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Carolina Herrera: un emporio de madre e hijas

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CAROLINA HERRERA
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Una relación tejida con el hilo más fuerte

María Carolina Josefina Pacanins Niño hizo de la moda un gran negocio familiar. Para empezar, adoptó su apellido de casada como el nombre de su firma, una que la ha convertido en la diseñadora venezolana (y me atrevería a decir latinoamericana) más importante de nuestros tiempos.

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Su matrimonio con el aristócrata y periodista Reinaldo Herrera fue el segundo de su vida. Él es uno de los editores de la revista Vanity Fair de los Estados Unidos y, aunque ella desde pequeña tuvo inclinación y pasión por el diseño, Herrera siempre la impulsó a dar siempre un paso más adelante. Lleva casi 50 años casada con él y hace poco celebró los 35 años de su marca con un libro editado por Rizzoli.

Carolina tiene cuatro hijas. Dos de sus primeras nupcias con Guillermo Behrens Tello, Mercedes y Ana Luisa; y dos de su unión con Reinaldo, Patricia y Carolina Adriana, quienes sí decidieron ser parte de su empresa.

Patricia está en el equipo de diseño y también participa en proyectos especiales, como por ejemplo, colaboraciones de vestuario que hacen para películas o eventos de alfombra roja.

Adriana, la menor y la más mediática de las cuatro, es la directora creativa de todas las fragancias desde hace más de 20 años. Además, es la única que ha conservado el apellido Herrera después de casada. “Mi hija Adriana representa a la perfección la mujer de mis líneas: joven, elegante, con un estilo propio y una personalidad increíble”, dijo una vez la modista a la revista Hola.

En múltiples entrevistas que le han hecho, la venezolana con residencia en Nueva York ha aclarado que siempre buscó separar el trabajo de oficina con la convivencia en el hogar. Por supuesto, sus hijas asistían a sus desfiles y le hacían preguntas, pero si se llegaban a interesar por la moda (como finalmente dos de ellas lo hicieron), quería que fuera más por pasión que por obligación.

Patricia le confesó a la revista Harper’s Bazaar que recuerda lo divertido que era el closet de su madre cuando era niña (no la culpo, imagínense el juego de disfrazarse con la ropa de mamá con ese fabuloso guardarropa) y lo mucho que disfrutaba verla arreglándose para un evento.

En el caso de Adriana, ella siempre dice que el olor de su infancia es a nardos y jazmín, porque era la combinación de aceites que usaba su madre como esencia personal. Por eso también casi siempre utiliza el jazmín como base en las fragancias que crea, porque es la esencia favorita de su progenitora.

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Por otra parte, Herrera asegura que siempre busca a sus hijas para que le digan la verdad, sobre todo en una industria donde hay muchos aduladores cuando se alcanza un estatus como el de ella: “Llega un momento en tu vida y en tu carrera que todos te dicen lo que quieres escuchar. Para evitarlo estamos nosotras”, dijo Patricia en una entrevista a Vanity Fair.

Pero aunque la diseñadora trata de no llevar el trabajo a casa, en su oficina en Nueva York sí se pueden ver varios retratos familiares. Además, les encanta pasar las vacaciones todos juntos (nietos incluidos).

Sin duda, Carolina Herrera es una mujer que ha manejado tanto su carrera como su rol de madre con una elegancia tan digna como sus icónicas camisas blancas.

Sin mucha controversia y con un gusto exquisito, ha sabido empoderar a las mujeres de todo el mundo y, sobre todo, a sus hijas, quienes hoy en día no sólo son empresarias y herederas de su emporio de moda, sino también madres y mujeres de familia.

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