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México: Llámenlos de otra forma, pero no “matrimonio”

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“Bodas igualitarias”, “convivencias maritales”, “uniones en sociedad conyugal”, “sociedades en convivencia”…

Las críticas a los obispos mexicanos que se han opuesto a la anunciada modificación del artículo 4º de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, y así equiparar las uniones entre personas del mismo sexo con el matrimonio formado por una mujer y un hombre, han motivado que algunos de ellos, como el obispo de San Cristóbal de las Casas, monseñor Felipe Arizmendi, salgan a la luz pública.

La iniciativa de Ley será turnado por el presidente de México, Enrique Peña Nieto, a la Cámara de Diputados en donde, piensa monseñor Arizmendi, seguramente será aprobada, toda vez que la mayoría recae en el mismo partido político del presidente Peña: el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

“La mayoría del pueblo mexicano es creyente en la Palabra de Dios, la que no admite ese tipo de relaciones. Los diputados y senadores son delegados del pueblo. ¿Lo toman en cuenta para legislar, o sólo en las elecciones?”, se pregunta el prelado mexicano en una reflexión reciente.

Publicada en varios medios de comunicación en México, la reflexión del obispo de San Cristóbal es válida para muchos otros pueblos de América Latina, en donde las imposiciones del llamado lobby gay están siendo acatadas por los mandatarios y los cuerpos legislativos.

Haciendo énfasis en el tema de legalidad versus justicia, monseñor Arizmendi recuerda que se debe enfocar la discusión en el derecho de los niños (puesto que si se reconoce el matrimonio homosexual, ha dicho la Suprema Corte de Justicia de México, se debe reconocer el “derecho” de las parejas del mismo sexo a adoptar).

No es discriminación

“Los niños, para crecer integralmente sanos en esta sociedad, necesitan la figura masculina y femenina. Ese es un derecho de los niños, no una discriminación a los homosexuales. Eso no es homofobia; es respeto a la naturaleza humana. Eso no es cuestión de creencias; eso es antropología, psicología y sociología”, subraya monseñor Arizmendi.

Tras señalar, junto con el Papa Francisco, que la ideología de género niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer, el prelado mexicano indica que el “matrimonio” homosexual no es la salida, que se pueden encontrar otras formas legales para proteger los derechos de las minorías, sin vulnerar la naturaleza de la familia. Si dos personas del mismo sexo quieren cohabitar sexualmente, son libres de hacerlo, aunque moralmente no sea bien aceptado”, reafirma monseñor Arizmendi.

Finalmente, pide que a estas uniones se les llame “bodas igualitarias”, “convivencias maritales”, “uniones en sociedad conyugal”, “sociedades en convivencia”, o de otra forma, pero no “matrimonios”, pues no lo son. “Proteger derechos de los llamados gay a compartir sus bienes y asegurar herencias, se puede lograr con un simple convenio entre personas, de cualquier sexo”, terminó proponiendo el obispo de San Cristóbal de las Casas.

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