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Carta de un preso: “Papa Francisco, te espero como a un hermano”

AFP PHOTO / OSSERVATORE ROMANO
This handout picture released by the Vatican press office on March 28, 2013 shows Pope Francis (R) kissing the feet of a young offender after washing them during a mass at the church of the Casal del Marmo youth prison on the outskirts of Rome as part of Holy Thursday. Pope Francis washed the feet of 12 young offenders including two girls at a Rome prison on Thursday in an unprecedented version of an ancient Easter ritual seen as part of an effort by the new pope to bring the Catholic Church closer to the needy. AFP PHOTO / OSSERVATORE ROMANO/HO RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY CREDIT "AFP PHOTO / OSSERVATORE ROMANO" - NO MARKETING NO ADVERTISING CAMPAIGNS - DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS
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El Pontífice visitará el próximo 25 de marzo la cárcel de San Vittore en Milán, varios detenidos le han escrito cartas

Massimo asegura que no tiene fe, pero espera al papa Francisco como “a un hermano”. “He pecado robando, quitándole la serenidad a mi mamá y he asesinado la confianza de mi papá”, escribe.

Massimo se encontrará con el Pontífice latinoamericano en pocas semanas. El papa Francisco realizará un viaje apostólico a la ciudad de Milán, al norte de Italia, el próximo 25 de marzo 2017 y saludará uno por uno a los detenidos de la cárcel de San Vittore. Allí transcurrirá dos horas y almorzará con los presos. Varios de ellos le han escrito recientemente al Pontífice para manifestar su gran alegría y expectativa.

“Querido papa Francisco, con honestidad: no creo mucho”, escribe Iván en la misiva publicada hoy en la página de la Curia milanesa, junto a otras más. Dirigiéndose al Sucesor de Pedro le pide por favor “regalarle una oración” para su familia, para dar sentido a este tiempo en la cárcel, un presente para obtener “algo de paz y de serenidad”.

Natalino sostiene en su carta que ha perdido a su familia en 30 años de reclusión. “Es la segunda vez que entro. Desde diciembre tengo en mi cuerpo un corazón de un donante, espero descanse en paz. Al despertar tras el trasplante vi en mi habitación a dos personas que lloraban. Eran los padres de quien me había donado el corazón. Desde entonces me he acercado y he agradecido a Dios por haberme dado la posibilidad de una nueva familia. Estoy feliz de vivir de nuevo”.

El Papa ha pedido que no sea una visita formal, sino que sea un momento para poder conversar con los detenidos. En el atrio central se encontrará con un centenar de presos, otros cien compartirán con él en el comedor. Varios presos preparan cartas y regalos para darle al Obispo de Roma.

“Si pudiera hablarte -escribe Alfredo- aquí personalmente, papa Francisco, te pediría que realizaras dos milagros: perdonar todos mis errores y todas las veces que he hecho daño a los demás, volver a ser niño con los recuerdos vividos, arrepentido de haber hecho cosas malas, no quiero alejarme más de mi familia. Quisiera volver a comenzar”.

Asimismo, Francisco ha concedido recientemente una entrevista a Scarp de’ tenis, una revista milanesa mensual de la calle. Se trata de un proyecto editorial y social sostenido por  Caritas Ambrosiana y Caritas Italiana. La entrevista obedece a la visita del Papa a la diócesis de Milán.

En esa ocasión, el papa Francisco invitó a tratar las personas necesitadas con dignidad. Y contó que en el arzobispado de  Buenos Aires “en una reja entre un portal y la acera vivían una familia y una pareja. Se los encontraba cada mañana cuando salía. Los saludaba e intercambiaba unas palabras con ellos. Nunca pensé en echarles. Alguien me dijo: “Ensucian la Curia,” pero la suciedad está dentro. Yo creo que hay que hablar con la gente con gran humanidad, no como si tuvieran que pagarnos  una deuda, y no tratarlos como si fueran pobres perros”.

Esta será la primera vez que un Papa visite la cárcel de San Vittore en Milán. Se recuerdan las visitas de los Pontífices a Regina Coeli y a Rebibbia en Roma, donde Juan Pablo II encontró y perdonó a Ali Agca, después de que en 1981 atentara contra su vida en la plaza de San Pedro. Francisco, ya cuando era arzobispo y aun sacerdote, acostumbraba visitar las cárceles de Buenos Aires, Argentina.

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