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La crisis humanitaria venezolana en la agenda del Papa

Fray Nelson Sandoval
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Desde la Asamblea Nacional Constituyente Maduro decretó más hambre y más inflación

La agudización de la crisis humanitaria en Venezuela se ha revelado en Colombia como parte importante de las preocupaciones papales. Es la dimensión humana del drama político y social que vive el país, el cual se manifiesta en el hambre, la carencia de insumos médicos,  en medio del espectáculo deplorable de la indiferencia  por parte de los factores de poder.

Fue uno de los temas centrales en la conversación, breve pero de sustancia, que sostuvieron los cardenales y obispos venezolanos con el Papa Francisco en Bogotá. Igualmente, el compromiso de los  pastores con el pueblo en la defensa de sus derechos fue tema para que el Santo Padre reiterara su acompañamiento y acuerdo con la actitud asumida hasta el momento por la Iglesia venezolana.

El espaldarazo a los obispos de este país se traduce en un  gesto del Papa Francisco especialmente significativo en un contexto en que el gobierno ha puesto todo su aparato generador de matrices de opinión en función de enfrentar al “papa bueno” con los “obispos malos” venezolanos. La realidad es que el episcopado venezolano posee una robusta capacidad de respuesta y habla en su patio conociendo a fondo el drama que vive el pueblo venezolano.

El Papa y la Santa Sede se mueven a otro nivel, en perfecta armonía y comunión, respetando escrupulosamente el pontífice el protagonismo que la Conferencia Episcopal Venezolana ha venido desarrollando de manera impecable. Trabajan a dos canales que jamás se bloquean. Como decimos en criollo, entre bomberos no se pisan la manguera.

El episodio en Colombia reforzó esos lazos y el acompañamiento firme del  Vaticano, tanto del Papa como el Secretario de Estado Cardenal Parolin. La crisis humanitaria en Venezuela y la defensa de los derechos humanos y ciudadanos vulnerados por el régimen de Maduro han sido una constante en los planteos sobre la mesa, tanto desde Roma como en las exhortaciones pastorales y documentos diversos de la CEV, y no son negociables.

El gobierno niega abrir un canal y la situación social de Venezuela es cada vez más explosiva. Una peligrosa acumulación de ira y resentimiento que puede ser telúrica es primera preocupación de la Iglesia venezolana. Cuando ello implosione puede llevarse por delante, también, a quienes la están alimentando empeñados en mantener, insensibles, sus erradas políticas.

Ayer, durante la larga cadena de radio y televisión, Maduro anunció más aumentos y la gente amaneció con caras largas en el metro mañanero. El gobierno ha logrado que nos convirtamos en el único país cuya gente se angustia cuando el Presidente anuncia aumentos de sueldo.

Tenemos más que claro que le siguen despidos en las empresas,  más escasez y alimentos más caros. Las contradicciones son de antología. Habló del dólar  como  “moneda opresora” pero no renuncia a ellos por la venta del petróleo y quiere que los “inversionistas gringos” se mantengan en el país pero las amenazas con aumentar la persecución política no cesan y se mantiene la Asamblea Nacional como instancia discrecional que garantiza la inseguridad jurídica. Habló de más persecución política a las figuras disidentes pero se presenta como animador de “la paz”.

Por primera vez en Venezuela, país mestizo, se escucha hablar de “supremacía blanca” a la que culpan de la fantasiosa “guerra económica” que sufre Venezuela un escandaloso recurso de Maduro para atacar a Trump de cuyo triunfo hicieron casi fiesta nacional. Es el escándalo de una conducción errática que condena al pueblo al hambre y sostiene al poder. Los obispos tienen razón cuando califican esto de “moralmente inaceptable”.-

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