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Los nuevos líderes mundiales son jóvenes de menos de 40

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¿Por qué en América Latina existe esta prevención contra los jóvenes?

Cada vez más jóvenes acceden a las más altas responsabilidades políticas en sus países. Es un fenómeno reciente. Y estos jóvenes han llegado a la máxima jefatura del Estado o del Gobierno ganando sendas elecciones generales, es decir con los votos de sus ciudadanos.
Este fenómeno es debido a que se asiste a un recambio generacional en países de democracia consolidada y que los jóvenes tienen una mejor preparación. Por otro lado, los jóvenes viven más cerca de la calle y no están contaminados por la burocracia de los partidos, lo que les da un lenguaje más franco y más auténtico.

 

Carreras fulminantes

El caso más singular es el de Sebastian Kurz, de 31 años, que ganó las elecciones en Austria (2017) al frente del Partido Popular, con un programa centrado en frenar la inmigración, el tema más caliente de su país. Ya había sido ministro en el gobierno anterior.
Sin duda el caso más importante es Emmanuel Macron, de 39 años, presidente de Francia (2017), que ganó por abultada mayoría y con un partido nuevo sobre las cenizas del Partido Socialista y parte del partido de los Republicanos de la derecha. Macron es un ferviente europeísta y los suyos dicen que “sabe escuchar” (muy importante para un joven).

EU2017EE Estonian Presidency - CC BY 2.0

En Irlanda, Leo Varadkar, de 38 años y de origen indio es el nuevo Taoiseah (Presidente del Gobierno) tras las elecciones de 2017. Conservador, líder democristiano y al mismo tiempo gay reconocido públicamente. Irlanda salió de la crisis económica y hoy es uno de los países con mayor crecimiento de Europa.
En Bélgica, el primer ministro Charles Michel, tiene 41 años y fue elegido en 2014 a los 38 años. Bruselas es la capital también de la Unión Europea.
En Estonia, el primer ministro Juri Ratas fue elegido a los 38 años (en 2016).
En Ucrania en 2016 fue nombrado Primer Ministro Volodymyr Groysman, con 38 años, de familia judía, un conservador partidario de una Ucrania totalmente independiente de Rusia.

En Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, de 37 años, del Partido Laborista, es la presidenta del gobierno (2017), tras los pactos post electorales. Los pactos de gobierno se centran en una política contraria a la inmigración y más bien conservadora en lo económico.

Governor-General of New Zealand - CC BY 4.0

En Grecia ganó las elecciones en 2015 Alexis Tsipras, de 40 años, al frente del partido de extrema izquierda, Syriza.
En Túnez, el primer ministro Youssef Chahed tenía apenas 40 años cuando juró el cargo en 2016. Es el líder más joven que haya conocido Túnez desde su independencia en 1956.
En Canadá conocida es la juventud del primer ministro, Justin Trudeau, del Partido Liberal. Fue nombrado primer ministro en 2015 a los 43 años.
En el caso de España el cambio de la dictadura del general Franco a la democracia, llevó a la presidencia del gobierno a tres políticos jóvenes: Felipe González (40 años) y José María Aznar (43 años) y José Luis Rodríguez Zapatero (44 años). El mismo Rey de España, Juan Carlos I, accedió al trono a los 37 años, tras la muerte del general Franco, y su hijo, el rey Felipe VI, le sucedió a los 46 años.

Recelos hacia los jóvenes en América Latina

Mucho se ha escrito sobre la política y los jóvenes en América Latina, especialmente sobre los motivos por los que los jóvenes, la juventud en general, tienen poco interés por la política. ¿Por qué?
Numerosos estudios a nivel universitario se han llevado a cabo en muchos países, y uno de los motivos que se citan como parte del problema es el límite de edad para ser Presidente. Hay que tener al menos 40 años en Guatemala; 35 años en Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, México, Paraguay, Panamá, Perú y Uruguay; 30 en años Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Honduras, República Dominicana, Venezuela y 25 años en Nicaragua.

Además, existen dificultades que ponen los partidos políticos a la hora de permitir una mayor participación de los jóvenes y sobre todo que los jóvenes tengan más responsabilidad dentro de los aparatos políticos, tanto de los estados como de los partidos. Los partidos adolecen muchas veces de muy poca transparencia y la promoción suele estar ligada demasiado al amiguismo, más que a la valía de la persona.

Otra de las causas es el desinterés de los partidos políticos en dar formación a los jóvenes para que aprendan a moverse en las instituciones del Estado a todos los niveles.

Esta situación preocupa a los países, como México, en que los jóvenes representan el el 25,7 por 100 de la población, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

En un estudio realizado en Argentina, los jóvenes “desarrollan el interés por los asuntos públicos a medida que entran en la adultez, empiezan a trabajar y forman un hogar” (José Eduardo Jorge, en “Sedici” de la UNLP).

En Perú no se toman en serio formar a jóvenes políticos, según la cadena de Radio y TV “Exitosa”. “La mayoría de casas ideológicas -dicen- viven entrampadas en la desgastada rutina política, en la estrategia electoral o de posicionamiento en la población, dejando a la deriva a sus jóvenes políticos”.

Los jóvenes de Costa Rica –un buen número de ellos—dicen que la política les da “asco”.

En Chile un joven político muy popular, Giorgio Jackson, no puede presentarse a las elecciones presidenciales ni este año ni en las próximas porque no habrá cumplido los 35 años para ser presidente.

 

¿Cómo se puede activar el interés de los jóvenes en Latinoamérica?

La lección latinoamericana es que hay que comunicar al joven que la política es una profesión digna, igual que cualquier otra, y no se prospera a base de trapicheos y chapuzas. Que no toda política debe basarse en encuestas y pactos con otros poderes, pues en política deben defenderse unos valores, los propios o los de la formación política (que estará de acuerdo con los propios) porque son buenos para los ciudadanos. Hace falta una actuación política tal vez más auténtica entre los candidatos.

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