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La Momia. Vuelve un monstruo de los buenos, un clásico

THE MUMMY
Universal Pictures
La Momia (1932)
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Aprovechando el inminente estreno de La momia, con Tom Cruise, repasamos la cinta original que convirtió a Boris Karloff en un mito del género

Por más que pase el tiempo hay ciertas imágenes que siguen aferradas a nuestra memoria. Y cuando se habla de La momia, a uno siempre le viene a la cabeza (o le debería venir a la cabeza) el rostro de Boris Karloff. Su honda mirada, sus rasgos marcados, su aspecto siniestro y el cavernoso negro de sus ojos lo convirtieron, por derecho propio, en un icono del cine de terror.

La momia se estrenó hace 85 años y ni las versiones de la Hammer (en los años 50 y 60) ni las películas de Stephen Sommers (1999-2001) ni, me van a perdonar el atrevimiento, la película de Tom Cruise que se estrena en unos días, han conseguido, ni van a conseguir, que olvidemos el rostro de Boris Karloff. Este actor inglés que iba para diplomático consiguió hacerse con un hueco en la industria cuando otro icono del género de la época, Bela Lugosi (Drácula), rechazó interpretar al monstruo de Frankenstein. Karloff cubrió el hueco, y de un día para otro se hizo famoso y forjó un mito. Otro más. Qué buena época aquella.

Los estudios Universal estaban en racha. Habían reventado las taquillas de los primeros años de la década de los treinta con Drácula (1931) y El doctor Frankenstein (1932) y entonces Egipto se había puesto de moda, sobre todo las momias, a raíz del descubrimiento de la tumba de Tutankamon (1922). Sin embargo, aunque en la Universal se sentían atraídos por la idea de hacer una película sobre una momia les preocupaba que no existiera una base literaria de prestigio como sí sucedía en Drácula o Frankenstein. Se encargó un guión inicial pero no convenció, hasta que entró en escena John L. Barlderston, que ya había trabajado en los libretos de Drácula y Frankenstein con tan buenos resultados.

Se daba la circunstancia de que Barlderston había cubierto el descubrimiento de la tumba de Tutamkamon como periodista y conocía al detalle los pormenores de la excavación. Esto fue decisivo, porque sembró el guión de detalles históricos y de cierta verosimilitud – aunque la película, como siempre suele ocurrir en el cine, no sea el lugar idóneo para introducirse en la historia de Egipto.

Otro de los grandes aciertos fue Jack Pierce, el encargado de diseñar el maquillaje de la momia. Boris Karlof tardaba ocho horas en disfrazarse de momia y otras dos en quitarse el maquillaje. Por fortuna para él, solo se rodaron unas pocas escenas como momia envuelta en vendajes, el grueso del film aparecería como el siniestro Ardath Bey, aunque el público aún no haya logrado olvidar al monstruo.

Durante aquellos años, el expresionismo alemán estaba siendo digerido y readaptado a los gustos del público americano. Habían obtenido muy buenos resultados con Drácula y Frankenstein y no había razón por la que La momia no tuviera que seguir el ejemplo. Tal vez por esto se eligió como director de La momia a Karl Freund, director de fotografía de Drácula pero sobre todo, responsable de iluminar películas tan decisivas para el expresionismo como El golem (1920) o Metropolis (1927).

El tiempo ha pasado, pero La momia de 1932 sigue siendo inamovible. Nadie la ha superado aunque lo hayan intentado. La versión de Tom Cruise, que se estrena la semana que viene, es más que probable que no aporte nada novedoso al conjunto, más allá de cambiarle el género al consabido difunto amortajado y de duplicar las pupilas en con vistosos efectos especiales.

La momia es una historia de amor trágica y desdichada, porque es el relato de dos amantes en el que uno de ellos no se percata de que su tiempo ha pasado. Pero también es una historia sobre lo sobrenatural, sobre aquellos que nos vemos y que en el film solo se sugiere. ¿Qué ocurre en el tránsito entre la vida y la resurrección? Según la película, cosas inexplicables. Y creo que ahí tiene razón. Hay cosas que el hombre no está preparado para comprender y seguramente, ahí resida uno de los misterios de la resurrección. Pero como en lo referente a la historia egipcia, ¡no vayan a ver La momia para ilustrarse sobre estos conceptos doctrinales!

Solo estamos ante una película de monstruos. Llena de detalles cinéfilos, pero película de monstruos, al fin y al cabo. Al menos, eso sí, monstruos clásicos.

Ficha Técnica

Título original: The Mummy (1932)

País: Estados Unidos

Director: Karl Freund

Guión: John L. Barlderston

Género: Terror

Reparto: Boris Karloff, Zita Johann, David Manners, Edward Van Sloan, Arthur Byron,Noble Johnson, Leonard Mudie

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