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14 hitos divertidos y significativos para el matrimonio

Michela Ravasio | Getty Images
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Estén por llegar al primer año, los 25 o los 50 años juntos… deberían siempre aspirar a estos aniversarios

Algunas parejas señalan la duración de su matrimonio con aniversarios de papel, madera, plata u oro. Todos son significativos, creativos y bellos y reconocen el tiempo pasado juntos. Pero quien está casado desde hace mucho tiempo sabe que existen hitos del matrimonio que, aunque no se celebren tanto, podrían ser más importantes.

Seis meses

La fase de “aguántame la cabeza”. Muy probablemente la han alcanzado ya antes de haberse intercambiado las promesas de matrimonio. Pero dudo que hayan vivido seis meses juntos sin pasar por algún virus intestinal o intoxicación. La vida es caótica. Y quizá lo será aún más. Haber visto la parte más vergonzosa de la otra persona puede ayudar a estar relajados cuando, en el futuro, sobrevengan momentos todavía más “molestos” (por usar un eufemismo). Para entendernos, cosas como la nausea matutina, un pañal sucio que “explota por todos lados”, la varicela contagiada por los niños o la fase de recuperación tras una operación de cadera (pero se espera que esta última llegue mucho más tarde).

Lo importante es que –por más que uno se sienta sucio o apestoso– ahora hay alguien con quien contar.

Un año

Tradicionalmente este aniversario es considerado “de papel”. Pero yo lo considero el aniversario del “papel higiénico”, porque no hay regalo más grande que cambiar el rollo que se ha terminado… sin tener que pedirlo al cónyuge ni hacerlo solo.

Al año se aprende que lo importante no es llegar a casa con un ramo de flores, sino asegurarse que haya leche en el refri y detergente junto a la lavadora. Después de un año se cae en la cuenta de que las pequeñas cosas (incluso las más pequeñas, como por ejemplo tapar la pasta de dientes) pueden en realidad ser grandes gestos que terminan manteniendo fuerte el matrimonio.

Cinco años

El hito del “hemos sido invadidos por los alienígenas”. Una mañana se despiertan para descubrir que están separados por uno o dos cuerpos durmientes, uno de los cuales tiene el pie apoyado en la cara de la mamá. Y por otro lado, en esa confusión, podría haber un perrito peludo. Y ¿qué decir de esa sensación de calor/húmedo que se extiende por la espalda? Bien, estar solo (secos y bien descansados) está sin duda sobrevalorado.

Siete años

La etapa del “es inútil seguir señalando la puntuación”. Te darás cuenta que, guste o no, algunas responsabilidades aburridas te tocan siempre a ti (como poner un edredón XL en el cubre edredón). Pero seamos sinceros, también el otro tiene que ver con las tareas que le conciernen sólo a él: subirse al techo para controlar la gotera tras una tempestad, o atrapar al ratón que corre por la cocina. Ciertamente, al principio pensaban que dividirían cada tarea de manera uniforme y harían juntos cada trabajo… pero al final se dan cuenta de que es más cómodo que cada uno lleve a cabo su tarea. Y a fin de cuentas un edredón limpio está probablemente más perfumado que un ratón muerto, por lo que está bien así.

10 años

El hito de tener “más hijos que manos”. O quizá es sólo una impresión. Lo único que sabes es que ha llegado el ejército. Su territorio ha sido invadido. Están perdiendo cada batalla. Necesitan desesperadamente refuerzos. Y tú y tu marido están en inferioridad numérica… aunque tengan sólo un hijo.

12 años

Tradicionalmente se habla de “bodas de seda” o “bodas de perla”… pero a menudo el décimo segundo aniversario debería estar asociado a la infinita cantidad de paños para lavar y cuentas que pagar. Es la etapa de “la paciencia es soberana”. ¿Tienes presente esas cosas tan aburridas que hacen ambos? Bien, deben seguir haciéndolas. Y ¿esas cosas que tú pensabas que podías cambiar en él? Ni lo pienses. Y en cambio ¿esas cosas que él habría querido cambiar de ti? En tus sueños, querido. ¿Te das cuenta de que cada uno de ustedes es inequívocamente lo que es? Haces bien. Aceptar la realidad es agradable. Y se aman cada vez más.

15 años

Es la frase de “los chicos saben más de lo que sabemos nosotros”. Se encuentran preguntándoles cómo se prende la televisión o por qué el artista Weeknd se escribe sin una “e”. No tienen ni la más remota idea. No saben ni siquiera lo que deberían saber. Sus hijos adolescentes se lo recuerdan a menudo, gritando indignados “¡no saben nada!” antes de irse a su cuarto. Se miran mutuamente y suspiran. Al menos están atravesando este periodo juntos. Es agradable tener un cómplice para superar los días del “no” de sus hijos y las malas calificaciones en la escuela.

