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Chile y un nuevo paso hacia la despenalización del aborto

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El Senado despachó el proyecto y ahora debe pasar por el Tribunal Constitucional

Subió un escalón más. Así podría definirse lo que está sucediendo en Chile con el proyecto de ley que busca despenalizar el aborto en tres causales: peligro de vida de la madre, inviabilidad del feto y violación.

Este miércoles el proyecto, que había llegado a una comisión mixta luego de idas y vuelta, fue despachado por la Cámara de Senadores y aprobado por 22 votos a favor y 13 en contra.

Esto fue posible luego de “la reposición de las normas referidas a la interrupción del embarazo de menores de 14 años y las opciones para la autorización”, indica la Cámara de Senadores.

Las tres causales para despenalizar el aborto, expresa el Senado, son las siguientes:

  • La mujer se encuentra en riesgo vital, de modo que la interrupción del embarazo evite un peligro para su vida.
  • Si el embrión o feto padece una patología congénita adquirida o genética, incompatible con la vida extrauterina independiente, en todo caso de carácter letal.
  • Si el embarazo es resultado de una violación, siempre que no hayan transcurrido más de 12 semanas de gestación. Tratándose de una niña menor de 14 años, la interrupción del embarazo podrá realizarse siempre que no hayan transcurrido más de 14 semanas de gestación.

Más allá de este nuevo paso, desde la oposición se anunció el envío del proyecto al Tribunal Constitucional con el objetivo de volver a frenarlo.

Se trata de una iniciativa –con más de dos años de discusión- considerada por muchos “buque insignia” del gobierno de Michelle Bachelet, quien en las últimas horas ha saludado lo acontecido en el Congreso de Chile, al tiempo de hacer referencia al Tribunal Constitucional.

 

 

En tanto, a nivel de Iglesia, si bien de momento no hubo un pronunciamiento oficial con respecto a lo acontecido recientemente, ha sido pública y notoria la postura asumida.

Quien sí hizo referencia al debate fue el obispo de San Bernando y miembro del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, monseñor Juan Ignacio González, quien a través de una columna de opinión publicada en El Mercurio y titulada No abandonemos la verdad, reafirma de alguna manera lo expuesto por el Episcopado.

“Quitar la vida directamente a un ser humano inocente es siempre un mal. En eso estamos todos de acuerdo. Poner fin a una vida para alcanzar otro fin que se considera bueno -la vida de la madre enferma- o evitar la carga de un ser enfermo -las consecuencias de una violación- es realizar un acto malo -interrumpir una vida en camino- para lograr uno bueno. Es decir, el fin justifica los medios”, expresa el obispo, quien además hace un llamado a considerar los aspectos que acercan las posturas entre todos los que han participado del debate planteado.

“La nuestra ha sido una discusión legal, médica, ideológica, rica, etcétera, pero que no ha querido llegar a los fundamentos más profundos que en ella están envueltos. Nadie en esta discusión puede alegar incapacidad o ignorancia o una conciencia errada. Han estado todos los medios disponibles para descubrir la verdad, pero no hemos sido capaces de llegar a ella en el caso concreto”, prosigue.

“Puede la ley permitir interrumpir directamente un embarazo, pero no puede cambiar la naturaleza misma de nuestras acciones, que si son contrarias a la racionalidad humana esencial, no mutarán por la fuerza de su aprobación legislativa. Por eso este momento es tan importante para nuestro país; desde donde deben salir las leyes que orientan a todos hacia el bien común, comienzan a salir normas que nos llevan a todos a creer que lo que no se debe hacer ahora está permitido”, afirma en otro pasaje de su columna.

De aprobare esta ley, Chile, que espera en el mes de enero la visita del papa Francisco, se volverá a convertir en un país que permite el aborto en algunos casos.  Esto sucedía antes de la dictadura de Augusto Pinochet cuando fue derogado.

De esta manera, se sumará a los países de la región que ya han aprobado la despenalización del aborto, aunque con matices con respecto a algunos como Uruguay que lo han hecho en su totalidad.

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