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Midnight Dinner – Tokyo Stories: En la noche tokiota

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A través de Netflix podemos disfrutar de la nueva temporada de esta serie japonesa de culto, basada en un premiado manga de Yaro Abe

Que, dentro de su política de producción de series autóctonas en los territorios en los que se ha desplegado, Netflix haya apostado por financiar una cuarta tanda de capítulos de la veterana Midnight Dinner, encaja, al menos en principio, con el interés de la compañía por formatos relacionados con el actual boom popular de la cocina televisiva, como prueba su emisión de Chef’s Table, Cooked o The Mind of a Chef.

Al fin y al cabo, cada capítulo de la serie, igual que el multipremiado manga de Yaro Abe en el que se inspira, gira en torno a la relación personal de un determinado personaje con algún plato típicamente japonés –y, muchas veces, desconocido para el público occidental, demostrando así la riqueza culinaria del país–, elaborado con gran mimo y un espléndido sentido de la estética por la cocinera que lleva encargándose de dicha tarea desde el capítulo uno, Nami Iijima, y que se obceca en que, además del aspecto, en la pantalla se respete temperatura, textura, cocción… Y sabor, claro.

Lo curioso es que, igual que el restaurante en el que se sitúa la acción, cuyo dueño, Maestro (Kaoru Kobayashi), abre de medianoche a las 7 de la mañana, Midnight Dinner se convirtió en una obra de culto al ser emitida por la cadena TBS-MBS a altas horas de la noche. Lo que le imprime un carácter distintivo, muy particular, y notablemente reflexivo a pesar de utilizar un formato de media hora, prácticamente duración de sitcom.

Y aun así, el equipo de directores encabezado por Joji Matsuoka –que también ha tomado las riendas de las dos adaptaciones cinematográficas que ha tenido la serie, Shinya Shokudo y Zoku Shinya Shokudo, solamente estrenadas en territorios orientales– logra retratar de forma muy modesta, y desde el minúsculo rincón de una gran ciudad como Tokio que supone el restaurante “de medianoche”, la idiosincrasia de la sociedad japonesa.

El espectador que descubra Midnight Dinner a través de su emisión en Netflix no será consciente de que la serie, a lo largo de sus tres anteriores temporadas –y sus saltos a la gran pantalla–, ha ido creando todo un amplísimo grupo de personajes habituales que acuden a comer al local de Maestro, y a través de los que, inspirándose en la obra original de Abe, ha ido trazando una especie de narración más amplia que la convierte casi en una especie de novela-río.

Y es que esos secundarios van entrecruzándose con las historias autoconclusivas que dan forma a la temporada, interaccionando con sus protagonistas y, a la vez, enriqueciendo el universo de la serie al dotarlo de cierta sensación orgánica, vitalista, así como de una irresistible cotidianidad.

Hay unas cuantas historias de amor en Midnight Dinner: Tokyo Stories –quizás la más hermosa sea la de “Tortilla con arroz”, en la que además, por primera vez en la serie, interviene una actriz coreana, Go Ah-sung–, pero, en general, lo que se abordan son relaciones personales antiguas, cargadas de melancolía y de cierta idealización de un pasado que jamás volverá, y que, acaban, casi invariablemente, impeliendo a sus protagonistas a seguir adelante, mirando más hacia el frente y un poco menos hacia atrás.

Un mensaje no sólo vitalista, sino que también aboga, desde lo individual, por hacer evolucionar una sociedad, la japonesa, que continúa demasiado obsesionada, de forma inevitablemente idiosincrásica, con sus tradiciones y con sus ancestros.

 

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cine
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