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Los caballos de Dios: Una reflexión sobre cómo se «hace» un terrorista islámico

LES CHEVAUX DE DIEU
© 2012 - Les films du nouveau monde
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Apropiada película sobre la captación de yihadistas para estos días de terrorismo y jóvenes radicalizados

Del fútbol a la yihad. Inspirada en la novela homónima de Mahi Binebine, Los caballos de Dios narra a través de dos décadas el proceso de radicalización de unos jóvenes de Sidi Moumen, barrio suburbial de Casablanca. De niños a hombres-bomba, o lo que es lo mismo en su terminología: caballos de Dios o mártires.

Nabil Ayouch da a la cinta todo lo que encontramos en las novelas de Chukri: pobreza, polvo, dureza, montañas de basura como posible mina de oro, inhumanidad y mucha invisibilidad. Pero hay cambios. Ahora estamos en la década de los 90 en Casablanca, y no en el Riff. Los padres siguen ausentes; las madres se han enganchado a las telenovelas occidentales, y los niños tienen como sueño el futbol europeo. Fuman y beben, y frivolizan con el sexo. Lo mismo que los jóvenes de Nueva York, París o Barcelona. Yachine y Hamid, los protagonistas de la película, podrían ser Paco, Tom, François, Miquel… ¿Cuál es la diferencia? Que pasan los años y no les pasa nada.

Hay cambio de rey en Marruecos, las Torres Gemelas son derrumbadas, el mundo cambia, pero ellos siguen igual de invisibles. El relato del sueño americano no es para ellos. Hamid se vuelve un delincuente enfadado con el mundo y pasará por prisión; Yachine irá tirando con trabajillos pobres. Cuando Hamid sale de la cárcel, algo ha cambiado: se ha vuelto un musulmán de oración, pero está raro. Regala cintas de la Meca, hace apagar la tele a su madre, y posee una autoridad enigmática.

Los acontecimientos llevarán a convencer a Yachine y a sus amigos de ir a la mezquita, único lugar donde poder recuperarse como personas. Allí les espera un imán salafista que les entrenará religiosa y militarmente. Poco después, les propondrá convertirse en alguien y salir de la anomia. Han sido escogidos para ser la esperanza hasta la resurrección; les toca el martirio. Para ello deberán atentar contra los occidentales, auténtica amenaza para el Islam auténtico. Unos puntos estratégicos de Casablanca serán ideales. Es 2003, y llega el 16 de mayo. El resto es ya conocido: 41 muertos.

Caballos de Dios es una aproximación libre a los atentados de Casablanca. Naturalista, lenta y costumbrista, es a la vez dura e inquietante. Sin entrar en identificar una sola causa del terrorismo yihadista, la cinta camina por la vida de unos chicos normales que acaban convertidos en terroristas. Ayouch es claro: también para ellos es una sorpresa espeluznante. No en vano, en Casablanca alguien estalló por ellos el detonador… Es casi imposible no sentir compasión hacia ellos. Hasta el último minuto cruzas los dedos para evitar el desenlace.

¿Es posible desear el mal? ¿Qué responsabilidad tenemos en los hechos de Casablanca, París, Niza o Barcelona? Ayouch propone una cinta que no dejará indiferente a nadie. En estos días de terror es fácil dar razones de todo tipo, casi siempre maniqueas: que si el nihilismo, que si la secularización, que si la religión… Los caballos de Dios va más allá. Es posible hacer el mal porque tiene apariencia de bien. Reducir los atentados o el yihadismo al mero nihilismo o cualquier otro sambenito de condena no hace más que alejarnos del otro.

Sí, en Los caballos de Dios se atribuyen los hechos a ese sentimiento de opresión y marginación que hacía a los niños de Casablanca víctimas fáciles del fanatismo orquestado. Pero la marginación y opresión están en cualquier sociedad.

Debemos aceptar, como se ve en el filme, que toda violencia tiene un fondo complejo, en el que religión, economía, política y misterio se entrelazan incómodamente. No hay medida de seguridad que sirva. Hay grupos que en nuestro mundo del descarte quedan anómicos, sin reconocer, sin visibilidad social, despreciados. Cuando la percepción de la discriminación y la falta de integración se unen a la culpabilización del otro, la criminalidad y a la violencia se convierten en recurso, como se ve en la cinta de Ayouch.

Tras los atentados de Barcelona, y tras ver la cinta se hace más urgente, tender puentes de diálogo social e interreligioso. Hay que romper las espirales de silencio, las complicidades surgidas de la acusación del otro. Hay que reeducar la mirada, como propone el arzobispo de Tánger, monseñor Santiago Agrelo. Se trata de construir una cultura moral que incluya a todos, afectados, despreciados y excluidos, en la posibilidad de vivir la propia experiencia en un espacio democrático libre y amoroso. En esto, no hay excusa ni análisis que valga.

 

Ficha Técnica

Año: 2012

País: Marruecos

Director: Nabil Ayouch

Guión: Nabil Ayouch (Novela: Mahi Binebine)

Música: Malvina Meinier

Fotografía: Hichame Alaouie

Reparto: Abdelhakim Rachid, Abdelilah Rachid, Hamza Souidek, Ahmed El Idrissi El Armani

Duración: 113 min.

Género: Drama; terrorismo; religión.

Clasificación: No recomendada para menores de 17 años.

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