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Cómo sentirse en paz ante la saturación de tareas y obligaciones

Jetacom Autofocus - Shutterstock
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Hay días en los que uno parece que acumula más que un tren de mercancías. ¿Sabes distinguir lo importante?

Cuántas veces nos ocurre que llevamos pocas horas del día trabajadas y ya el alud de encargos, decisiones, propuestas, deberes y disgustos nos invade. En ese momento, si apareciera una manada de bisontes por la puerta quizás nos parecería un alivio.

El tiempo le pasa volando casi a todo el mundo -con eso ya contamos- pero nos parece increíble que si habíamos comenzado la mañana con una larga lista de tareas, ahora la lista no solo no se ha reducido sino que parece el coloso en llamas.

Es en esos momentos cuando una empieza a pensar que de qué sirven los títulos universitarios o la formación profesional que ha recibido. Te creías JASP (joven aunque suficientemente preparada) y ahora comienzas a ver que lo de “joven” pasa a “antiarrugas” y lo de “suficientemente preparada” es sinónimo de “conjunto vacío”.

La crisis, cuando se prolonga días y días, puede llegar a tal extremo que a una le entren ganas de desaparecer. “No puedo con ello”, “me supera”, “es demasiado para mí”… ¿quién no ha pronunciado estas frases alguna vez? hay cansancio físico y cansancio psíquico.

En aquel momento es cuando uno entiende el poco contenido de las frases new age: “dentro de ti encontrarás toda la fuerza para vencer”, “no necesitas a nadie salvo a ti misma para lograr tu éxito personal”… Y un rábano. Sola, cansada física y mentalmente, una no es capaz ni de hacer bien la compra del pan.

Pero como la experiencia es un grado, vamos a ver si recordando algunos sucesos que todos hemos vivido, podemos sacar lecciones para afrontar mejor la situación la próxima vez que estemos saturadas.

