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Papa Francisco promueve a obispo con “olor a calle”

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Donald Joseph Bolen ha vivido entre indigentes

El papa Francisco ha pedido a sus sacerdotes que tengan «olor a oveja». Donald Joseph Bolen, de 56 años, canadiense, se lo ha tomado en serio. El prelado durante 36 horas calzó los zapatos de un mendigo. Pidió de comer en las calles. Buscó una ducha para lavarse, medicinas y un catre en un dormitorio público. Su proclama: seguir trabajando por los pobres y la integración de los indigentes de su país.

La reforma de la Iglesia emprendida por el papa Francisco está andando en la dirección de mejorar el procedimiento para el nombramiento de nuevos obispos. En este sentido se cuenta el último nombramiento en Canadá.

El Obispo de Roma nombró este lunes 11 de julio al joven prelado, Bolen, comprometido en ayudar y apoyar a los sin techo de la Saskatoon, su diócesis desde 2009, en una ciudad canadiense de 200 mil almas.

Un clima polar en invierno y un verano tórrido no facilitan la vida de las personas que viven en la calle.

Coherente con su misión, el obispo vestido de jeans viejos, saco y casaca remendada en Cáritas, salió por las calles a fraternizar con las personas que lo han perdido todo.

“He entendido muchas cosas”, reveló al señalar la secuela franciscana de su decisión.

San Francisco de Asís, el santo pobre creía que «la verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos”.

En fin, un obispo de calle, un sacerdote al estilo de las Villas de Buenos Aires. Un pastor que más allá de «oler a oveja», también tiene “olor a calle” (que despide hedor, es molesto, enfadoso, insufrible, sucio y a veces repugnante), totalmente lejos del solo perfume del incienso.

Un dejarse sorprender por la realidad, que es más amplia que el concepto «una Iglesia pobre y para los pobres», un intento concreto de cercanía hacia quien sufre y le falta todo.

En una entrevista al canal de televisión inglesa de Radio Vaticano, Bolen aseguró, después de enterarse del nombramiento como arzobispo de Regina, que seguirá “sirviendo a los que viven al margen y en las periferias”.

El nuevo arzobispo insistió en que dará una particular atención a las poblaciones indígenas: “Trataré de caminar con ellos, aprendiendo de ellos y en diálogo”.

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Nueva onda de obispos «de calle» queridos por el Pontífice

La revolución de Francisco es silenciosa como el bien. Poco a poco las diócesis se van renovando. Los obispos que cumplen 75 años dejan su lugar a obispos más cercanos al perfil de «pastores» que al de «príncipes».

En Italia, el nombramiento de Nunzio Galantino, hoy presidente de la potente Conferencia Episcopal Italiana, sorprendió a muchos. Se hace llamar «padre Galantino», y no le gusta que se le llame monseñor.

Galantino, desde Jonio, una ciudad de provincia, periferia,  fue catapultado por papa Francisco a desempeñar un papel clave, antes destinado a prelados de grandes ciudades italianas: Venecia, Génova o Roma, etc.

Así, el nombramiento del arzobispo de Palermo, Corrado Larefice, ciudad golpeada por decenios por la mafia, profeso seguidor de una pastoral por y para los pobres, antes era un simple párroco.

La nueva onda de obispos «de calle» queridos por el Pontífice, forma parte del proceso de mejora de los nombramientos que está siendo debatido con regularidad por el C9 (el grupo querido por el Papa constituido por cardenales que lo asesoran en la reforma).

De hecho, entre los selectos cardenales que acompañan al Papa en este discernimiento está también, fuera del coro, el obispo de una periferia del Lazio, el secretario del C9, Marcello Semeraro, obispo de Albano.

La preocupación de papa Francisco es dejar clara la figura adecuada del Obispo para el mundo de hoy y cuáles pueden ser los requisitos, y por ello, “cuáles pueden ser las cuestiones sobre las cuales estar atentos en la búsqueda de candidatos”, como ya lo había referido Lombardi sobre el trabajo en marcha.

En España y América Latina se cuentan otros nombramientos que apuntan a la selección de candidatos que asimilen el cambio de los tiempos. Allí se enmarca el nombramiento de Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, pastor de puertas abiertas.

Fidel Herráez Vegas, nuevo arzobispo de Burgos, después de recibir el palio en Roma por mano de Francisco al final de junio, prosiguió su labor en su diócesis reuniéndose en privado con los sacerdotes, uno por uno, visitando enfermos, celebrando y escuchando los fieles en las parroquias.

Juan José Omella, arzobispo de Barcelona también nombrado por Francisco, viaja en el metro, es un pastor sencillo, cuentan algunos conocidos, fue consiliario de Manos Unidas, comprometido en erradicar el hambre en el mundo, asimismo el Papa lo puso en una congregación cuando aún no era muy conocido.

En México, creó cardenal a Alberto Suárez Inda, de 77 años, que sostiene el papel del sacerdote como «un hombre que descubra a cada niño, a cada joven, el ideal de vivir como discípulo de Jesús». Igualmente, se suma el nombramiento reciente de José Hiraís Acosta Beltrán como nuevo obispo de Huejutla.

Más al sur, están el nombramiento del obispo de Libano-Honda (Colombia) José Luis Henao Cadavid, y el de José Melitón Chávez como nuevo Obispo de Añatuya (Argentina).

También, el nombramiento del primer cardenal haitiano, Chibly Langlois, 55 años, es otro signo de estos cambios de una visión de periferia hacia el centro.

“Muchos en mi país se preguntaban por qué nunca habíamos tenido un cardenal. Es verdad que estamos lejos y somos pequeños, pero siempre decía, habrá que esperar el momento… y ese momento ha llegado”, dijo entrevistado por Zenit.

En fin, este es el «hospital de campaña» que necesita mano de obra humilde y servicial, no superiores amañados en poltronas de oropel detrás de escritorios y con carro de servicio último modelo. Palabra de papa Francisco. De hecho, los nombramientos dejan huella de transformación silente y constante.

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