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Aumenta tu esperanza con estas citas de santos

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encuentra.com - publicado el 20/01/17

Frases que te llegarán al corazón

1. Dios es el único fundamento de nuestra esperanza sobrenatural

«Toda mi esperanza estriba sólo en tu gran misericordia» (San Agustín, Confesiones, l0).

«La esperanza del hombre y la esperanza del mundo contemporáneo, la perspectiva del futuro realmente «mejor», más humano, dependen del «Confiteor» y del «Kyrie eleison«. Dependen de la conversión: de las muchas, muchas conversiones humanas, que son capaces de transformar no sólo la vida personal del hombre, sino la vida de los ambientes y de la sociedad entera» (Juan Pablo II, Hom. 31XII- 1 980).

«El único motivo que te queda para gloriarte, oh hombre, y el único motivo de esperanza consiste en hacer morir todo lo tuyo y buscar la vida futura en Cristo» (San Basilio, Hom. 20, Sobre la humildad).

«A todos los que esperan se puede aplicar lo que dijo san Pablo de Abrahán: creyó, esperando contra toda esperanza (Rom 4, 8). Diréis todavía: « ¿cómo puede suceder esto?» Sucede porque se aferra a tres verdades: Dios es omnipotente, Dios me ama inmensamente, Dios es fiel a las promesas. Y es Él, el Dios de las misericordias, quien enciende en mí la confianza; por lo cual yo no me siento ni solo, ni inútil, ni abandonado, sino implicado en un destino de salvación que desembocará un día en el Paraíso» (Juan Pablo I, Aloc. 20-IX-1978).

«La esperanza no me separa de las cosas de esta tierra, sino que me acerca a esas realidades de un modo nuevo, cristiano, que trata de descubrir en todo la relación de la naturaleza, caída, con Dios Creador y con Dios Redentor» (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 208).

«El hombre no puede vivir sin esperanza; todos los hombres esperan en alguien y en algo. Pero, por desgracia, no faltan abundantes desilusiones y tal vez se asoma incluso el abismo de la desesperación. ¡Más nosotros sabemos que Jesús Redentor, muerto, crucificado y resucitado gloriosamente, es nuestra esperanza!» (Juan Pablo II, Aloc. 24-III-1979).

2. Se confía y se espera en lo que se ama

«El que alguien nos ame hace que nosotros esperemos en él; pero el amor a él es causado por la esperanza que en él tenemos» (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, 1-2, q. 40, a. 7).

«Crezcamos en esperanza […], que es suplicar al Señor que acreciente su caridad en nosotros, porque sólo se confía de veras en lo que se ama con todas las fuerzas» (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 220).

«Esperar es, no sólo creer en Dios, sino creer y estar ciertos de que nos ama y desea nuestro bien; y por esto es una gran gracia cristiana. Pero la fe sin esperanza no basta para llevarnos a Cristo. Los diablos creen y tiemblan (Sant 11). Creen, pero no van a Cristo porque no esperan, sino desesperan» (Cardenal J. H. Newman, Sermón para el Domingo IV después de Epifanía; Cat. De S. Chaud 1848).

«La esperanza es imposible si no hay algún amor» (San Agustín, Sobre la fe, la esperanza y la caridad, 117).

3. La falsificación de la esperanza sobrenatural

«Quizá no exista nada más trágico en la vida de los hombres que los engaños padecidos por la corrupción o por la falsificación de la esperanza, presentada con una perspectiva que no tiene como objeto el Amor que sacia sin saciar (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 208).

«No somos cristianos por buscar una felicidad terrena, que a veces no les falta a los ladrones y criminales. Somos cristianos por buscar otra felicidad, que recibiremos enteramente cuando se termine esta vida del siglo (San Agustín, Coment. sobre el Salmo 62).

4. «Recomenzar siempre», un acto de esperanza

«Lo grave no es que quien lucha caiga, sino que permanezca en la caída; lo grave no es que uno sea herido en la guerra, sino desesperarse después de recibido el golpe y no cure la herida (San Juan Crisóstomo, Exhortación a Teodoro, 1).