  1. ¿Hiciste una lista previa de tareas? Quizá lo que te ocurre no es saturación sino inundación. Han llegado imprevistos con los que uno no contaba y se colocan por encima como si fueran capas de mantas. A primera hora de la mañana tenías tres tareas pendientes y ahora ya van 7. Bien, pues es el momento surf. Navega por encima de esa ola, o por debajo, o por dentro. Quiero decir que las dejes pasar. Asuntos que uno se ve encima y que a las pocas horas ya han recibido solución por otra vía. Cierto que una no siempre puede torear todas las adversidades, pero sí eliminará unas cuantas de la pista, sencillamente porque dependían de otros factores más que de nosotros. Por ejemplo: un apagón o una restricción de agua porque hay obras en la calle. Cuando te preocupe un corte de luz, piensa en los damnificados por el último huracán. ¿Vas a seguir quejándote igual ahora? Hay gente que lo pasa peor, efectivamente.
  2. Atribuye prioridades. No todos los asuntos son igual de importantes. La delicada salud de un familiar que depende de nosotros, por ejemplo, pasa por delante de lo laboral e incluso a veces obliga a ir más allá de los derechos que establecen la ley y el convenio colectivo. En cambio, piensa si no puedes reducir un poquito el impacto que te produce una mancha en la blusa de la niña media hora antes de que su padre la lleve al cole. Quizá es el momento perfecto para que él aprenda dónde está la ropa de su hija y no tengas que asumir tú ese rol siempre.
  3. En la toma de decisiones, aparca los sentimientos si sabes que suelen apoderarse de ti. A veces es necesario “dormir las cosas”, es decir, dejar que pasen 24 horas para que podamos tomar una decisión más sabia y menos apasionada sobre el tema. Si no, un ataque de ira o unas lágrimas de emoción pueden jugarnos una mala pasada y hacer que valoremos algo con desmesura, con una herida en el corazón o con ausencia de información . La gestión de las emociones nos ayudará a mantener el equilibrio a la hora de juzgar.
  4. Agrupa. Las tareas pueden tener un elemento de conexión que te facilite realizarlas en bloque. Por ejemplo, para varias de ellas tienes que emplear una impresora a color de la que solo dispone un colega. O vas a tener que desplazarte con coche: prepara ruta entonces y ahorrarás tiempo, energía y dinero. O tienes  que hacer cinco llamadas y resulta que tres son a la misma persona.
  5. Anota y tacha. En la mano y con rotulador no, que eso es de la época Spice Girls. Escribe en un papel, un post-it o tu superlibreta doityourself. Numera si quieres y avanza a la hora de tachar como si fueras con una lanza de guerrero masai. Tachar es una liberación, así que hazlo respirando con los dos pulmones.  Al final del día, si no has tachado todo no importa; si has tachado lo más importante, estarás en predisposición de  tener calma.
  6. Si después de jerarquizar, agrupar y tachar, siguen quedando montañas de tareas por hacer y realmente no te da tiempo, asume nuestra condición humana. Pero antes, comprueba si no será que había demasiadas tareas. ¿Es lo mismo? No. De una manera asumes tu limitación, de otra la asumes pero sabes que hay temas que arreglar previamente. Si hoy son demasiadas tareas, vas a rebobinar y a preguntarte “¿por dónde me llegó la fuga de gas?”, ¿por dónde me llegó más trabajo del que podía asumir?” Ese punto de examen te ayudará con el siguiente punto:
  7. No asumas lo que no serás capaz de gestionar. Parece fácil pero tendemos a hacerlo mal. Queremos hacer favores, llegar a todo lo que se presenta y más… ¿Puede que se te haya metido ahí algo de vanidad, de presumir de que eres la que lo puede todo, la servicial y estupenda? ¿Buscas la medalla en tu familia, en tu trabajo, entre los amigos? ¿O puede ser el desorden? No calculas los tiempos y abarcas más de lo que puedes realmente. Toma una taza de humildad al día. Es como una infusión: casi todo es agua, pero el secreto está en lo que pones en la bolsita…
  8. Asumir mis limitaciones es un gran campo de crecimiento interior. Cuando la lista de tareas me supera, uno descubre el potencial de las demás personas, aprende a agradecer, a desprenderse de “medallas” imaginarias… Necesitar a los demás sí que nos hace más humanos y nos hace abrir los ojos a la generosidad de quien nos rodea, a descubrir en él aptitudes que desconocíamos. Ante la lista de tareas que te llevan a perder la paz, levanta la mirada y piensa quién puede ser tu amigo de verdad: el que ayuda, el que colabora sin pedir nada a cambio… Eso que tantas veces has dicho en la teoría, ponlo en práctica.
  9. Es posible que un día te supere absolutamente todo. Has empezado con mal pie, sigues con mal pie y a la que te descuides acabas rompiéndote el pie. Ok. Entonces date 3 minutos. Ve a la máquina del café, enciérrate en el baño o sal a la calle. Es la esquina del cuadrilátero de boxeo. Ese es tu refugio mental. Date 3 minutos y piensa: ¿Qué es lo esencial que debería hacer hoy? Al resto, gancho y a la mandíbula.
  10. Piensa más allá de esas tareas y esas obligaciones que te atormentan. No te ahogues en un vaso de agua. Lo de hoy posiblemente mañana ya no tenga tanto valor, o quizá no tenga ninguno. Así que piensa quién eres y qué misión tienes en la vida. ¿Tu misión en la vida es hacer 10 recados complicados? Ni de lejos. Piensa con objetividad, en tu persona como si te vieras desde fuera. Eso te dará fuerzas para estar por encima de un mal día, porque te recordarás que tu vida no se acaba en esas gestiones desordenadas ni en ese trabajo que ha generado más trabajo.
  11. Una pequeña cosa que consuela: cuando el día ha sido un desastre, acaba la jornada con un acto de amor. Da un beso a tus hijos, deja un whatsapp cariñoso a quien lo necesita, localiza a la persona con quien te has enfadado y pídele perdón de corazón, deja la cafetera preparada para que mañana solo haga falta encender el botón o el fuego (si es italiana)… Cuando alguien ha pasado un día perro, no tiene ganas ni de desmaquillarse el ojo, pero si pruebas a hacer un acto de amor por otra persona, verás cómo se aparta el nubarrón. Somos así de pequeños y así de grandes al mismo tiempo.
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