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La ayuda a los refugiados ¡también es una cuestión pro vida!

Zein Al-Rifai via AFP
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Las necesidades de las mujeres embarazadas y de sus niños no tienen fronteras

La National Public Radio (NPR) informa de que tan solo en 2016 se han ahogado 4.600 personas en el Mediterráneo tratando de alcanzar las orillas europeas. Durante los últimos cuatro meses, una médico de familia y emergencias canadiense llamada Sarah Giles ha estado trabajando con Médicos Sin Fronteras en un barco de búsqueda y rescate para ayudar a los que se lanzan a realizar dicha travesía. Su experiencia al cuidado de mujeres es un testimonio de que la preocupación y el cuidado por los refugiados es un acto provida en más de un sentido.

Giles contaba a Scott Simon, de NPR, que en su labor ayuda a muchas mujeres embarazadas, entre ellas víctimas de violación. Los abusos sexuales son algo tan recurrente para las mujeres refugiadas que muchas buscan implantes anticonceptivos (que implantan en sus brazos) antes incluso de abandonar su hogar. Giles afirma que las historias de lo que han sufrido estas mujeres son sencillamente “increíbles”. A continuación un extracto de su entrevista con NPR:

Todas estas mujeres huyeron de sus países de origen por muy buenas razones. Algunas eran perseguidas por sus ideas políticas. Pero otras me contaban que sus padres habían muerto y que habían sido vendidas como prostitutas. Conocía una chica de 14 años a la que habían casado a la fuerza cuando tenía 12 y que huía de las continuas violaciones en su hogar. Así que el simple acto de abandonar sus hogares ya fue un comienzo valiente. Cruzaron África ilegalmente, algunas incluso a pie a través del Sáhara. Una mujer me contó que empezó su viaje en un grupo de cuatro y que ella era la única superviviente. Luego tuvieron que viajar a través de Libia. Las personas que son metidas de contrabando en Libia a menudo son secuestradas múltiples veces. Y en su secuestro, a veces las torturan. Tienen que sobornar a sus raptores de alguna forma, a veces a través de la prostitución forzada o de trabajos forzados.

Hace mucho que la violación viene usándose como arma de guerra, de opresión y de limpieza étnica, y se ha convertido en parte del viaje de huida de muchísimas mujeres. Giles cuenta que habla sobre violación con muchas de sus pacientes en el barco. (Los hombres también han sido violados, pero no suelen manifestarse, y las mujeres son las víctimas más habituales).

Una de las partes más difíciles de la labor de Giles es decir a una mujer que ha quedado embarazada como resultado de la violación. Algunas mujeres también piden que se las examine en busca de enfermedades de transmisión sexual, algo que Giles prepara para una vez han llegado a Italia, dado que estas pruebas no se pueden llevar a cabo en el barco.

¿Quién se preocupa por estas mujeres embarazadas una vez han tenido la suficiente suerte como para sobrevivir su travesía por mar y llegar a un país europeo? Aunque haya cuestiones complejas en relación a la recepción y la ayuda a los refugiados, estas mujeres y niños vulnerables siguen necesitando protección y auxilio.

Giles dice que desconoce las respuestas para prevenir las atrocidades que han experimentado estas mujeres, pero lo primordial que puede hacer Occidente es dejar de criminalizar el acto de solicitar refugio.

“Nadie quiere dejar su hogar. El hogar es el hogar. El hogar es donde está tu familia. Nadie quiere meterse en un bote con otras 167 personas y donde tienes una probabilidad de 1 de 42 de ahogarte. Las personas solo hacen eso cuando el mar es más seguro que la tierra”, explica la doctora.

Giles opina que todos necesitamos entender que haríamos lo mismo que estas mujeres si estuviéramos en su lugar. “Solo quieren lo mejor para su familia. No buscan quitarnos nuestros trabajos. No tratan de empeorar nuestras vidas. Únicamente intentan con desesperación recibir una pequeña porción de esa vida mejor que nosotros ya disfrutamos”.

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