podemos pensar un plan de descanso que le guste especialmente. Puede ser sofá y manta, pero también un concierto, un paseo, una salida a tomar algo a un lugar recoleto, un par de días a un hotel con encanto…

Muchas veces a «ella» le caen no una sino todas las celebraciones, así que estos días son agotadores. Si hay niños, organicen la casa para que pueda olvidarse de ellos: planes con los tíos single o con los primos mayores o con los abuelos. 

Y, en medio de todo, no olvides que lo que más le descansará a «ella» serán dos cosas: una, saber que están unidos y son felices; y dos, comprobar que se lo han comido todo. ¡Es el mejor modo de decir que estaba riquísimo!

No olviden darle las gracias.

Repartan las sobras (deliciosas al día siguiente), y despídanse con bolsas devidrio y plástico para reciclar.

Opción B a todo

Si se acerca la Nochebuena y están agotados o serán un grupo muy numeroso, cambien de plan.

Existen servicios de cátering de muchos presupuestos y gustos. No hay obligación de cocinar en casa en estas fechas.Lo importante es el sentido de la Navidad, de la unión familiar, de poder conversar, volver a verse. Así que no lo descarten; no es un gesto de menos cariño hacia los demás. No todos somos «superella» todos los días.

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