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Es falso, Lizzie Velasquez no es “la mujer más fea del mundo”

Lizzie Velasquez | Facebook
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El calificativo que a menudo usan con ella —"la mujer más fea del mundo"— no es solo cruel, sino además falso.

¿Qué harías si un día estuvieras navegando por Internet y encontraras un vídeo llamado “La mujer más fea del mundo” —con 4 millones de reproducciones— en el que tu propio rostro te devolviera la mirada?

¿Llorarías? Yo lloraría. ¿Leerías todos y cada uno de los miles de comentarios execrables, algunos de los cuales te recomiendan matarte para hacerle un favor al mundo? Yo los leería. ¿Les darías crédito y caerías en la desesperación? Yo, probablemente, sí.

¿O tal vez escogerías un camino diferente, más duro y más valiente? ¿Dejarías que ese momento fuera el impulso que te llevara a ser quien eres, que te inspirara para alzar la voz incansablemente contra el acoso, el bullying y cuestionar nuestros frívolos estándares de belleza?

 

Lizzie Velasquez escogió este segundo camino. Nació cuatro semanas antes de lo previsto y los médicos quedaron tan impactados por su aspecto que primero llevaron una fotografía Polaroid a sus padres para prepararlos para la visión de su hija. Pero sus padres no quisieron la fotografía, querían a su bebé y exigieron que los médicos la trajeran inmediatamente.

El diagnóstico oficial de Lizzie es síndrome progeroide prenatal, un trastorno genético que le impide ganar peso y que la ha dejado ciega del ojo derecho y con visión limitada en el izquierdo. Lizzie se crió en Texas, EEUU, y dice que sabía que su aspecto era diferente del de otros niños, aunque el profundo amor de sus padres por ella le dieron unos cimientos de confianza y seguridad.

Fue la confianza del amor de sus padres lo que la salvó cuando se encontró con aquel vídeo de YouTube cuando tenía 17 años. Tras leer todos los comentarios, buscando desesperadamente a una persona que la defendiera, fue a buscar a su madre en la sala de estar. “Sabía que si aquel vídeo me había machacado tantísimo a mí, no podía concebir cómo podría afectarle a ella. Y creo que en ese momento se encendió para mí una luz; no estaba dispuesta a quedarme sentada ahí y permitir que sus palabras fueran la definición de quién soy”.

Un año más tarde, el director de su escuela pidió a Lizzie que diera un discurso frente a los alumnos de su instituto. El director le garantizó con antelación que habría profesores cerca para calmar a los estudiantes si se ponían revoltosos, pero cuando Lizzie alzó la vista en mitad de su discurso, sus compañeros estaban todos en absoluto silencio y totalmente centrados en ella. Algunos incluso rompieron a llorar. En aquel momento, Lizzie sintió cómo esa “barrera de ser diferente” que la rodeaba desaparecía y cómo todos fueron solo “un grupo de personas”.

La experiencia fue un punto de inflexión para Lizzie, que ha llegado a convertirse en una conferencista motivacional y ardiente defensora anti-bullying. Ha dado charlas en Tedx talk, escrito varios libros y tiene su propio canal de YouTube y serie en Fullscreen, y durante toda su vida ha confiado en su fe católica para superar los momentos más oscuros.

“Ha sido mi roca durante todo este tiempo, solo con dedicar un tiempo a estar sola y rezar y hablar con Dios y saber que Él está ahí para mí”.

En casi todos los artículos sobre Lizzie, el titular contiene alguna referencia a aquel vídeo de YouTube que la calificó de “la mujer más fea del mundo”. Pero si Lizzie puede enfrentarse a esa narrativa y demostrar lo radical y completamente falsa que es, todos podemos seguir sus pasos y negarnos a perpetuarla. De cualquier manera, no es fea. Es hermosa, en todas las maneras.

 

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