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¿Qué hacer cuando tu hijo está gravemente enfermo?

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Una madre ha descubierto cuatro grandes pilares que le ayudaron durante los momentos más duros

Desde que Camila y yo comenzamos con el blog Tudo sobre minha mae, hemos intentado compartir lo mejor de nuestras experiencias, lecturas y lecciones aprendidas. Aquí es donde entregamos nuestros corazones. No entraré en muchos detalles por ahora, pero lo que sí puedo decir es que ahora mismo estoy sentada junto a mi hija, que está en una cama de hospital mientras se recupera de una infección que, de no haberla tratado a tiempo, se la habría llevado de mi lado.

¿Qué hacer cuando nos enfrentamos con dificultades así? Primero de todo, y esto es algo que aprendí cuando perdí a mi padre, sin fe no podemos superarlo. Necesito creer que hay un poder por encima de mi poder de madre, por encima del poder de la medicina, que me ofrezca lo que más quiero: la total recuperación de la salud de mi hija. No sé lo que hace una persona que no cree en nada en circunstancias así. Necesito creer en Dios y decirle: “Ayúdame a cargar con esto porque es demasiado pesado para mí”.

El segundo apoyo lo denominaría la magia de la fuerza. Es una fuerza sobrenatural que creo que Dios concede a todas las madres (sí, padres, lo siento, pero aquí me estoy refiriendo solamente a las madres). Es una fuente de fortaleza que nos capacita para ser prácticas, para escuchar lo que dicen los médicos, tomar decisiones, permanecer despiertas observando la respiración de nuestros hijos enfermos, estar listas para tragar las lágrimas y ofrecerles una sonrisa, decirle miles de veces cuánto los queremos.

La tercera gran lección en este proceso es la de aprender el tamaño real de cada cosa. Lo podríamos llamar el descubrimiento de lo que es importante. Este es un periodo en el que parece que estoy haciendo un análisis exhaustivo de los acontecimientos de mi vida… ¿Por qué cosas me alarmé demasiado cuando en realidad no eran nada? ¿Qué es relevante de verdad? ¿Por qué nos quejamos tanto sin motivo real? No quiero olvidar esta experiencia cuando todo acabe porque tiene que servir a algún propósito, para ayudarme a ser mejor.

El cuarto elemento para afrontar la enfermedad de un hijo es aferrarse a un grupo de apoyo. ¡Y estar dispuestas cuando se nos presenta! Sé que muchas personas son cínicas con respecto a este mundo, pero he llegado a creer que hay buenas personas ahí fuera dispuestas a ayudar.

Puedo decir que, aunque viva fuera de Brasil, he construido allí una base sólida de amigos que son prácticamente familia y que me apoyan. Además, ¿para qué tenemos entonces en la vida de hoy las conexiones de Facetime, WhatsApp, or Messenger? Cada mensaje que recibo tiene un poder increíble. Y no me daba cuenta de ello, pero terminé catalogando cada amigo (o familiar lejano) en cajas según mis necesidades: hay quien me ayuda con problemas prácticos, quien me recuerda lo grande que es mi fe, quien me carga de optimismo y quien me hace sonreír incluso en medio de la tormenta.

Lo sé… el contacto real, físico, es siempre mucho mejor. Pero en mi caso, viviendo tan lejos del hogar, la tecnología me trae amor y esperanza en forma de mensajes de texto (sí, ¡incluyendo emojis!). Podrías decirme que es una forma ridícula de recibir sentimientos tan nobles. Y yo te respondería que, en cualquier caso, funciona.

Hoy, una amiga me enviará un videomensaje para que pueda afrontar mi próximo desafío con más equilibrio. ¿Abrazarla en persona sería mejor? Probablemente, pero creo que los abrazos pueden presentarse de muchas formas. Mi fe, mi porción mágica diaria de fortaleza, descubrir lo que de verdad importa y el apoyo de mis muchos seres queridos me están ayudando en esta difícil etapa.

Fabiana Santos es una periodista brasileña casada que vive en Washington D. C. Es madre de Felipe, de 12 años, y Alice, de 6, la preciosa guerrera que inspiró este artículo.

Este artículo fue publicado originalmente en el blog Tudo sobre minha mae.

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