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¿Adultera el cine de Hollywood la simbología cristiana?

MOVIE
20th Century Fox
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Una lectora de Aleteia nos lanza una pregunta a propósito de La guerra del planeta de los simios: ¿es ético asociar la cruz de Cristo a un psicópata como el que interpreta Woody Harrelson en la película?

Es cierto que cuando uno va a ver una película que en teoría, se le presupone familiar, a veces los padres tenemos que lidiar con determinadas preguntas con las que no contábamos para ese día. La guerra del planeta de los simios es una película que, por ejempló en España, recibió la clasificación de No recomendada para menores de 12 años. Es decir, que en otras circunstancias podría haber pasado como “película especialmente recomendada para la infancia”. La guerra del planeta de los simios no llegó a tanto pero jugaba en la misma liga.

Una familia católica fue a ver La guerra del planeta de los simios y se tropezó con algo con lo que no contaba. Un villano sanguinario y “cristiano”, la cruz de Cristo asociada a un psicópata. Algo que al parecer no llamó la atención de nadie. O mejor, casi nadie.

Lo cierto es que los que estamos curtidos en esto de ver toda clase de películas, nos hemos acostumbrado a contemplar cómo se utiliza la Cruz para asociarla al fundamentalismo. A veces solo hace falta atisbar un comportamiento perturbado y acto seguido, por ejemplo, vislumbrar una Biblia en el bolsillo para entender que estamos ante un loco peligroso.

Este es un recurso que se ha utilizado, y se sigue utilizando mucho en el cine, tal vez porque ahorra mucho tiempo a directores y guionistas. La religión, y esto no es ninguna sorpresa, ha sido utilizada a lo largo de la historia con objetivos a veces muy poco honestos. Alentó la Inquisición en la Edad Moderna, y dio alas a la conocida Caza de Brujas en la América colonial del siglo XVI.

Puede que debido a esto, y a los prejuicios que esto generó (muchos creen que los cristianos todavía vamos por ahí quemando brujas) resulte muy tentador suprimir hojas de guion y horas de filmación si únicamente asociamos a un tipo raro con un símbolo, ya no cristiano, religioso.

Sin embargo, aunque esto es verdad, no es menos cierto que también en Hollywood, en películas que no son estrictamente católicas, la presencia benigna de Dios y todo lo que ello implica se deja y se ha dejado sentir con frecuencia. De hecho, esto lo podemos comprobar con suma facilidad en el cine de terror, probablemente el extremo más opuesto en el que supongo que por contraste, lo bueno destaca sobre lo malo.

Al final de El exorcista (1973), cuando la niña que ha sido poseída por el diablo y que ahora ha sido liberada gracias a la heroica acción de dos sacerdotes, ve un alzacuellos y la joven siente el irrefrenable instinto de besar al padre que tenía delante, porque de algún modo sabía que allí había bondad.

En El sexto sentido (1999), Cole es un niño que vive atemorizado porque ve fantasmas y no sabe cómo controlarlos y el único sitio en el que se siente a salvo es en la Iglesia.

En La profecía (1976) solo los símbolos cristianos pueden luchar contra el Maligno reencarnado en el cuerpo de un niño de siete años.

En Expediente Warren (2013) el matrimonio formado por Ed y Lorraine son los únicos parapsicólogos avalados por la Iglesia capaces de hacer frente a determinadas amenazas del Más Allá, y en toda película de vampiros que se precie, el crucifijo es un arma imprescindible.

Conclusión: En el cine es obligatorio ofrecer un aspecto cambiante y no terminar haciendo siempre lo mismo. Por esta razón en ocasiones nos podemos encontrar con que cosas que creíamos buenas ahora resultan que son malas. Pero no es más que una forma de inquietar al público. Y lo consiguen.

Mi consejo es interpretarlo como un recurso narrativo. Nada más. Nos puede servir también para hacer algo de historia y admitir que hasta los cristianos, en más de dos mil años de historia, hemos cometido errores. Faltaría menos. Pero al final creo que también nos serviría para recordarnos que donde habita la bondad infinita nada, ni si quiera una película, puede mancillarla.

 

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