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Los delincuentes no siempre tienen la última palabra, mira lo que pasó en Paraguay

Cargale-Vittorio Giardini-CC
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Descubre una historia de angustia y fe con una protagonista especial: la Virgen de Caacupé

Aquella noche de descanso representó un antes y un después en la vida de Enrique y su familia, radicada en la localidad paraguaya de Ñemby.

Un fuerte ruido en su vivienda lo sacudió y lo llevó a levantarse inmediatamente de la cama. Al abrir la puerta de su habitación se encontró con una situación totalmente estremecedora: dos sujetos armados.

Lo primero que hizo Enrique fue cerrar la puerta para ganar tiempo y que su esposa pudiera solicitar ayuda de emergencia al servicio policial. Fueron segundos eternos, los sujetos gritaban y golpeaban la puerta con vehemencia, pero la mujer logró llamar a una vecina, que rápidamente se puso en situación de respuesta.

La escena de terror tuvo en todo momento una protagonista invisible, pero fundamental, según quienes tuvieron que vivir tal situación: una imagen de la Virgen de Caacupé, patrona de Paraguay, que desde hace años acompaña los sueños de esta familia.

“La Virgen nos protegió. En ese momento (30 segundos eternos mientras Enrique trancaba la puerta), yo le rezaba y le pedía “que la vecina atienda el teléfono” y justo en el primer tono ya respondió. Le rogué que llamara a la policía”, expresó la esposa de Enrique al diario Crónica de Paraguay.

En ese momento los esfuerzos de Enrique por detener el avance de los delincuentes se desvanecieron, los vencieron y entraron a la habitación. Lo golpearon y a su esposa e hija las encerraron en el baño.

Durante ese lapso de tiempo, al no encontrar la suma de dinero deseada, los delincuentes lo siguieron golpeando hasta el punto de hacerlo chocar contra el mueble donde estaba la imagen de la Virgen.

“En ese momento el asaltante gatilla en cuatro oportunidades y el arma no funciona. Por un milagro no disparó. Luego cae al suelo la imagen y se rompe y en ese momento los delincuentes salen de la casa porque llegaba la Policía”, contó Enrique, a quien nadie le podrá quitar de la cabeza que permanece con vida de milagro.

Estas líneas podrían atrapar a cualquier amante de la crónica policial y de hecho fueron recogidas por los medios paraguayos el pasado 24 de noviembre por las características peculiares de los acontecimientos.

Pero también esbozan una dosis de esperanza que lo único que hacen es dejar entrever que no siempre la delincuencia tiene la última palabra aun en situaciones límites, y más cuando la fe está de por medio.

De momento, la imagen de la Virgen de Caacupé, que quedó destrozada, será reparada y recibirá un lugar más destacado en la casa de esta familia paraguaya.   

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