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¿Quieres darte una escapada? ¿Qué tal tu propia “celda” en este “Hotel para el alma”?

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Un hotel de lujo promete silencio monástico

“El principal idioma de Dios es el silencio”, dice el cardenal Robert Sarah en su último libro, La Force du silence [La fuerza del silencio: contra la dictadura del ruido]. “En mi último libro”, explicaba el cardenal en una entrevista reciente, “quise invitar a cristianos y a personas de buena fe a adentrarse en el silencio; sin el silencio, somos una ilusión. La única realidad que merece nuestra atención es Dios mismo, y Dios es silencioso. Él espera a nuestro silencio para revelar Su presencia”.

Un hotelero se ha tomado en serio esta noción de silencio y ha aprovechado esta profunda hambre surgida de nuestro caótico mundo.

Marcello Murzilli ha abierto un hotel nuevo de gama alta cerca de Orvieto, Italia, que da la vuelta por completo al concepto de lujo. Con el nombre de Eremito, el hotel pone énfasis en el silencio de una forma monástica: nada de wifi ni teléfonos ni televisión ni minibares.

Los huéspedes son invitados a la oración de la Liturgia de las Horas, a escuchar canto gregoriano o a dar largos paseos por la reserva natural de 7.500 acres de la propiedad.

Las habitaciones a menudo reciben el nombre de ‘celdas’ (celluzze), individuales, así que las parejas reservan dos. Las tarifas de las habitaciones no son monásticas, claro: los huéspedes de Eremito pagan un precio premium para encontrar la paz.

Murzilli no es ningún novato a la hora de innovar. Tras amasar su fortuna vendiendo los pantalones jeans El Charro, se pasó dos años en un barco tratando de averiguar cuál debía ser su próximo paso. Descubrió un lugar increíble en México donde procedió a construir un hotel desconectado de todo, el también denominado eco-resort: Hotelito Desconocido.

Estaba en la vanguardia de un nuevo tipo de complejos de lujo que algunos han denominado de “glamping” (de ‘camping glamuroso’), debido a la falta de comodidades como la electricidad, pero que compensa con una comida de cinco estrellas utilizando sólo productos orgánicos locales.

Murzilli hizo un esfuerzo impensable por proteger el entorno natural, llegando incluso a emplazar el frigorífico más próximo a cuatro kilómetros del hotel.

Murzilli terminó por vender el hotel mexicano con una lista de huéspedes repleta de estrellas y regresó a Italia para estar más cerca de la familia, donde se embarcaría en un nuevo proyecto: Eremito, Hotelito de l’Alma. “La primera vez que mis ojos vieron la ubicación, en Umbría”, explica Murzilli, “sentí que aquel era un lugar realmente único: los colores, la luz, el río brillante y las colinas totalmente cubiertas de árboles”.

Murzilli dedicó cuatro años a reconstruir meticulosamente una estructura ruinosa del siglo XIII. Usando una antigua forma de arte de albañilería italiana, Murzilli y su personal también emplearon la última tecnología para equilibrar eficiencia medioambiental y la belleza natural del lugar.

Los huéspedes pueden disfrutar de las ondulantes colinas, de una piscina interior climatizada cavada en roca natural, de una sala de vapor de piedra y de espléndidos jardines exteriores. Las sábanas y las fundas de edredones y almohadas están todas bordadas a mano.

Las comidas son todas vegetarianas, a partir de productos cultivados en la propiedad o en granjas ecológicas cercanas. Las comidas se sirven en silencio.

El hotel presume de una tecnología innovadora para crear electricidad durante el día, pero tras el anochecer, el hotel en su mayor parte se ilumina a la luz de las velas.

Así que, ¿a qué tipo de viajeros albergan? El hotel dice atraer a “viajeros solitarios” que buscan una “desintoxicación digital” y que esperan poder reconectar consigo mismo, con Dios y con los ritmos de la naturaleza y sus elementos; día y noche, aire, agua, tierra, fuego. Buscan “un lugar donde encontrar paz, armonía y silencio”.

El concepto para el hotel, explica Murzilli, surgió de su infancia. “Vengo de una gran familia de seis hermanos y hermanas y, aunque a menudo pasamos tiempos difíciles, nos las apañamos y éramos bastante felices. Por eso, aunque la vida ha sido más que generosa conmigo, a menudo siento la necesidad de volver a las cosas simples y esenciales, como las de mi infancia”.

Murzilli afirma que confía en que el hotel podrá ofrecer a las personas la oportunidad de encontrar unas nuevas formas (que en realidad son las formas antiguas), para regenerarse y “reconectar con las cosas que han desaparecido, algunas casi perdidas ya con el estilo de vida caótica de hoy en día”.

En Eremito, dice, “igual que con Hotelito en México, decidí ofrecer el mismo ‘lujo’ de antaño, de los días pasados, cuando las noches sólo recibían la luz de las velas y la luna”.

¿Y el silencio? Murzilli dice que lo único que interrumpe el silencio es el viento.

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