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¿Con quién se casará mi hijo?

WEDDING
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Nuestros hijos generalmente elegirán como pareja a alguien como papá o mamá.

Rezo por las que serán mis nueras -porque solo tengo hijo varones- desde que ellos estaban en mi vientre.

Por muchos años esa fue mi gran preocupación hasta que caí en cuenta que, en vez de preocuparme por eso, decidí ocuparme en ser un modelo a seguir para mis hijos porque ellos, cuando llegue el momento, elegirán como pareja a alguien muy parecido a mí.

¡Es fuerte, verdad? Pero así es. Nuestros hijos generalmente elegirán como pareja a alguien como papá o mamá.

Entonces, cambié mi enfoque: ¿De verdad me gustaría que mis hijos se casaran con una mujer como yo? En muchos aspectos, sí aunque preferiría que se casaran con alguien mucho mejor que yo.

Obviamente, lo ideal es tener este enfoque desde que ellos son pequeños. Sin embargo, nunca es demasiado tarde para comenzar a hacer cambios en positivo.

Si eres varón hazte la misma pregunta: ¿Me gustaría que mis hijas eligieran a un esposo como yo? Si tú respuesta es que sí, entonces felicidades. Sigue adelante y como dicen los jóvenes: “¡Vales chorros! ¡Nunca cambies!”.

Sin embargo, pienso que todos tenemos áreas de oportunidad, cosas en las que podemos ser aún mejores. Cada uno debe descubrirlas de manera responsable y sincera y, a continuación, hacer los cambios y ajustes necesarios para ser padres ejemplares de verdad y lograr que nuestros hijos elijan a su pareja desde la abundancia y no desde la carencia. Es decir, desde lo que sí hay y no buscando o pretendiendo que alguien más llene sus vacíos o les proporcionen lo que les falta.

PARENTS
Syda productions - Shutterstock

Cuando nuestros hijos llegan a la edad casadera, los papás nos deshacemos en consejos: fíjate en eso, cuídate de aquello, etc.  Es aquí cuando digo que ya no es hora de palabrear, sino de invitarles a que observen y sean reflexivos, de invitarles a que nos vean y que fuera de juicio tomen de nuestro ejemplo todo aquello que de verdad les suma y lo que no, que lo desechen.

Este tipo de ejercicio de reflexión nos ayuda a todos, tanto a papás como a hijos, porque nos hace darnos cuenta de todo aquello que aún tenemos por mejorar.

Eso sí, los papás debemos estar listos y dispuestos para escuchar las áreas de oportunidad que nuestros hijos nos harán ver.

Afortunada y a veces desafortunadamente, por muchas recomendaciones que les demos, ellos ya están educados con un patrón de conducta, con hábitos aprendidos, con inclinaciones y tendencias. Aprendieron de lo que es el amor, la vida en pareja y el matrimonio por cómo fue modelado en el hogar por nosotros, sus padres.

Ya para esa edad nuestros hijos -al igual que sucedió con nosotros- llevarán un cúmulo de heridas emocionales de las que ni siquiera son conscientes y generalmente elegirán pareja desde ellas. Me explico. De una forma involuntaria y entre otras cosas buscarán unirse a alguien que llene sus carencias afectivas. Es decir, elegirán pareja o buscarán el amor de acuerdo con todo eso que recibieron y que también les faltó en la infancia.

Por ejemplo. Si una persona recibió mucho amor y protección, pero lo que le faltó recibir fueron cuidados y motivación, cuando salga al mundo, en sus relaciones lo que de manera inconsciente irá diciendo es: “Yo te doy amor y protección a cambio de que tú me cuides y me motives”.

Esto quiere decir que la persona va buscando afuera lo que le falta, aquello de lo que es carente y con tal de recibirlo, ofrece a cambio lo que en su infancia sí recibió.

Por lo mismo, papás, nunca es tarde para mejorar.

Si eres una mamá y esposa que de continuo mangonea a su esposo, que eres controladora, posesiva o celosa, ¿te gustaría que el día de mañana la esposa tratara igual a tu hijo, que lo controlara y lo celara como tú lo haces con tu marido?

Si eres un papá y esposo machista y manipulador, insensible, mujeriego o violento, hazte la misma pregunta. ¿Te gustaría que tu hija se casara con un hombre como tú que de continuo le falta el respeto a su esposa con esa actitud soberbia y punitiva?

Y no hablo de karma ni de esas cosas en las que yo no creo, sino de sentido común. La gran mayoría preferimos lo conocido, aunque muchas veces lo conocido duela.

Por eso tanto, no hay que preocuparnos tanto de con quien se casarán y ocupémonos por formar seres íntegros y hacer hogares unidos, abundantes de amor, respeto y cariño.

Trabajemos en llevar una vida virtuosa, llena de valores y de todo eso que verdaderamente lleva a una persona hacia la plenitud. Formemos seres íntegros y emocionalmente sanos. Así será menos probable que se equivoquen con la pareja.

Y por supuesto, no dejemos de dejar de rezar por ellos y por quienes serán sus cónyuges.

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