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Cuando la Iglesia retorne a la belleza atraerá nuevamente a los pobres

© Gustavo Kralj / Gaudium Press
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Análisis de la situación de la población católica de Estados Unidos

Matthew Schmitz, editor del magazín First Things, dedicó un reciente artículo para The Catholic Herald a analizar un estudio de la Universidad de Nebraska que identifica la población católica de Estados Unidos como cada vez más limitada a los sectores socioecónomicos más elevados. Para recuperar el punto de contacto con los pobres, propuso un énfasis en la belleza.

Los datos del estudio sorprenden por un hallazgo que parecería inusual: En Estados Unidos, “los católicos más pobres asisten a Misa sólo unas pocas veces al año, mientras que los más ricos asisten dos o tres veces por mes”. La brecha es más amplia entre las poblaciones blancas y menos amplia en las latinas que tienen una participación más homogénea. El problema parece ser exclusivo de los católicos nacidos después de 1960, quienes sin importar su edad muestras una baja asistencia si se encuentran en los sectores más pobres.

La paradoja es notable: los católicos pobres se describen a sí mismos como religiosos con mayor frecuencia que los católicos ricos, afirman hallar fuerza y consuelo en la religión y dicen considerar la Biblia como la Palabra literal de Dios. De igual manera, son menos propensos a cambiar de religión, por cuanto dejan de asistir a la Eucaristía sin adoptar otras prácticas.

El autor recordó el impacto negativo que tuvo sobre los trabajadores irlandeses la decisión de conmutar la abstinencia de los días viernes, inspirada en el deseo de los Obispos de Inglaterra y Gales de promover la penitencia interior y las obras de caridad en reemplazo de una penitencia externa. Los trabajadores expresaron su descontento y continuaron observando la abstinencia, sintiéndose maltratados por la concesión. Un efecto similar podría tener el progresivo abandono de la dimensión estética en la liturgia y la arquitectura sacra, propuso Schmitz.

Para apoyar su tesis, el redactor recordó las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino, quien hizo una distinción entre los divinos misterios y la dimensión humana de los ritos y las expresiones artísticas. Sin embargo, advirtió la necesidad de cuidar y mantener estos aspectos materiales. “Necesitamos formas ceremoniales no porque sean esenciales, sino porque los seres humanos siempre hemos tendido a comprender lo profundo a través de lo trivial”, comentó el redactor.

El Santo alabó la evangelización de los pobres a través de las imágenes, las cuales consideraba una necesidad para la catequesis, una ayuda a la memoria al recordar de manera cotidiana el ejemplo de los Santos y un fomento para la devoción personal. El entendimiento es ayudado por las emociones “más efectivamente por las cosas vistas que por las cosas oídas”.

Schmitz recordó su impresión ante la asistencia de personas sin hogar al templo de San Patricio en el centro de Londres , donde asisten tanto a la Eucaristía como al comedor de caridad. En ambos lugares son tratados como iguales y se unen en la alabanza al Señor.

“Sólo cuando reconozcamos nuestra propia pobreza habrá un retorno a la belleza, y sólo cuando la Iglesia retorne a la belleza atraerá nuevamente a los pobres”, afirmó. “Damos la bienvenida a los pobres en nuestras iglesias cuando recibimos con imágenes sagradas y ritos solemnes a Aquel que se aproxima a nosotros desde Oriente”.

Articulo publicado originalmente en Gaudium Press

 

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