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Tiene 87 años y sigue viajando a colegios de frontera para llevar donaciones

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Una mujer argentina que es admirada por seguir movilizando voluntades a su edad para ayudar a los que más lo necesitan

Anita lleva 30 años acompañando a su hija Mirna en una cruzada solidaria que cubre toda la Argentina. Aunque comenzaron colaborando desde una fundación internacional, fundaron una Sumando Solidaridad, ONG que se ocupa de ofrecer ayuda a escuelas de fronteras.

Anita y Mirna asisten escuelas albergues de frontera de las provincias de Misiones, Formosa, Neuquén, Salta y Jujuy. El mes que viene, confesaron al diario La Nación, comenzarán a visitar Corrientes y San Juan. Según cuentan en su sitio de internet, “llevan una lista de todos los pedidos de los directores y con mucha dedicación y cariño preparan las cajas”.

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Buscan, reciben, clasifican y embalan lo que las escuelas necesitan, desde juegos de plaza y juguetes a útiles escolares, computadoras, ropa, máquinas de coser. Hubo ocasiones en las que donaron los primeros juguetes para una escuela, o la silla de rueda para permitir el desplazamiento de un niño. Además, cuando las escuelas necesitan inversiones edilicias más importantes como luz, baños, nuevas aulas, o comunicaciones, buscan ayudar para emprender las soluciones.

Junto con amigos, dedican casi todas las tardes a preparar los pedidos, y ya han ayudado a más de 100 instituciones de todo el país entregando cada uno de los pedidos en persona, recorriendo distancias de hasta 1.700 kilómetros.

En Jujuy o en Misiones, Anita, se presta para las emocionantes entregas, y se saca fotos con los niños y docentes. Aún con duros inviernos, aún viajando en avión por la donación de una línea aérea o en autobús.

Desde Sumando Solidaridad también han ayudado otros proyectos necesitados de colaboración, como un geriátrico de Misiones, para cuya asistencia se sumaron numerosos médicos jubilados de Buenos Aires. Y han ido sumando amigos nuevos que asisten a necesidades muy concretas, como la asistencia y capacitación en el cuidado de dientes con una odontóloga y su familia en la visita a Puerto España, Misiones, en septiembre de 2015.

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Todo empezó cuando hace 30 años Mirna leyó una nota en un periódico de un maestro que recorría siete horas en mula para llegar a su colegio. Según relató a La Nación, la historia le conmovió y se movilizó para poder ayudarlo. “Al mes, éramos yo y mi mamá, Anita, las que estábamos haciendo ese viaje en mula a la escuela para llevar todo lo que habíamos juntado. Nunca me voy a olvidar de ese viaje: se nos hizo de noche en el camino, atravesábamos precipicios y no teníamos linternas: ¡por suerte había luna llena! Pensar que ahora ese mismo recorrido lo hacemos en camioneta”, recordó al diario, en cuyo portal de publicaciones solidarias comunican varios de sus pedidos.

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Conmueve la edad de Anita, 87, para desplazarse y seguir movilizando voluntades para ayudar a los que más lo necesitan. Pero también Mirna, de 59 años, que hasta el mediodía trabaja como empleada doméstica por hora en distintos lugares. “Yo no puedo dormir pensando que a alguien le falta algo y yo se lo puedo conseguir”, había declarado el año pasado al diario Clarín.

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