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The OA: El poder de la sugestión

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Zal Batmanglij y Brit Marling han vuelto a colaborar, esta vez desarrollando una serie para Netflix muy relacionada con su obra anterior

Lo interesante de la relación creativa entre Batmanglij y Marling es que va más allá del vínculo, de la fidelidad director/actor clásica. Desde que Marling protagonizara el cortometraje que Batmanglij rodó como tesis final para sus estudios en el American Film Institute, The Recordist, ambos han creado, a cuatro manos, un corpus cinematográfico de planteamiento colaborativo, en el que los intereses creativos de cada uno de ellos –algo que solamente podemos intuir en el guión escrito a cuatro manos por la actriz junto a Mike Cahill, Otra Tierra– se han entrecruzado hasta cristalizar en dos obras tan atípicas como Sound of My Voice y The East.

Estas, al mismo tiempo, se complementan entre sí, estableciendo una cierta dialéctica que desarrolla una reflexión no solamente sobre el pensamiento fanático, sino, sobre todo, la necesidad, dentro de la sociedad ácrata y descreída en la que vivimos, de creer en algo más grande (o más importante) que nosotros mismos. 

Esas ideas vuelven a aparecer, expandidas, en su primera colaboración televisiva, The OA, que, de hecho, casi puede entenderse como una relectura de Sound of My Voice que profundiza en el poder catárquico de la ficción. Igual que ocurría en la ópera prima de Batmanglij, Marling interpreta a un personaje magnético, de muy particular carisma, que reúne a su alrededor a un grupo de adolescentes y a una profesora que escuchan con atención su fantástico relato sobre los experimentos con las fronteras de la muerte de un científico desequilibrado, el Dr. Hap Percy (Jason Isaacs).

Todos los que, noche tras noche, se sientan a escucharle arrastran heridas personales, frustraciones íntimas, que les impiden encontrar su lugar en el mundo –en las que la serie va incidiendo capítulo a capítulo, desarrollando las inquietudes y la personalidad de todos esos personajes secundarios–, y que empiezan a sanar a través de la historia de Prairie (Marling), pese a que, en realidad, no haya nada que apoye sus disparatados detalles más allá de su propio convencimiento, así como la curación de una ceguera que bien podría haber sido psicosomática…

Hay que reconocer que esa ambigüedad, intrínseca a las colaboraciones Batmanglij/Marling, no le pone las cosas fáciles al espectador. Tampoco es ésa la intención de sus responsables: The OA es una ficción que se cuestiona a sí misma continuamente, y que le pide al público que entre en ese juego metanarrativo.

Si Prairie vivió realmente encerrada junto a otros jóvenes con poderes o es, en realidad, una esquizofrénica con delirios persecutorios –algo que no se aclara ni siquiera en el clímax de la serie: los creadores quieren que sea el espectador quien decida a partir de los detalles que se han ido sembrando a lo largo de los capítulos–, acaba siendo lo de menos. Lo importante es que ese marco argumental, fantástico o dramático, real o imaginario, les permite llevar a cabo una exploración sobre el duelo y sobre la pérdida, y sobre cómo compartir esos sentimientos, aunque estén camuflados detrás de delirios, permite asimilarlos y empezar a sanarlos.

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