20 años

La etapa del “hay todavía sorpresas”. Han estado oficialmente juntos lo suficiente para conocer de memoria los defectos del otro. No hay nada de qué sorprenderse…. ¿O sí? Por ejemplo, cuando preparo berenjena para la cena, me sorprendo siempre de que le gusten a mi marido. ¿O quizá las odia? No me acuerdo nunca. Entretanto, él sigue comprándome cosas de color café para Navidad (guantes cafés, carteras cafés) porque piensa que me gusta el café… pero no recuerdo que me haya gustado este color. Y los voy a cambiar por guantes rosas, o carteras rosas. El tema lo confunde… pero está bien así, podemos seguir sorprendiéndonos el uno al otro de esta forma.

25 años

La fase de los “grandes regalos”. Hasta este punto, para nuestro aniversario, me contentaba con una tarjeta de felicitación bonita y una cena fuera (o quizá una cena en casa). Pero 25 años de matrimonio… parecen requerir algo más sustancioso. Es necesario elevar el listón. ¡Pedir más! Quizá besos, abrazos, tiempo solos para charlar ininterrumpidamente (pero nada de disputas sobre las facturas de la calefacción). A los veinticinco años de matrimonio te das cuenta de que estos momentos tranquilos de afecto y calor son verdaderos regalos.

30 años

El hito del “hemos estado juntos más de lo que no lo hemos estado”. Podría dar una sensación extraña saber que la propia vida ha sido entrelazada con la de otra persona durante todo este tiempo. Son como dos plantas de la vid que han crecido juntas tanto tiempo que se han vuelto una única planta. Podría surgir un instante de crisis de identidad y de reflexión filosófica. ¿Quién soy? ¿Soy todavía un “yo” distinto? Pero luego hay que tirar la basura, hacer la compra para la cena, hacer la colada,… todas estas preguntas caen en el olvido. Y está bien, porque dos cabezas son realmente mejor que una.

35 años

Cuando te das cuenta de que “no funciona competir con los Jones”. Todos tus amigos de Facebook (o cualquier imperio de las redes sociales creará celos en tu futuro) se están divirtiendo mucho, celebrando los aniversarios en lugares exóticos, se miran el uno al otro soñando con ojos abiertos, declarando públicamente (y tediosamente) que han renovado su devoción mutua. ¿Por qué ustedes no se están divirtiendo de la misma manera? ¿Por qué la vida de sus amigos parece mejor que la de ustedes?

Y luego te acuerdas que sabes la verdad: un buen matrimonio es tal si las cosas buenas se llevan a cabo en privado. Como dijo una vez el cómico Henny Youngman, “el secreto de un matrimonio feliz permanece un secreto” (de cualquier manera, el 35º aniversario es tradicionalmente definido “de coral”. Nota futura para mi marido: yo llevaré al mío a las profundidades de las Antillas francesas, gracias. No veo la hora de publicar en Facebook una foto desde el Caribe).

40 años

Esta es la etapa del “si quisiera, el vestido del matrimonio me podría quedar bien todavía. Pero no quiero”. Digamos que los propios estándares se “relajan” (precisamente como los pantalones que llevas). La buena noticia es que no se llaman ya “stretch pants”, sino “pantalones de yoga” o “street tights”. Suena mucho más fino. Esto para convencerte de que llevas pantalones cómodos porque están de moda. No tiene nada que ver el hecho de que tú hayas ganado un par de kilos cada año de matrimonio. Y de todos modos, si gozan ambos de buena salud, no deben demostrar nada a nadie.

45 años

El aniversario del “¿Queeeeé?”. Habiendo alcanzado esta fase, uno de los dos no siente ya como antes. Pero no hace nada, porque ella sabe de todas formas lo que él va a decir. Y él ya conoce su respuesta. A veces es necesario sólo un ademán, un gesto o una mirada… y ya se ha dicho todo. Y, sin embargo, se adapta a todas las ocasiones el estribillo: “No se qué estás diciendo. No te oigo”.

50 años y más

El aniversario de los “mejores amigos”. Han pasado de todo. Han vivido días maravillosos y días tremendos y, sin embargo, aún tienen deseo de contarse el uno al otro su día. Cuando llegan a esta fase, se brinda por su amor y a su amistad especial. Ser los mejores amigos es un buen punto de llegada, porque, en el fondo… ¿no es precisamente de ahí que comenzaron?

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