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Vincent van Gogh y la búsqueda del hogar

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Famosas pinturas de la habitación del artista sugieren un deseo universal

Yo me mudé de casa 10 veces en 10 años, entre mis 20 y 30 años. Vine a Chicago para trabajar, y mi primer apartamento fue un flat, que compartía con una colega. Pero, después de seis meses, ella se mudó de vuelta a Ohio, para ayudar a su madre enferma. Yo no podía pagar el alquiler sola, así que fui a vivir con una amiga del trabajo.

Después de un año, más o menos, esa amiga se casó, y tuve que compartir el apartamento con otra colega. Esas andanzas continuaron durante una década, incluyendo una estancia de nueve meses en Colorado y vuelta a Chicago.

Superficialmente, mis razones para tanto cambio eran todas razonables. Pero en el fondo yo sabía que estaba buscando mi lugar en esta tierra y un lugar al que llamar mi hogar.

Habitación de un artista

Recientemente, una exposición en el Instituto de Arte de Chicago me hizo recordar mi propia búsqueda todos estos años atrás. Vincent van Gogh – pintor holandés famoso por cortarse su propia oreja – es mi alma gemela cuando se trata de mudanzas. Solo que él me derrotó: se mudó 37 veces en muchos años.

Muchas pinturas famosas de Van Gogh fueron impresas en las tazas de café y cuadros que estudiantes universitarios colgaban en las paredes de sus dormitorios: La Noche Estrellada, Girasoles, Lirios.

La exposición en el Instituto de Arte exploraba una serie menos conocida de pinturas que él creó del cuarto de una casa amarilla que alquiló en Arles, Francia, en 1888 y 1889. Cuando Van Gogh terminó el primer cuadro de su habitación, le gustó tanto que escribió a su hermano, Theo – un marchante de arte – afirmando que se trataba de una de sus mejores pinturas.

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Pero una inundación en la casa dañó el cuadro, así que Van Gogh decidió hacer una copia del mismo, y después pintó otra copia como regalo para su madre y para su hermana.

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Las pinturas de la serie La Habitación son todas un poco diferentes. El cuarto acogedor incluye una silla sencilla, una cama, pinturas en la pared, un jarro de agua, una ventana. No es difícil entender cómo Van Gogh podría encontrar consuelo allí. En una carta a su hermano, escribió sobre la casa amarilla que había finalmente encontrado un lugar “donde pudiese vivir, pensar y respirar”.

Pero el cuarto evoca mucho más que el refugio de un artista. Representa, por lo menos para mi, un símbolo de lo que todos estamos esperando.

De misionero a artista

Van Gogh era el hijo mayor de un pastor de la Iglesia Reformada Holandesa. Estudió teología y estaba siguiendo el camino de su padre en el ministerio. Cuando fue rechazado en su examen de admisión al seminario, hizo un curso de tres meses en una escuela misionera y después asumió un cargo misionero en la región minera del carbón en Bélgica.

Self Portrait, 1889 (oil on canvas)
Getty Images/Art Images
Self Portrait, 1889 (oil on canvas)

La familia de Van Gogh era rica, pero él se identificó más con los trabajadores en los campos y con los mineros del carbón. Su congregación en Bélgica era pobre – y Van Gogh desistió de sus alojamientos confortables para ser un hombre sin techo que vivía en una cabaña, durmiendo en la paja. Las autoridades de su iglesia le expulsaron por “causar prejuicios a la dignidad del sacerdocio”.

Desilusionado con la iglesia (no es sorprendente), empezó a concentrarse cada vez más en su arte. Para su hermano, escribió: “Muchas veces siento nostalgia de casa”. Van Gogh parecía traducir su celo espiritual para vislumbrar lo divino en su arte. Podría identificarse con Victor Hugo, que dijo: “Las religiones pasan, pero Dios permanece”.

En vez de pintar escenas religiosas obvias, Van Gogh retrató lo divino en sus pinturas de estrellas, en cosechadores de patata, prostitutas, niños, la naturaleza, el sol. Escribió en una se sus cartas a Theo: “Es bueno seguir creyendo que todo es más milagroso de lo que se puede comprender, eso es verdad; es bueno mantenerse sensible y humilde y tierno de corazón… Pues lo que se puede aprender es mejor que lo que Dios ha dado por naturaleza a cada alma humana”.

La siembra, 1888. Van Gogh Museum, Amsterdam
La siembra, 1888. Van Gogh Museum, Amsterdam

Van Gogh buscó “encontrar una manera, a través del arte, de enseñar las verdades espirituales a las personas, con el fin de consolarlas”, afirma Naomi Margolis Maurer, autora de The Pursuit of Spiritual Wisdom: The Thought and Art of Vincent van Gogh and Paul Gauguin, en una entrevista para Los Angeles Times. “El cree en una religión que enseña a las personas a tener reverencia y temor a la creación, y a tener compasión y sentimientos de caridad y solidaridad con las personas que sufren”.

Nostalgia de un verdadero hogar

La inquieta búsqueda de Van Gogh de un hogar le llevó a 24 ciudades. En la mayoría de las veces, era un huésped, dependiente de la hospitalidad de amigos o familia. Cuando finalmente, en 1888, se estableció en Arles, Francia, en la casa amarilla, sintió que finalmente había encontrado su propia casa. Muchos de sus cuadros más famosos fueron pintados durante el tiempo que vivió allí.

Pero su satisfacción no duró mucho. Van Gogh luchó contra una enfermedad mental la mayor parte de su vida adulta – muchos especialistas creen que sufría de epilepsia y posiblemente de trastorno bipolar. Sus vecinos en Arles quedaron perturbados con su comportamiento, incluyendo, naturalmente, el incidente en que se cortó la oreja.

Van Gogh fue admitido en un asilo en la cercana ciudad de Saint-Remy, donde siguió pintando, como La Noche Estrellada y La Puerta de la Eternidad. Después de salir del asilo, se mudó al norte de París. Pero su salud mental siguió deteriorándose. El año siguiente, atentó contra su propia vida con un disparo en el pecho, muriendo pocos días después. Tenía solo 37 años de edad.

Noche Estrellada. Museo de Arte Moderno, Nueva York
Noche Estrellada. Museo de Arte Moderno, Nueva York

“Felizmente, mi propia búsqueda nómada de una casa terminó mejor que la de Van Gogh. Después de una década buscando un lugar donde quedarme, finalmente terminé en un apartamento en el último piso de un edificio, y me quedé cinco años allí. Después tuve la suerte de comprar mi propio apartamento, donde viví 11 años, me casé y adopté una niña. Ahora mi marido, mi hija y yo estamos pensando en mudarnos a una casa más grande, “donde yo pueda vivir, pensar y respirar”. Pero, como mi marido me recuerda, una casa nueva ¿realmente puede satisfacer un deseo que sólo Dios puede llenar?

Tal vez C. S. Lewis describa mejor la sensación: “Si nos encontramos con un deseo que nada en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fuimos hechos para otro mundo”.

Así que salí del Instituto de Arte ese día brillante, soleado, percibí que Van Gogh estaba en la búsqueda de “otro mundo”, y que la mejor aproximación de ese otro mundo que él encontró durante su corto período de tiempo en la Tierra era el cuarto sencillo en Arles donde vivió un breve tiempo de calma de una vida turbulenta y cuestionadora.

 

 

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