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Cuando las cataratas de Iguazú hablan

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Comprender la misericordia contemplando la naturaleza

Se detuvo a escucharlas. Quería agradecerles por tanta belleza. Se sintió renovada cuando llegó a la cima. Había recorrido ya más de 1.400 metros a pie, de 67.000 hectáreas que tiene el Parque Nacional Iguazú, ubicado en la provincia de misiones y el estado brasileño de Paraná, un lugar en el que confluyen las fronteras de tres países: Paraguay, Brasil y Argentina. Las cataratas de Iguazú intentaban decirle algo.

Se trata de una peruana que decidió postrarse a los pies del océano que tenía delante. La mujer, periodista de profesión, llegó a Asunción capital de Paraguay, para participar del encuentro que reúne a 200 comunicadores de Latinoamérica y el Caribe en el país miembro del Mercosur.

Ella había llegado un día antes de iniciarse el evento para reencontrarse con la naturaleza y la belleza de una reserva ecológica considerada patrimonio de la humanidad, un santuario natural con fauna y flora silvestre en el corazón de América.

Un periplo sin fin

El plan era alcanzar el punto más alto, pero llegó hasta donde le dieron las fuerzas. Tras cada decisión el tiempo le iba quedando corto, pero su espíritu se fue fortaleciendo.

Había hecho el viaje en bus por más de 5 horas desde Asunción, se desplazó a Misiones en Argentina, cruzó el puente que une a Brasil con este país, cuenta a Aleteia la entusiasta comunicadora.

El camino parecía no tener fin, narra esta mujer, quien se había propuesto poner en práctica el último mensaje de Francisco, emitido al mundo el 1 de setiembre, en el marco de las celebraciones por la “Jornada Mundial de Oración a favor del cuidado de la creación”.

Se preguntaba cómo llevar a la vida cotidiana la misericordia, sólo contemplando la naturaleza. ¿Qué se escondía en ella? Francisco sugiere además dar gracias por los bienes de la creación. Así que la periodista decidió hacerlo.

Comunicar para recuperar la sensibilidad

Por el camino ya había sorteado la exuberante vegetación, los frondosos helechos, las cañas de los bambúes, los curiosos troncos de las palmeras, los abismos adornados con musgos y un inquieto coatí, que andaba sólo por el lugar.

Decidió sentarse y comenzó a agradecer haber llegado hasta una de las 7 maravillas del mundo.

No basta con lo que podemos sentir, sino más bien con lo que podemos hacer, reflexiona el Papa. Los gestos de la misericordia parten de contemplar la naturaleza, para poner en práctica la defensa del medio ambiente con acciones concretas.

Así lo expresó durante el congreso el presidente del departamento de Comunicación y Prensa del CELAM, el obispo uruguayo Heriberto Bodeant.

“Si no logramos ser misericordiosos con los demás, no podremos comunicarla. Nadie puede poner en práctica la misericordia si antes no la ha experimentado en sí mismo. ¿Cómo dar algo que no has recibido?”, finalizó.

Además de haberse sentido tocada por la naturaleza, con las gotas de agua que cayeron en su rostro luego de aquel periplo sin fin. Las cataratas le habían hablado, habría que darle respuestas.

Cómo aprovechar los bienes de la naturaleza

La periodista iba comprendiendo cómo hacer cotidianos los gestos de misericordia. Le había costado subir cuesta arriba.

“Lo hice con la esperanza de ver la belleza de la naturaleza en todo su esplendor”, confiesa. Miles de miradas iban y venían en este lugar, pero sus ojos miraban diferente.

Ya en el evento inaugural del congreso halló respuesta a sus inquietudes al observar a un grupo de 60 adolescentes y jóvenes, quienes viven enamorados de la música, pero sin solvencia económica para adquirir sus instrumentos.

“Son mucho más caros que una casa”, afirma Noelia Ríos (16 años). Ella toca el violonchelo desde hace tres años en la ya famosa banda de música de Cateura. No es un violonchelo cualquiera, se trata de uno reciclado, fabricado por ellos mismos.

“Nuestros instrumentos son hechos a base de basura”. No resulta fácil obtener el sonido, pero ahora estas piezas tienen mucho más valor para nosotros, que los nuevos que alguna vez soñamos comprar”, reflexiona la joven que vive en los alrededores de Cateura en Paraguay.

María José Centurión, parte de la organización del evento, finalizó el primer día del Congreso reconociendo a la comunicación como un espacio principal para el encuentro que involucra al otro, al promover el desarrollo de una democracia participativa.


Fotos: Esther Núñez Balbín

 

 

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