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Yoga: cuando se pasa del ejercicio a la espiritualidad

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El Día Internacional del Yoga constituye una gran plataforma de difusión de esta práctica. Pero... ¿hasta dónde es algo asumible?

El 21 de junio de 2016 se celebra por segunda vez en la historia el Día Internacional del Yoga, una efeméride propuesta por la ONU el año pasado con este nombre (aunque en los medios hispanohablantes lo llamen “Mundial”) y que crece a pasos agigantados a nivel internacional. Los medios de comunicación reflejan estos días cómo miles de localidades, desde las ciudades más grandes hasta pueblos más modestos, organizan actividades en torno al yoga. Actividades en lugares públicos y al aire libre, generalmente, para acercar esta práctica oriental a toda la población.

El año pasado en otro artículo publicado en Aleteia (El Día Internacional del Yoga: ¿simplemente yoga… o algo más?) alertábamos sobre el uso que estaban haciendo diversas sectas y grupos del entorno de la Nueva Era para publicitarse y hacer proselitismo en esta fecha. Muchas administraciones públicas y otras entidades sociales buscan alguien que “se dedique” a esto para cumplir con la fecha, y los grupos sectarios aprovechan la ocasión.

No vamos a repetir lo dicho en aquel artículo, que sigue plenamente de actualidad, y recomendamos su lectura. Ni tampoco entraremos en la cuestión, también abordada el año pasado, de la compatibilidad con la fe cristiana, según el Magisterio de la Iglesia (véase ¿Qué dice la Iglesia sobre el yoga?). Aquí nos fijaremos en algo de fondo, en la línea de este último artículo citado, al hilo de diversos reportajes y entrevistas que se han publicado en torno a la celebración del Día Internacional del Yoga: ¿el yoga es sólo ejercicio físico? ¿Es espiritualidad? ¿De qué hablamos?

La ONU lo afirma: es una disciplina espiritual

En su mensaje para el Día Internacional del Yoga de eeste año, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, afirma que “la palabra ‘yoga’ viene del sánscrito y significa unión, o conexión, simbolizando la unión del cuerpo y la mente”. Es cierto: yoga significa “unión”. Pero la unión de todo, no sólo de lo físico y lo psíquico en el hombre. Es también la fusión de lo humano y lo divino.

Una segunda lectura de su mensaje nos hace caer en la cuenta de que este representante mundial no pretende esconder la parte “religiosa” del tema, ya que las primeras palabras de su escrito son éstas: “el yoga es una antigua disciplina física, mental y espiritual que se originó en la India y que ahora se practica en diversas formas en todo el mundo”.

Lo que dice una reciente encuesta

Y no sólo sucede esto en la teoría, sino que la vivencia de las personas que practican el yoga apunta a que se trata de algo más que un simple ejercicio. En el número de junio de 2016 del Journal of Health Psychology ha aparecido un interesante artículo en el que varios investigadores de la Universidad de Connecticut (EE.UU.) han abordado las razones por las que la gente se inicia en el yoga y permanece después en su práctica.

En una encuesta a nivel nacional, los autores han estudiado a 360 estudiantes de yoga y a 156 maestros. Unos y otros habían participado al menos en cinco sesiones de yoga en los últimos tres meses. A todos, varones y mujeres, se les hizo una doble pregunta: por qué comenzaron a practicar yoga, y si sus motivaciones habían cambiado con el tiempo.

Los investigadores de Connecticut llegan a concluir en cuanto al inicio en el yoga que “tanto los estudiantes como los maestros adoptaron la práctica del yoga primeramente para hacer ejercicio y reducir el estrés, aunque señalaron otras muchas razones que incluyen la flexibilidad, ponerse en forma y reducir la depresión o la ansiedad”.

Por otra parte, si pasamos a la permanencia en el yoga, “sobre el 62 por ciento de los estudiantes y el 85 por ciento de los maestros informaron de que habían cambiado su razón primaria para practicar o que habían descubierto otras razones; para ambos, la razón primaria que más había cambiado era la espiritualidad”.

