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Participa en “Dance with the Stars” después de cuatro años de estado vegetativo

VICTORIA ARLEN
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La historia de recuperación de Victoria Arlen, una joven estadounidense curada gracias a su fe en Dios y a las oraciones incesantes de toda su familia.

La medicina no había dejado a Victoria Arlen con muchas esperanzas. Pero es que no contaban con su fe, que le permitió soportar su calvario y recuperarse a pesar de un terrible diagnóstico médico: “estado vegetativo”. Estuvo postrada en cama durante cuatro años e incluso le propusieron recurrir a la eutanasia para poner fin a su sufrimiento, según informa el sitio italiano infocatolica. Sin embargo, hoy en día la joven mujer está bien viva y su recuperación, casi total, le permite participar en el programa de televisión Dancing with the Stars, el programa estadounidense de la ABC conocido en España como ¡Mira quién baila! y en Latinoamérica ¡Bailando con las estrellas!

Viéndola bailar, Victoria es la prueba del poder de la fe y de la oración sobre la vida de una persona, sea cual sea la gravedad de su situación. Y su familia, muy devota, no tiene dudas de ello, está convencida de que el restablecimiento radical de su hija es “al 100% gracias a Dios”. Los hechos están ahí y hablan por sí mismos:

“Eres creyente, Él lo puede todo”

Cuando cayó enferma, Victoria solo tenía 11 años. Era una adolescente llena de vida que hacía deporte y le encantaba bailar cuando, de repente, de un día para otro, su cuerpo empezó a fallarle. Sufría una inflamación del cerebro y de la médula espinal, lo que hacía que fuera perdiendo gradualmente la función de sus piernas y brazos. Hasta que ya no pudo tragar o hablar. Su condición empeoró hasta el punto de que los médicos constataron un “estado vegetativo” del que, aseguraron, ya no podría salir. Su cuerpo estaba completamente bloqueado, deformado.

Victoria escuchó cómo el cuerpo médico anunciaba a sus padres todas esas sombrías previsiones. Pero era más fuerte que ella, en ese cuerpo “sin vida”, su alma galopaba a toda velocidad. Una enorme y maravillosa razón la empujó a no dejarse arrastrar inexorablemente hacia las tinieblas de una vida de ese tipo, hacia la desesperación más absoluta: el amor de su familia y su fe en Dios. “Luchaban por mí y yo por ellos”, afirmaría. Y a fuerza de repetirle sin cesar “eres creyente, Él lo puede todo” para animar la llama de su fe, sus padres agudizaron su deseo de encontrarse con el Señor, de hablarle antes de la hora de su muerte.

Oraciones y esfuerzo físico

Durante dos años, Victoria rezó incansablemente. Dios era su único confidente, la única persona con la que podía conversar durante su calvario. Sentía ganas de rendirse. Pero Él, su confidente, nunca la abandonó: “Tuve la impresión de vivir una epifanía, es decir, que el Señor se manifestó ante mí”. Ella decidió rezarle, la última antes de dejarse morir, pensó. Esta oración se transformó en una promesa: “Si me das esta segunda oportunidad en la vida, te prometo que no perderé ni un solo momento de mi nueva vida (…) para utilizar mi voz y mi vida para Ti”.

Poco a poco, Victoria comenzó a moverse, luego recuperó el uso de sus brazos y gran parte del resto de sus facultades, excepto las piernas, lo cual le obligó a desplazarse en silla de ruedas. Pero esta joven, una vez más llena de esperanza, encontró la fuerza para luchar, todavía con el apoyo en sus esfuerzos a través de las oraciones de sus allegados. A pesar del largo camino que quedaba por recorrer, nada la detuvo y decidió participar en el programa estadounidense de baile Dancing with the Stars. A través de su participación, quería dar ejemplo y transmitir a otras personas esa fuerza que ella misma ha extraído de Dios.

El secreto de la esperanza

Como tantas veces invita el papa Francisco en sus catequesis sobre la esperanza cristiana, transmitir esperanza significa animar mutuamente ante los desafíos de la vida cotidiana. Este es el objetivo que persigue Victoria Arlen desde 2012, fecha en la que comenzó su trabajo de rehabilitación compartiendo su experiencia en las redes sociales para inspirar a otras personas. Su primer objetivo, explica, es “llevarlos a encontrar la luz y el amor de Dios, dar fe y esperanza, y darnos cuenta de que no todo está perdido”. La fe en Dios fue su Salvación y la joven quiere hacerlo saber. Cualquier ocasión es buena para reafirmar su “confianza en Dios y en Su proyecto”, y para volver a darle gracias por haber tenido la posibilidad de “estar aquí hoy, compartiendo mi historia”.

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