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¿No importa lo que los otros piensen de nuestros sueños? Bueno, no es del todo así

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En el camino de la vida contaremos con ayuda para superar los obstáculos personales y las barreras que otros nos levantarán por envidia

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La protagonista del vídeo quiere ser gimnasta. ¿Tú qué quieres ser? Piloto, veterinaria, artista, maestro, financiera, médico, abogada, arquitecta… Y nuestros sueños no solo se circunscriben al mundo profesional. Puede que tengan que ver con una afición, con un objetivo familiar, con una vocación…

Uno empieza a remar para alcanzar la meta y se encuentra con las dificultades personales, las de nuestra misma condición: quizás no reunimos todas las cualidades (y habrá que empeñarse), quizá el objetivo tarda más tiempo de lo previsto en conseguirse…

También es posible que haya personas a las que no les parezca bien nuestro sueño. A veces los sueños despiertan envidia, tristeza en otra persona porque nos ve alegres luchando por alcanzar la cima. Y las envidias a veces son sibilinas pero otras son abiertamente enemigas de nuestros progresos. Los codazos, los empujones, la maledicencia, las trampas, la calumnia… Forman parte de la condición humana y estamos expuestos a ellos.

Cuando alguien lucha por avanzar en su camino, se ponen en marcha un cúmulo de acciones voluntarias. Con el tiempo, a base de insistir un día y otro, se realizan con facilidad y parece que todo fue fácil desde el primer instante. Pero quien lo ha practicado lo sabe: detrás de cada salto hay mucho entrenamiento, detrás de cada buena calificación hay horas de esfuerzo y sacrificio.

La New Age se ha encargado de hacernos creer que lo podemos todo. Mira en tu interior, dicen, y lo podrás todo. Qué gran mentira. Si creemos a la New Age, cuando uno comprueba su propia fragilidad tarde o temprano se acaba rompiendo por dentro. El final de la New Age es una soledad infinita.

La New Age conduce a un aislamiento, a pensar que somos autosuficientes. Y no es así: eso nos hace daño.

Por suerte, no somos pequeños dioses que todo lo podemos solo con nuestras fuerzas sino que en el día a día podemos comprobar que las personas somos seres necesitados. De amor, de cariño, de ayuda… Desde que nacemos (explícale a un bebé que solo lo puede todo) hasta el último suspiro. Y ese necesitar a los demás nos ayuda a proyectarnos.

Cuando pienses en tu sueño, apóyate con fuerza en las personas que te ayudan. Pero que te ayudan porque te quieren y quieren, como decía el poeta, «sacar de ti tu mejor tú». En medio de las sacudidas y en los momentos bajos estarán ahí. Quienes te quieren no buscan tu éxito, buscan tu felicidad. Y muchas veces quedan en segundo plano. Tu madre, tu familia…

Cuando llegues a ver tu sueño realizado y hagas recuento de las cosas buenas que te regaló la vida, no olvides nombrar a quien estuvo ahí cerca impulsándote. Como en el caso del vídeo, puede que sea tu madre. O tu padre. O los dos. Leo Messi, el futbolista, da siempre las gracias a su abuela porque de muy pequeño le permitía jugar con la pelota en casa mientras que sus papás le abroncaban. Eso le estimuló a no despegarla del piso para no romper los muebles, y eso mismo hizo de él uno de los mejores futbolistas del mundo en la actualidad por cómo toca el balón.

Si estás de camino hacia la medalla, te diría que no olvides dar las gracias a quien te acompaña en la batalla. Y te diría que lo hicieras a menudo, no esperes a subirte al podio.

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