La conclusión, entonces, es que “los hallazgos sugieren que la mayoría se inicia en la práctica del yoga para hacer ejercicio y reducir el estrés, pero para muchos la espiritualidad se convierte en la razón principal para mantener la práctica”.

Testimonios de todo el mundo

El repaso a los medios de comunicación nos hace ver que en torno al Día Internacional del Yoga no sólo se publicitan programas de actividades –que, en algunas ocasiones, van mucho más allá de la simple práctica del yoga–, sino que también se aprovecha la ocasión para servir como altavoces de los maestros que difunden el yoga como un ejercicio espiritual que pretende abarcar la totalidad de la persona.

Así sucede, por ejemplo, con María del Carmen Palomo, maestra de yoga en Venezuela y El Salvador y fundadora de varios centros. En una entrevista se encarga de dejar bien claro que “esto no tiene nada que ver con la religión, no es parte de una, simplemente es la unión del cuerpo y la mente a través de la respiración”. Pero poco después afirma que esta práctica “me hace muchísima falta. El día que no lo hago no se acaba el mundo pero el yoga me llena de energía, de tranquilidad y de serenidad”.

En Argentina, la maestra Amrit Dev Kaur, especialista en “kundalini yoga”, explica así su propio aspecto personal: “el turbante representa votos profundos que tomamos para ser personas que guían a nuestra comunidad. El blanco ayuda a los resultados de la meditación que hacemos, aumenta el aura y el campo electromagnético”.

Esta gurú dice que el objetivo del yoga, que se hace trabajando sobre el templo que es el cuerpo, es “unirnos con el Uno, con la divinidad”. Aunque insiste en aclarar que “yoga no es una religión”, después afirma que “el yoga puede ayudar a conectar en un camino personal hacia esta divinidad, conectarte con el alma”. Yendo más allá en lo doctrinal, plantea que “tenemos un destino y en cada encarnación tenemos la posibilidad de llegar a este destino. En yoga es ser unido con el infinito, literalmente ser iluminado”.

Yendo a España, la organizadora del Día Internacional del Yoga en Barcelona, Verónica Noli, confiesa en una entrevista periodística que el yogui (practicante de yoga) es la persona que decide “llevar un estilo de vida determinado, es más que hacer ejercicio físico. Es cumplir un código ético de comportamiento como no hacer daño a nadie y, dentro de eso, está el ser vegetariano o vegano. Si tú practicas la parte física del yoga y después tomas alcohol o fumas, actúas en contra de los valores de la disciplina”. Queda claro que es mucho más que simple gimnasia.

Religión sin religión

Los malabarismos lingüísticos de la publicidad del Día Internacional del Yoga, que pone todos los esfuerzos en convencer hasta al más escéptico de que se trata de algo meramente físico o, como mucho, “espiritual, pero no religioso”, como está ahora tan de moda, no logran que dejen de escaparse afirmaciones como las que acabamos de repasar.

Las noticias más comunes y la propaganda de las actividades yóguicas de estos días nos ofrecen muchos ejemplos: se habla de rituales, celebraciones llenas de simbolismos más allá del reto físico, saludos al sol que potencian el flujo de energía y la conexión entre todos los participantes, números determinados (místicos) de ejercicios o posturas, cadenas de oración, ceremonias védicas, formación sobre medicina ayurvédica, conferencias sobre la reencarnación y el karma, conciertos de cuencos tibetanos, baños de gong, ritos hindúes, talleres de reiki, sanación del alma, elevación de la vibración de una ciudad para proyectarla a todo el planeta… y hasta sesiones de abrazos a los árboles.

Para terminar, está claro teóricamente que es posible un yoga despojado de todo elemento de cosmovisión, filosofía o espiritualidad oriental. Algo que sería asumible por cualquier persona, tenga las convicciones que tenga. Pero la realidad, de la que hemos tomado una muestra aquí, parece demostrar que cada vez es más difícil. Y mucha atención: gran cantidad de grupos sectarios se cuelan por aquí. Basta con mirar las programaciones.

 

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