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Jarlan y Dubois, dos curas cercanos a los más indefensos

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Nombran monumento histórico la casa parroquial que habitaron en Chile

«André Jarlan y Pierre Dubois fueron dos hombres de Dios. Hermanos que sirvieron a la comunidad cristiana en un momento muy difícil. Ellos encarnaron lo que Jesús predica en el Evangelio: la cercanía con el pobre que sufre violencia», expresó el arzobispo de Santiago de Chile, el cardenal Ricardo Ezzati.

La fecha clave fue el 4 de setiembre del año 1984, día que una bala policial atravesó los muros de la casa parroquial del poblado chileno La Victoria y que dejó como consecuencia la muerte del sacerdote francés André Jarlan, recuerda la agencia ANSA.

Ese día se llevaba a cabo una jornada de protesta contra la dictadura de Augusto Pinochet.

Junto a Jarlan vivía otro sacerdote, también francés, y párroco de La Victoria, el padre Pierre Dubois. En cuanto a éste -que llegó a Chile en la década del 60 vinculado al Movimiento Obrero de Acción Católica y a la Juventud Obrera Católica- uno de sus gestos más recordados fue haberse arrodillado frente a un tanque del Ejército para impedir el ingreso a La Victoria y así evitar la violencia.

Dubois fue expulsado de Chile en 1986 y regresó en el año 1990 con síntomas de la enfermedad de Parkinson, prosigue ANSA. A Dubois se le otorgó la nacionalidad chilena por gracia a través de un proyecto de ley especial debido a su trabajo en zonas marginales del Gran Santiago.

Este sacerdote murió en el año 2012 en su amado pueblo La Victoria y su funeral se realizó en la Catedral de Santiago de Chile en una ceremonia oficiada por Ezzati. La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que en aquel momento cumplía su primer mandato, expresó en aquel momento que Dubois se “levantó como un símbolo de la no violencia y de la protección de los indefensos”.

Recientemente, la casa parroquial donde habitaron estos sacerdotes fue declarada monumento histórico y en la ceremonia estuvo presente, además de Ezzati, la autoridad local a través del intendente Claudio Orrego y vecinos de La Victoria.

Venerados en la Victoria

Estos sacerdotes dejaron su huella en el pueblo chileno La Victoria y algunos los recuerdan con entusiasmo por su trabajo comprometido con los más necesitados.

“Fueron personas que realmente se identificaron con nosotros en una población maltratada.  Vivimos juntos el tiempo de dictadura, donde fuimos bombardeados, allanados, golpeados, encarcelados y asesinados. Ellos vivieron eso. El Pierre andaba con nosotros en la calle, pidiéndonos que no nos desbandáramos, que peleáramos por nuestros derechos, pero sin violencia, no haciendo lo que ellos nos hacían a nosotros. Nos hicieron vivir de otra forma, nos sacaron lo bueno de dentro de la población para poder luchar», expresó a ANSA Rossana Valdivia, integrante de su comunidad y con más de 50 años en el lugar.

«Ambos se transformaron en pobladores. La mano de Dios estuvo firme acá porque ellos eran hombres del Evangelio. Y claro, a quienes defienden los derechos de los pobres los tratan de rojos. Pero el derecho de los pobres viene de Jesucristo. Él defendió a los pobres desde el principio, de hecho fue nazareno”, indicó Margarita Caldera, pobladora de La Victoria.

“La sangre de Jarlan es para mí una revelación del sacrificio del inocente en un momento donde la maldad pura estaba en La Victoria. Hombres poderosos se sentían con derecho de matar al poblador», sentenció.

Finalmente, Lina Brisso, otra integrante de la comunidad parroquial Nuestra Señora de La Victoria, había dado su testimonio y parecer, luego de la muerte de Dubois, sobre estos sacerdotes en una carta difundida por la Iglesia de Santiago de Chile.

“El padre Pierre fue increíble, arriesgó su vida, desafió toques de queda, estados de sitio, por salvar vidas (…) Con nosotros, en La Victoria sufrió mucho, hasta las lágrimas, siendo lo más terrible el asesinato de su hermano sacerdote, André Jarlán, a quien siempre cuidó y protegió mucho. Fue el golpe más cruel que recibió: que le mataran a su querido compañero».

“Es un verdadero Apóstol de los Trabajadores. Lamentablemente las enfermedades lo han disminuido físicamente, su cuerpo, aún así, sigue adelante con su tarea evangelizadora. Hace poco más de un año ha vuelto a la Victoria. En su casa hay espacio para todos. Todos son bienvenidos y son la alegría del padre Pierre. Hay tanto que contar de este hombre sencillo, francés de nacimiento y chileno por adopción, pero por sobretodo, resalta en él su fidelidad a Dios y al Evangelio y la entrega de su vida por el hermano”, concluyó Brisso.

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