«Otra caída… y ¡qué caída!… ¿Desesperarte? No: humillarte y acudir, por María, tu Madre, al Amor Misericordioso de Jesús. -Un «miserere» y ¡arriba ese corazón!- A comenzar de nuevo. (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino, n. 711).

«Alguno dirá: ¡Pero si yo soy un pobre pecador! Le respondo como respondí a una señora […1. Estaba descorazonada, porque decía que había tenido una vida borrascosa. ¿Puedo preguntarle -le dije- cuantos años tiene? -Treinta y cinco-. ¡Treinta y cinco! Pero usted puede vivir otros cuarenta o cincuenta y hacer un montón de bien. Entonces, arrepentida como está, en vez de pensar en el pasado, proyéctese hacia el porvenir y renueve, con la ayuda de Dios, su vida» (San Juan Pablo 1, Aloc. 20-1X-1978).

«Debéis renovar los propósitos de enmienda que hasta ahora habéis hecho, y aunque veáis que, a pesar de esas resoluciones, continuáis enredada en vuestras imperfecciones, no debéis desistir de buscar la enmienda, apoyándoos en la asistencia de Dios. Toda vuestra vida seréis imperfecta y tendréis mucho que corregir; por eso tenéis que aprender a no cansaros en este ejercicio» (San Francisco de Sales, Cartas, 1. c. D. 784

5. Esperanza, a pesar de los pecados y faltas

«¡No desesperéis nunca! Os lo diré en todos mis discursos, en todas mis conversaciones; y si me hacéis caso, sanaréis. Nuestra salvación tiene dos enemigos mortales: la presunción cuando las cosas van bien y la desesperación después de la caída; este segundo es con mucho el más terrible (San Juan Cristóstomo, Hom. sobre la penitencia).

«No hay enfermo a quien le sea negada la victoria de la cruz, ni hay nadie a quien no ayude la oración de Cristo. Pues si esta fue de provecho para los que tanto se ensañaban con Él, ¿cuánto más no lo será para los que se convierten a Él? (Saan León Magno, Sermón 15 sobre la Pasión).

«En cuanto (nuestro adversario) nos ve agobiados por el sentimiento de nuestras faltas, se lanza sobre nosotros e insinúa en nuestros corazones sentimientos de desaliento más pesados que el plomo. Si les damos acogida, ese mismo peso nos arrastra, nos soltamos de la cadena que nos sujetaba y rodamos hasta el fondo del abismo» (San Juan Cristóstomo, Exhortación a Teodoro, 1).

«Ninguna otra causa impulsó más a Cristo a venir al mundo que salvar a los pecadores. Si se suprimen las enfermedades y las heridas, la medicina no tiene razón de ser. Si, pues, un gran médico bajó del cielo, es porque había un gran enfermo que curar: todo el mundo» (San Agustín, Sermón, 175).

«El pueblo cristiano es invitado a gozar de las riquezas del paraíso, y a todos los regenerados les ha quedado abierto el regreso a la patria perdida, a no ser que ellos mismos se cierren aquel camino que pudo ser abierto por la fe de un ladrón» (San León Magno, Sermón 15 sobre la Pasión).

«Ese desaliento, ¿por qué? ¿Por tus miserias? ¿Por tus derrotas, a veces continuas? ¿Por un bache grande, grande, que no esperabas? Sé sencillo. Abre el corazón. Mira que todavía nada se ha perdido. Aún puedes seguir adelante, y con más amor, con más cariño, con más fortaleza» (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Vía Crucis, p. 65).

«Ni la cantidad, ni la calidad de los males que hemos cometido nos hagan vacilar en la certeza de la esperanza. Aumenta mucho nuestra confianza el hecho del buen ladrón, el cual no era bueno sino ladrón. Pensad bien cuan incomprensibles son en Dios las entrañas de misericordia» (San Gregorio Magno, Hom. 20 sobre los Evang.).

«Después de referirse a los modos de perdición, narra por fin la parábola de la tierra buena. No da así lugar a la desesperación, antes abre el camino a la esperanza del arrepentimiento y muestra que todos pueden convertirse en buena tierra (San Juan Cristóstomo, Hom. sobre S. Mateo, 44).

Adaptación de un artículo originalmente publicado por encuentra.com

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