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El primer Ecobarrio de Chile: Sembrar en tierra buena

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Un grupo de vecinos recupera un basural y lo transforma en un huerto abierto para la comunidad

“Es maravilloso meter la mano a la tierra, ensuciarse así. Hoy coseché papas y es maravilloso, porque además ves cómo van saliendo tus cosas, todo lo que sembraste en algún minuto. Ojalá viniera más gente porque esto es abierto a toda la comuna. Tenemos buenos monitores y aprendemos mucho. Es un lugar especial donde existe el compañerismo”.

Con estas palabras Eliana Ávalos -expresadas a través de un reportaje del Periódico Encuentro perteneciente al Arzobispado de Santiago de Chile- dio testimonio de su participación activa en lo que puede ser interpretado como el sueño de sembrar en tierra buena y que los frutos puedan ser aprovechados por quienes más lo necesitan.

Es que desde hace más de 10 años comenzó a gestarse aquel sueño de la construcción de un Ecobarrio en la Villa 4 Álamos de la localidad chilena de Maipú y que concursó a nivel local para que se aprobara a nivel municipal.

Precisamente, en ese lugar lo que antes predominaba era un basural y gracias un esfuerzo comprometido, que incluso contó con la participación de agentes pastorales de la Arquidiócesis de Santiago, fue posible la transformación del lugar en un huerto abierto para la comunidad.

Actualmente es posible contemplar la presencia de árboles nativos y también hortalizas. Los alimentos se extraen cuando “alguien realmente lo necesita”, aclara el reportaje. Por otro lado, el sitio se ha convertido también en centro de visitas y referencia tanto para escolares como para otras organizaciones defensoras del medio ambiente.

“Es una propuesta distinta de cómo vivir en ciudad. Se trata de cuidar el medio ambiente, mejorar la calidad de vida y aportar a un nuevo tipo de economía”, explica a ese medio Luis Márquez, coordinador del Centro de Difusión Social Ecobarrio.

“Tenemos en un lugar cerrado y otro en plena calle y lo que está ahí lo saca la gente que lo necesita. Se ha dado que no arrancan la mata completa. Lo mismo pasa con los árboles frutales. Ahora ya están tomando más conciencia con el reciclaje, estamos en un proceso que estamos transformando incluso el aceite de frituras; lo que hacemos es acopiarlo, para que empresas lo reciclen”, agrega.

Por el lado de los vecinos -entre ellos algunos con edad avanzada-  la vinculación con la causa también se hace fundamental para la sostenibilidad del proyecto. Fueron ellos quienes de alguna manera también jugaron un rol protagónico en 2004 cuando la construcción de un colegio en el terreno derivó en la tala de más de 100 árboles en el lugar.  Esto generó indignación y redobló la defensa del sitio, incluso con rondas de vigilancias en las noches.

A través de una junta de vecinos se decidió entablar la férrea transformación del lugar, acción que terminó generando lo que hoy representa todo un ejemplo comunitario.

“Es un orgullo para nosotros ser el primer ecobarrio del país, lo hablo con pasión, llevo 43 años en la villa y nadie puede desconocer los cambios que han habido, cómo nos ha cambiado la calidad de vida, cómo algunos vecinos pueden llevarse acelga, papas, ajo, ciboulette, yerbas medicinales, entre otras cosas, y usarlas. La idea de aquí es compartir, no es con un uso comercial”, dijo a Encuentro Ricardo Acuña, uno de esos vecinos comprometidos.

Pero los vecinos no están solos en todo esto. También fue fundamental el apoyo de agentes pastorales de la Arquidiócesis de Santiago e incluso hay un ferviente deseo de que la experiencia se repita en otros barrios y parroquias de la zona.

“Es una iniciativa de vecinos luchando por una situación que les pareció una pérdida, pero que eso lo han transformado en una historia positiva e inspirada en valores humanos y evangélicos. Yo creo que ellos han encontrado un apoyo sólido en la doctrina del Papa Francisco, en Laudato Si’, sobre una ecología de carácter integral y humanizadora, que quiere invitarnos a una convivencia más adecuada”, afirma Galo Fernández, obispo auxiliar de Santiago.

De esta manera, el sueño continúa y sembrar en tierra buena está dando sus frutos. De momento, estos vecinos han logrado dar el ejemplo de que es posible desarrollar estas actividades en un barrio, donde predomine el ánimo de pensar en los demás y cuidar la “casa común”.

 

 

Artículo en base a Periódico Encuentro de la Arquidiócesis de Santiago  

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