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¿Qué hacían piezas de coleccionismo nazis en un hogar de Argentina?

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Detrás del coleccionista de piezas nazis, la defensa de los museos

La Policía Federal Argentina incautó en un hogar familiar de la ciudad de San Isidro y en dos locales comerciales cercanos lo que serían cientos de antigüedades de origen alemán, egipcio y asiático. La noticia dio vuelta al mundo, sobre todo ante las fotografías de bustos e imágenes de Hitler y símbolos nazis y el hallazgo de objetos chinos protegidos por la UNESCO.

Las piezas fueron halladas tras una investigación y un profundo allanamiento, puesto que parte importante de la colección habría estado oculta detrás de una falsa pared, según el Ministerio de Seguridad, y estaban en gran estado de conservación, tanto las de origen nazi como los restos fósiles y los objetos prehistóricos.

Algunas serían parte de un circuito de venta ilegal de antigüedades. Ahora, al menos en el caso de las de simbología nazi, serán destinadas a un museo, aseguraron. Y éstas, historiadores especulan en los medios de comunicación, podrían tener como origen colecciones de referentes nazis que vivían en la Argentina durante la II Guerra Mundial, o huyeron allí tras su conclusión. Ha de recordarse que la Argentina fue el país del mundo, fuera de Europa, en el que se realizó la mayor manifestación nazi, en 1938.

Según la defensa del propietario, ya imputado por la justicia, se tratarían de réplicas, y cada pieza está comprada de manera legal con documentación. La imputación, por el momento, sería por violar la ley 25,743, referida a la protección del patrimonio cultural.

¿Qué inconveniente tiene la conservación de este tipo de antigüedades en los hogares? Ante todo, evidenciarían una violación de las normas de protección de bienes culturales, que para la Unesco son “parte de la herencia común de la humanidad y testimonio singular e importante de la cultura e identidad de los pueblos”.

Una Convención de la UNESCO de 1970 considera que “la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de los bienes culturales constituyen una de las causas principales del empobrecimiento del patrimonio cultural de los países de origen de dichos bienes”.

En general, la protección alcanza a las piezas que tienen más de cien años de antigüedad, aunque cada Estado tiene legislaciones particulares de acuerdo a la historia de cada nación. Son los propios Estados los que regulan y habilitan las tenencias cuando y como corresponde, y regulan el egreso del país hacia alguna entidad autorizada de piezas de valor, si es que ésta se permite. Pero el tráfico ilegal parece reinventarse permanentemente, y encuentra en nuevos canales de venta online lícitos un espacio para comercializar lo adquirido por canales ilícitos.

Piezas como las halladas en la Argentina, patrimonio cultural de distintos pueblos, son debidamente conservadas y contextualizadas en espacios cuidados por científicos como museos, bibliotecas y archivos. Para el Consejo Internacional de Museos, “un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y su ambiente con fines de estudio, educación y recreo.”

La UNESCO incluye en su definición la accesibilidad universal del conocimiento conservado en ellos y la importancia para la vinculación entre los pueblos, al considerar que los museos “favorecen un enfoque integrado del patrimonio cultural, así como de los vínculos de continuidad entre creación y patrimonio, y permiten a sus públicos, en particular las comunidades locales y los grupos desfavorecidos, reanudar los lazos con sus propias raíces y abordar la cultura de los otros.” El organismo de la ONU estima que hay en el mundo 55,000 museos.

Pero en el ámbito de las salidas familiares, los museos tienen un gran competidor: los parques de diversiones. Según el índice TEA/AECOM, que publica anualmente los índices de visitas a museos y parques de diversiones, los 10 parques de diversiones más visitados del mundo recibieron en 2016 un total de 438,267,000 de visitas. Los 20 museos más visitados juntos, recibieron 107,798,000 visitas en el mismo período. Cuatro veces menos.

Los museos están haciendo grandes esfuerzos por conservar el interés de las visitas, y trabajan sobre todo la introducción de la tecnología para mejorar las experiencias de vinculación con el conocimiento que comparten. Es que la misma tecnología y la accesibilidad al conocimiento que abrió internet, en vez de ser vista como una enemiga, es abordada como una aliada para mejorar la experiencia de las visitas.

Muchos otros tienen desafíos de financiamiento, sobre todo aquellos lejos del ranking de más visitados, y que son el vínculo de los pueblos con su historia, y con la de otros pueblos. Y existen aquellos que tienen desafíos de supervivencia ante los saqueos o la destrucción, como los que existían en zonas devastadas por el Estado Islámico durante los últimos años.

Museos sólidos y sustentables, además de reservorios culturales de la identidad de los pueblos y del hombre, son una de las mejores ofensivas contra el tráfico ilegal de antigüedades y bienes culturales.

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