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Una corta caminata y una experiencia que recordará por el resto de su vida

(imagen ilustrativa) sharyn morrow-cc
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Para María fue una sorpresa divina… ¿Alguien se atreverá a contradecirla?

Una caminata de algunas cuadras es lo que separa a María Librada Dávalos de la parroquia Virgen del Carmen en Capiatá, Paraguay.  La caminata en cuestión forma parte de la rutina diaria de esta mujer y es semejante a lo que hacen tantos otros que dedican un tiempo en sus días para encontrar un momento de paz, oración y recogimiento en un templo religioso. Hasta aquí sin sorpresas.

Sin embargo, de repente, en un día y momento determinado, la rutina tuvo un giro inesperado y esta mujer paraguaya vivió experiencia que llevará grabada a fuego por el resto de sus días.

Al acercarse al pórtico de la iglesia le llamó la atención un bulto envuelto en una manta. Al agacharse y observar con mayor detenimiento decidió correr las telas. Fue ahí que vio, aunque incrédula aún por unos breves segundos, a una beba recién nacida que fue abandonada en el lugar.

Inmediatamente María se emocionó mucho y lo primero que hizo fue abrazarla para darle calor humano. Su propio testimonio, recogido por la prensa paraguaya, deja entrever que la primera sensación que percibió al tocar la beba fue la de un temblor y por eso la abrazó de inmediato. “Fue como si Dios la puso en mi camino”, expresó a los medios, tal cual reproduce Crónica de Paraguay.

“Vinimos para rezar y nos encontramos con esta hermosa criatura. Del susto no sabía qué hacer. Me agarró una impotencia, como puede haber una madre que abandona a su hijita así”, agregó.

Lo primero que hizo María luego del impacto generado por la sorpresa fue ponerse en contacto con la Policía, quien trasladó a la recién nacida a un hospital cercano y en donde se constató que no presentaba ningún problema de salud. El siguiente paso será continuar con la investigación para dar con el paradero de sus progenitores.

Para muchos, lo que sucedió fue algo circunstancial, pero a María nadie le podrá quitar de la cabeza que verdaderamente Dios le dio una sorpresa poniéndole a esta beba en su camino. Y gracias a la rápida reacción de María esta niña pudo ser controlada a la brevedad.

Aquella caminata no fue una más para María. Y este caso deja de manifiesto que para estas cosas no importa si la caminata es larga, corta o la misma de todos los días.

A la beba, los propios vecinos, junto a la protagonista de esta historia, le pusieron el nombre de María del Carmen, en honor al lugar y el barrio (Virgen del Carmen) donde fue encontrada, como no podía ser de otra manera. En este caso, ahora sí, sin sopresas. 

Foto ilustrativa

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